En Cody, en Wyoming, Lynn y Karl Lampe levantaron un invernadero geotérmico de 170 m² con tubos subterráneos, utilizando el calor de la tierra para cultivar frutas tropicales, cítricos y verduras durante todo el año, mientras el sistema muestra cómo producir alimentos en la nieve sin calefacción tradicional cara y constante en el clima extremo.
El invernadero geotérmico construido por Lynn y Karl Lampe en Cody, en Wyoming, se convirtió en un ejemplo de cómo los tubos subterráneos y el calor de la tierra pueden transformar una región de invierno riguroso en un espacio productivo para frutas tropicales. La pareja completó la estructura en el otoño de 2023, en un área de 170 m².
Según un reportaje del Cowboy State Daily, el proyecto llamó la atención en abril de 2025 porque permite cosechar alimentos durante todo el año en una región donde la estación de cultivo suele ser corta, con alrededor de 115 días. Dentro de la estructura, los Lampe cultivan cítricos, hortalizas y otras plantas utilizando una solución que prescinde de calefacción tradicional constante.
Un invernadero construido para enfrentar el frío de Wyoming

Wyoming es conocido por vientos fuertes, frío intenso y una ventana de plantación limitada. Para quienes gustan de la jardinería, esto significa lidiar con una temporada corta y con el riesgo de perder cultivos sensibles antes de que maduren. Fue este desafío lo que llevó a Lynn Lampe a buscar una alternativa fuera del modelo convencional.
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En lugar de apostar solo por un invernadero común, la pareja decidió construir un invernadero geotérmico parcialmente apoyado en el calor natural de la tierra. La lógica es simple en apariencia, pero exigente en ingeniería: aprovechar la temperatura subterránea, más estable que el aire exterior, para calentar en invierno y ayudar a enfriar en verano.
Cómo funciona el invernadero geotérmico de los Lampe

El sistema usa tubos enterrados bajo la estructura para circular el aire y equilibrar la temperatura interna. En el caso de los Lampe, hay 20 tubos subterráneos, divididos en dos conjuntos. Diez de ellos tienen 30 metros de longitud y están enterrados a 3 metros de profundidad. Otros diez, también de 30 metros, están a 2,4 metros de profundidad.
Estos tubos pasan bajo capas de grava y tierra, creando una especie de “batería térmica” en el suelo. Durante el funcionamiento, el aire del propio invernadero circula por el sistema, intercambia calor con la tierra y regresa al ambiente interno en condiciones más favorables para las plantas. La tierra funciona como reguladora natural, reduciendo la dependencia de calentadores tradicionales.
La diferencia está en el sistema cerrado de circulación

Muchas estufas geotérmicas usan entradas externas para captar aire ambiente y empujarlo por los tubos. En el proyecto de los Lampe, el sistema es cerrado, con recirculación del aire interno. Esto permite controlar mejor el flujo y adaptar la estructura tanto al frío como al calor excesivo.
El invernadero también cuenta con distribuciones separadas para aire caliente y aire frío, además de pequeños tubos ajustables y amortiguadores que dirigen la circulación. Esta elección fue hecha para lidiar con un problema común en invernaderos: en invierno, falta calor; en verano, sobra calor. El proyecto intenta resolver ambos extremos usando el mismo principio subterráneo.
Frío de -40°C no impidió que las plantas sobrevivieran
Según Lynn Lampe, incluso durante días de frío extremo, cuando la temperatura externa llegó a cerca de -40°C, el invernadero mantuvo condiciones internas suficientes para sostener la vegetación. Ella relató que, en el punto más bajo, el ambiente estuvo cerca de 39°F, valor que las plantas pueden tolerar por algún tiempo.
Durante los meses fríos, la parte inferior del invernadero suele estar alrededor de 45°F a 50°F. Ya en primavera y verano, el ambiente interno puede mantenerse cerca de 85°F. La operación diaria, según los relatos de la fuente, varía de cerca de US$ 0,50 a US$ 1 por día, dependiendo de las condiciones y del uso del sistema.
Naranjas, limones y verduras en plena nieve

El resultado más llamativo está en el cultivo. Lynn Lampe mantiene árboles cítricos como naranjas, limones, limas, toronjas y granadas. También hay olivos, higueras y durazneros, además de hortalizas y verduras cultivadas según la necesidad de la familia.
Entre los alimentos citados están lechuga, espinaca, acelga, tomates, fresas y guisantes. Parte del cultivo se realiza directamente en los parterres, con replantación conforme las cosechas terminan. El invernadero geotérmico permite una rutina rara para el clima local: plantar, cosechar, corregir el suelo y recomenzar en cualquier época del año.
La idea vino después de una visita a Nebraska
Antes de construir el proyecto en Cody, la pareja visitó un invernadero en Nebraska ligado a la empresa Greenhouse in the Snow, conocida por trabajar con estructuras geotérmicas. La visita sirvió como inspiración, pero los Lampe querían adaptar el concepto para otra necesidad: mejorar también el enfriamiento del invernadero.
Este punto es importante porque mucha gente asocia invernadero solo con el calentamiento. Sin embargo, en días de sol fuerte, el calor acumulado puede volverse excesivo y perjudicar las plantas. Por eso, la pareja decidió desarrollar un sistema capaz de lidiar con el frío y también con el sobrecalentamiento, aprovechando el aire más fresco del subsuelo.
El proyecto tuvo apoyo de un especialista local

Para transformar la idea en obra, los Lampes contaron con Mike Poulsen, de Alpine Botanica, empresa local especializada en invernaderos geotérmicos. Poulsen ayudó a desarrollar la circulación de aire y a adaptar el sistema a las condiciones específicas del terreno y del clima de Wyoming.
Alpine Botanica fue creada en 2022 y trabaja con proyectos enfocados en jardinería, autosuficiencia alimentaria y estructuras de cultivo. Aunque la instalación de un invernadero geotérmico requiere una inversión inicial, la propuesta es reducir costos de operación a lo largo del tiempo, principalmente en regiones donde mantener un invernadero caliente puede ser costoso.
Sustentabilidad sin depender solo de tecnología cara
El caso de los Lampes llama la atención porque combina baja tecnología aparente con ingeniería inteligente. No se trata de una solución basada en paneles, baterías eléctricas sofisticadas o calefacción constante, sino de un sistema que utiliza la estabilidad térmica de la tierra como principal aliada.
Esto no significa que cualquier persona pueda copiar el modelo sin planificación. Profundidad de los tubos, tipo de suelo, drenaje, ventilación, insolación, humedad y tamaño de la estructura influyen en el resultado. La fuerza del invernadero geotérmico está justamente en la adaptación al lugar donde será construido.
Una respuesta para estaciones de cultivo cada vez más desafiantes

En regiones frías, la limitación de la estación de cultivo afecta tanto a jardineros domésticos como a pequeños productores. Una solución como esta amplía la posibilidad de cosechar alimentos frescos por más meses, reduciendo la dependencia de productos transportados desde lejos.
Al mismo tiempo, la experiencia muestra que la agricultura a pequeña escala puede beneficiarse de soluciones híbridas, mezclando conocimiento tradicional, observación del clima e ingeniería de circulación de aire. En el caso de Cody, la estructura creó un ambiente donde plantas tropicales conviven con la nieve del exterior.
El invernadero también se convirtió en espacio de bienestar
Además de la producción de alimentos, Lynn Lampe describe el invernadero como un espacio agradable para permanecer mientras el clima exterior es severo. El hecho de que la estructura esté parcialmente protegida y menos expuesta al viento ayuda a crear una sensación de refugio en medio de un paisaje difícil.
Este punto ayuda a explicar por qué proyectos de este tipo despiertan curiosidad. No solo resuelven una cuestión de cultivo, sino que crean un microclima habitable, productivo y visualmente sorprendente. En lugar de esperar a que pase la nieve, la pareja construyó un pedazo de verano controlado bajo el frío de Wyoming.
El calor de la tierra se convirtió en cosecha tropical

La historia del invernadero geotérmico de Lynn y Karl Lampe muestra cómo una solución bien planificada puede transformar limitaciones climáticas en oportunidad. Con 20 tubos enterrados, circulación de aire y uso estratégico del calor del suelo, la pareja logró cultivar frutas tropicales y verduras durante todo el año en una región marcada por frío extremo.
El proyecto no elimina los desafíos de costo, mantenimiento y adaptación técnica, pero prueba que el calor de la tierra puede ser una herramienta poderosa para quienes buscan producir alimentos fuera de la estación convencional. ¿Crees que un invernadero geotérmico como este tendría sentido en regiones frías de Brasil o sería demasiado caro para la realidad local? Deja tu opinión en los comentarios.
