Campbell Remess quería llevar regalos para niños enfermos en un hospital de Tasmania, pero la idea parecía demasiado grande para la familia. La respuesta vino desde el cuarto, con una máquina de coser, tela, relleno y la meta de hacer un regalo por día durante un año.
Campbell Remess tenía 9 años cuando transformó un deseo simple en un compromiso de 365 días. Residente de Tasmania, en Australia, él quería dar regalos de Navidad a niños internados en un hospital local, pero escuchó en casa que comprar todo sería demasiado caro.
La respuesta del niño no fue desistir. Decidió aprender a coser y hacer un regalo por día, hasta llegar a 365 juguetes para entregar en la siguiente Navidad.
La iniciativa se convirtió en el Project 365, una acción que comenzó en casa y ganó atención internacional.
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De acuerdo con el sitio oficial del Project 365, Campbell asumió el desafío después de ser informado de que sería caro comprar regalos para niños enfermos. La meta era producir 365 artículos a lo largo de un año y llevarlos a niños hospitalizados en la siguiente Navidad.
La pregunta en Navidad que salió del hospital y fue a parar dentro de casa
La historia comenzó después de una experiencia familiar en la víspera de Navidad de 2013. Según SuperKind, plataforma que reúne historias de jóvenes involucrados en acciones sociales, la madre de Campbell, que trabajaba como florista, llegó a casa con flores que no habían sido vendidas.
El niño quiso distribuir los ramos a personas en la calle. Después, aún incómodo, preguntó por qué no habían llevado regalos a los niños internados. La madre explicó que la familia ya tenía nueve hijos y que comprar regalos para más niños no cabría en el presupuesto.
La respuesta de Campbell fue práctica. Si no se podía comprar, él haría los regalos. A partir de ahí, el cuarto de un niño de 9 años comenzó a transformarse en un pequeño taller de costura, con tela, hilo, relleno y moldes improvisados.
El primer osito llevó horas y mostró que la idea no sería simple

Project 365 By Campbell ltd / YouTube
Aprender a coser no fue inmediato. Campbell comenzó solo, usando la máquina de coser de su madre y probando formatos hasta lograr producir los primeros juguetes.
Como informó la ABC News en mayo de 2016, cuando Campbell tenía 12 años, ya pasaba gran parte de su tiempo libre cosiendo ositos para caridad. El reportaje también registró que su madre, Sonya Whittaker, contó que su hijo aprendió a hacer los juguetes por su cuenta.
Los primeros modelos no tenían un acabado perfecto. Algunos salían torcidos, con costuras irregulares y apariencia simple. Aun así, la idea central estaba allí: hacer ositos de consuelo para niños y familias en momentos de miedo, internación y tratamiento.
Con la práctica, el tiempo de producción disminuyó. Lo que antes llevaba horas pasó a hacerse con más seguridad. La acción dejó de ser solo una promesa de Navidad y pasó a formar parte de la rutina del niño.
El Project 365 creció cuando los juguetes comenzaron a salir de Tasmania
El proyecto ganó nombre e identidad. Campbell pasó a ser conocido como “Bumble” y los ositos comenzaron a ser enviados para diferentes situaciones de sufrimiento, no solo hospitales locales.

SuperKind relata que él también pasó a sortear y subastar algunos juguetes para recaudar dinero destinado a instituciones relacionadas con el cáncer. La misma fuente informa que el Project 365 llegó a 3.100 ositos producidos y entregados, número que muestra cómo la meta inicial de 365 regalos se convirtió en una acción continua.
El impacto también salió del círculo familiar. En 2017, Campbell fue incluido en el especial “Young Wonders”, de CNN Heroes, que destacó a jóvenes involucrados en proyectos sociales. La CNN Press Room presentó al australiano como un niño de 13 años que creaba y entregaba ositos personalizados para niños enfrentando enfermedades alrededor del mundo.
Este reconocimiento ayudó a difundir la historia, pero el punto más fuerte continuó siendo el mismo del inicio: un niño decidió resolver un problema con lo que tenía en casa.
Más que juguetes, los ositos se convirtieron en compañía durante tratamientos difíciles
El valor de los ositos no estaba solo en el objeto. Para los niños hospitalizados, un juguete hecho a mano puede funcionar como compañía en un ambiente marcado por exámenes, medicamentos, esperas e incertidumbres.
Campbell también comenzó a producir modelos con funciones simbólicas diferentes. En entrevistas antiguas, mencionó juguetes de confort, ositos para personas en hospitales y piezas enviadas a víctimas de ataques o situaciones traumáticas fuera de Australia.
La fuerza de la historia viene justamente de esta escala humana. No había una gran estructura al principio, ni campaña publicitaria, ni equipo profesional. Había un niño, una máquina de coser y la decisión de repetir la misma tarea todos los días.
Con el tiempo, el Project 365 mostró que una acción pequeña puede crecer cuando tiene regularidad. Un osito por día parece poco cuando se ve aisladamente, pero se convierte en 365 al final de un año.
Y tú, ¿crees que iniciativas así deberían ser más estimuladas en las escuelas y dentro de casa?
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