Lejos de ser una señal de somnolencia, el acto de bostezar al ver a otra persona hacer lo mismo es un reflejo ligado a la empatía y a un tipo especial de neurona en nuestro cerebro.
Es casi imposible resistir: basta con ver a alguien bostezando para que la voluntad de hacer lo mismo aparezca. El bostezo contagioso es un fenómeno común e intrigante, que la ciencia ha intentado explicar. La principal teoría, sin embargo, descarta la idea de que esto sea una señal de sueño o aburrimiento.
De acuerdo con un artículo publicado en la revista Scientific American, la respuesta a este reflejo está ligada a nuestra capacidad de crear conexiones sociales. El bostezo contagioso es, de hecho, una demostración primitiva e inconsciente de empatía, un mecanismo que compartimos incluso con otros animales.
¿Qué es el bostezo contagioso? Un reflejo social, y no de sueño
Mientras que el bostezo espontáneo puede, sí, estar asociado con el cansancio, el contagioso tiene otro origen. Es un reflejo psicomotor, una acción involuntaria desencadenada al ver, escuchar o incluso leer sobre un bostezo.
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Estudios muestran que no todo el mundo es susceptible. Alrededor del 60% al 70% de la población «captura» el bostezo de otra persona. El fenómeno también es menos común en niños menores de 4 años y en ancianos, lo que refuerza la idea de que está relacionado con el desarrollo de nuestras habilidades sociales.
La principal teoría: la empatía y las neuronas espejo

La explicación más aceptada por la ciencia para el bostezo contagioso implica un grupo de células cerebrales fascinantes: las neuronas espejo. Descubiertas a principios de los años 90 por un equipo de investigadores en Italia, liderado por Giacomo Rizzolatti, estas neuronas son la base de la imitación y de la empatía.
Se activan tanto cuando realizamos una acción como cuando vemos a alguien realizando la misma acción. Al observar un bostezo, esta red de neuronas en nuestro cerebro se activa y envía una orden para que nuestros músculos ejecuten el mismo movimiento, de forma totalmente involuntaria.
Las pruebas de la empatía: estudios que conectan el bostezo a los lazos sociales
Diversos estudios refuerzan la conexión entre el bostezo contagioso y la empatía. De acuerdo con un estudio de 2013 de la Universidad de Pisa, publicado en la revista PLOS ONE, la «tasa de contagio» es mucho mayor entre personas con lazos afectivos más fuertes. Bostezamos más fácilmente al ver a un pariente o amigo bostezar que a un extraño.
De la misma forma, estudios muestran que las personas en el espectro del autismo o con rasgos de psicopatía, condiciones que pueden afectar la empatía, tienden a ser menos susceptibles al bostezo contagioso.
Una teoría alternativa: el bostezo como un «aire acondicionado» para el cerebro

Una teoría alternativa, propuesta por el psicólogo Andrew Gallup alrededor de 2007, sugiere que la función primaria del bostezo es enfriar el cerebro. El acto de estirar la mandíbula e inhalar aire frío ayudaría a optimizar nuestro estado de alerta.
En esta lógica, el contagio habría evolucionado como un mecanismo para sincronizar la atención de un grupo. Si un individuo bosteza para estar más alerta, es ventajoso que el resto del grupo haga lo mismo, aumentando la vigilancia colectiva contra amenazas.
No es solo con humanos: el bostezo contagioso en el mundo animal
El fenómeno no es exclusivo de los humanos, lo que refuerza su base biológica. El bostezo contagioso ya ha sido documentado científicamente en diversas especies de animales sociales, como:
- Chimpancés (estudio de 2009)
- Perros, que reaccionan al de sus dueños (estudio de 2012)
- lobos (estudio de 2014)
- Incluso en ratas (estudio de 2017)
Esta ocurrencia en otros animales sugiere que el mecanismo es antiguo y sirve a un propósito fundamental para la vida en grupo, probablemente ligado a la empatía y a la sincronización del comportamiento.

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