Investigadores Revelan Cómo Monumentos de 7.000 Años en el Sur de Arabia Ayudaron a Pastores a Mantener Vínculos Sociales en Medio de la Desertificación.
En el sur de Arabia, una nueva investigación reveló detalles sorprendentes sobre la forma en que antiguos pastores adaptaron sus prácticas de construcción de monumentos durante miles de años.
Basado en un estudio publicado en la revista PLOS One, arqueólogos analizaron 371 monumentos de piedra en la región de Dhofar, en Omán, descubriendo cómo estas estructuras reflejaban la resiliencia humana frente a los cambios ambientales y sociales.
Adaptación a los Cambios Climáticos
Hace 7.000 años, el sur de Arabia era muy diferente de hoy. Durante el Período Húmedo del Holoceno, la región recibía más lluvias y podía sustentar grandes grupos de personas y sus rebaños. Los primeros monumentos datan de 7.500 a 6.200 años antes del presente. En esa época, las condiciones permitían grandes reuniones, y los monumentos se construían en un único episodio por grupos numerosos.
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Sin embargo, a medida que el clima se volvió cada vez más seco, la región se transformó en un desierto. Los grandes agrupamientos humanos se dispersaron, y los monumentos comenzaron a ser construidos por pequeños grupos en varias etapas, a menudo a lo largo de años.
Tecnología Flexible y Resiliencia Social
Según la principal autora del estudio, Joy McCorriston, profesora de antropología en la Universidad Estatal de Ohio, los monumentos demuestran la flexibilidad tecnológica de esos pastores del desierto. Aún frente a los cambios climáticos, el papel de los monumentos como símbolo de identidad social permaneció constante.
“Estos monumentos son hitos de la pertenencia social humana”, afirmó McCorriston. “A medida que estos grupos se volvieron más pequeños y se dispersaron por el desierto, las interacciones de las personas con los monumentos consolidaban un sentido de pertenencia a una sociedad más grande.”
Una Visión Amplia de Miles de Años
Diferente de investigaciones anteriores, que analizaban solo períodos o lugares específicos, la nueva investigación presentó una visión holística, conectando los cambios en los monumentos con las transformaciones en la vida de las personas a lo largo de milenios.
El modelo desarrollado por los investigadores puede incluso ser adaptado para estudiar la resiliencia social en otras regiones, como el Sahara, Mongolia o los altos Andes.
El Peso de las Piedras Cuenta la Historia
Uno de los aspectos centrales del estudio fue el análisis del volumen y del tamaño de las piedras utilizadas en la construcción. En los primeros monumentos neolíticos, las plataformas contenían piedras grandes, exigiendo un trabajo colectivo significativo. De acuerdo con McCorriston, para levantar esas piedras, se necesitarían al menos siete hombres fuertes. Como estos monumentos eran erigidos en un único evento, solo podían construirse en una época en que grandes grupos podían reunirse.
Además, estos grandes monumentos servían como lugares de encuentro. Durante estas reuniones, las comunidades podían reunir sus rebaños, realizar sacrificios de animales y promover festividades, fortaleciendo los vínculos sociales y culturales.
Transformación para Grupos Más Pequeños
Con la progresiva desertificación, los grandes encuentros se volvieron inviables. Los grupos comenzaron a desplazarse constantemente, en busca de agua y pastos para los animales. Aún así, la tradición de construir monumentos continuó, adaptándose a la nueva realidad.
En esta fase, los monumentos se hicieron más pequeños, utilizando piedras de dimensiones más modestos. Aún se construían en un único episodio, principalmente para sepultamientos, pero con una escala reducida, reflejando la disminución de los grupos de trabajo disponibles.
Los Trilitos Acretivos Ganaron Espacio
Con el agravamiento de la aridez, los monumentos de adición se volvieron más comunes. Diferente de las construcciones únicas del pasado, estas estructuras se erguían de forma gradual, en varias etapas a lo largo de muchos años. Un ejemplo de este tipo son los trilitos acretivos, caracterizados por volúmenes menores de piedra y pocas piedras grandes.
Estas construcciones permitieron que los pastores continuaran fortaleciendo sus lazos sociales, a pesar de las limitaciones impuestas por el ambiente. Cada nueva visita al monumento representaba una oportunidad para añadir una nueva capa a la estructura, manteniendo viva la conexión con la comunidad.
Monumentos Como Registros Sociales
Según McCorriston, estos monumentos funcionaban como puntos de memoria. “Ellos llegan a un monumento y añaden su parte, que es un elemento replicado del todo. Esto ayudó a las personas a mantener una comunidad, incluso con aquellos que rara vez ven”, explicó.
Aunque no es posible determinar exactamente los mensajes transmitidos por estos monumentos, queda claro que llevaban significados comprendidos por las personas que compartían el mismo contexto cultural. Además, algunas de estas estructuras pueden haber servido como indicadores de información ambiental importante, que serían útiles para otros grupos en el futuro.
Información Ambiental y Redes Sociales
Los monumentos pueden haber señalado condiciones locales cruciales. “Las personas necesitaban saber si llovió aquí el año pasado, si las cabras comieron toda la hierba, si los pastores utilizaron esta tecnología para ayudar a absorber el riesgo de estar en un ambiente inherentemente variable y arriesgado”, dijo McCorriston.
Además, estas comunidades dependían de sus redes sociales para intercambiar recursos valiosos. Los intercambios involucraban no solo ganado, sino también parejas de matrimonio y materiales raros, como conchas, cornalina, ágata y metal.
El trabajo destaca cómo los monumentos desempeñaron un papel esencial en la preservación de las conexiones sociales en un mundo en constante transformación. “Nuestro modelo destaca la dependencia de los monumentos para preservar conexiones y adaptarse socialmente a un mundo en transformación”, concluyó McCorriston.

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