Investigación de la USP Detecta Vestigios de Cesio-137 en el Río Ribeira de Iguape y Muestra Cómo las Pruebas Nucleares de los Años 1960 Dejaran Marcas Invisibles que Ayudan a Definir el Inicio del Antropoceno
Una investigación de maestría en Geografía Física en la Universidad de São Paulo (USP) identificó vestigios de radiactividad en regiones poco alteradas por la acción humana en el interior de São Paulo. El estudio encontró señales de materiales relacionados con antiguas pruebas nucleares, realizadas a inicios de los años 1960, y demostró que estas sustancias pueden funcionar como marcadores seguros de la presencia humana a escala global.
Estos indicios se ajustan al concepto de Antropoceno, el período en que la actividad humana pasó a ser el principal factor de transformación de los ambientes naturales.
Entre construcciones, explotación de recursos y difusión de materiales artificiales, la radiación se ha convertido en una de las marcas más duraderas de esta nueva era geológica.
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El Legado de las Pruebas Nucleares
Entre 1953 y 1962, Estados Unidos, Unión Soviética, Reino Unido y Francia realizaron cerca de 2 mil pruebas nucleares.
El auge ocurrió en 1962, con más de 120 detonaciones en un solo año. En 1961, los soviéticos probaron la Tsar Bomb, considerada más de 3 mil veces más potente que la bomba de Hiroshima.
Estas explosiones generaron no solo ondas de calor y choque, sino también una dispersión masiva de partículas radiactivas conocidas como Fallout.
Este material, al caer sobre la superficie terrestre, contaminaba áreas cercanas a los lugares de prueba.
No obstante, el viento y otros fenómenos atmosféricos transportaron parte de esta lluvia radiactiva a regiones distantes, incluso Brasil.
Pruebas Nucleares: Marcas Invisibles en el Territorio Brasileño
Aunque la concentración detectada en el país es muy baja y sin riesgo para la salud, los registros cuentan una historia valiosa.
El año de 1963 concentró el mayor volumen de partículas radiactivas, consecuencia directa de las pruebas de 1962.
La presión pública y el miedo a un conflicto nuclear, especialmente tras la Crisis de los Misiles en Cuba, resultaron en un acuerdo entre las principales potencias atómicas.
En agosto de 1963, Estados Unidos, Reino Unido y Unión Soviética firmaron el Tratado de Prohibición Parcial de Pruebas (PTBT), que limitó detonaciones en el aire, en el espacio y bajo el agua.
El Estudio en el Río Ribeira de Iguape
En Brasil, grupos de geofísicos de la USP han estado investigando desde la década pasada la presencia de tres marcadores: Carbono 14, Plutonio y Cesio-137.
Estos elementos se buscan en ambientes naturales preservados, lejos de fuentes humanas de contaminación.
La investigación de Breno Rodrigues se concentró en el Río Ribeira de Iguape, entre Eldorado y Sete Barras, región conocida por sus áreas de preservación, comunidades quilombolas y abundancia de cuevas.
El lugar presenta baja intervención urbana y agrícola, lo que lo hace ideal para estudios sobre fenómenos ambientales globales.
Según el grupo coordinado por la profesora Cleide Rodrigues, el Ribeira es un río meándrico, con muchas curvas.
Esta característica influye en la forma en que el Cesio-137 se deposita y se preserva en el ambiente. Por eso, comprender su dinámica ayuda a evaluar el impacto de la lluvia radiactiva de 1963 sobre los sedimentos fluviales.
Cómo el Cesio-137 Revela el Pasado
El Cesio-137 es un producto directo de la fisión nuclear — proceso en el que un átomo de uranio se divide y libera energía.
Posee una vida media de 30 años, es decir, en tres décadas, la mitad del material pierde su radiactividad y se transforma en Bario, un elemento estable.
Aun con el pasar del tiempo, alrededor de una cuarta parte del Cesio-137 original todavía permanece en la naturaleza. Detectarlo, por lo tanto, es posible y útil para fechar capas de sedimentos.
Esta capacidad permite determinar cuándo y cómo el material radiactivo fue depositado, funcionando como un marcador histórico preciso.
Resultados e Implicaciones del Estudio
Los investigadores de la USP confirmaron la presencia residual de Cesio-137 en los sedimentos del Río Ribeira, asociada al fallout atmosférico de la Guerra Fría. No obstante, observaron que la distribución del material no es uniforme.
La variación entre los puntos de recolección ocurre debido a la dinámica natural del río y a los procesos de movimiento de los suelos en las llanuras.
Así, los marcadores son constantemente re-trabajados por corrientes, inundaciones y deposiciones, asumiendo diferentes posiciones a lo largo del tiempo.
Estos resultados refuerzan la idea de que el impacto de las actividades humanas — incluso aquellas realizadas a miles de kilómetros de distancia — puede ser registrado e identificado en ambientes naturales preservados.
Continuidad de la Investigación
El trabajo, que tuvo inicio en la maestría, sigue en desarrollo. Breno Rodrigues es ahora doctorando en Geografía por la USP y continúa investigando cómo los procesos fluviales interactúan con los elementos dejados por la radiactividad global.
Su disertación debe ser disponibilizada aún en este semestre, complementando los datos ya presentados en congresos científicos y artículos especializados.
La investigación contribuye a entender no solo el comportamiento de ríos como el Ribeira, sino también cómo el planeta guarda las cicatrices de eventos humanos a escala planetaria.
El Antropoceno en Evidencia
Al identificar el Cesio-137 como marcador confiable, el estudio refuerza el papel de la radiactividad como firma inequívoca del Antropoceno.
Este concepto, ampliamente debatido en la comunidad científica, destaca el punto en que la acción humana empezó a modificar profundamente los sistemas naturales de la Tierra.
Los vestigios atómicos esparcidos por el planeta cuentan una historia que trasciende fronteras y generaciones. Incluso en regiones remotas, donde la naturaleza parece intocada, hay señales sutiles de la presencia humana.
El caso del Río Ribeira muestra que la historia geológica reciente no puede separarse de la historia humana.
La radiactividad dejada por las bombas del siglo pasado continúa resonando, silenciosa, en los sedimentos y en las aguas, recordando que nuestras acciones tienen alcance global — y duran mucho más de lo que imaginamos.
Con información de Agencia Brasil.

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