La Isla de Marajó pierde tierra, sufre la salinización de acuíferos y enfrenta el riesgo de colapso con el avance del mar y el cambio climático.
Según las Naciones Unidas en Brasil, en la Vila do Pesqueiro, una comunidad tradicional de 160 familias ubicada en la costa de Soure, en la margen oriental de la Isla de Marajó, el avance del mar ya ha dejado de ser una proyección para convertirse en una realidad física. El lugar donde antes había casas hoy está sumergido. Los residentes que vivieron durante décadas en estructuras sobre palafitos han visto cómo el mar avanzaba progresivamente hasta alcanzar sus viviendas. El proceso fue gradual, con mareas cada vez más fuertes y una erosión constante que rediseñaba el litoral.
La Vila do Pesqueiro no representa un caso aislado. Es el ejemplo más documentado de un fenómeno que ocurre simultáneamente en diversas comunidades de la isla.
La Isla de Marajó es la isla fluviomarina más grande del mundo y su posición geográfica define su extrema vulnerabilidad
La Isla de Marajó tiene aproximadamente 49 mil kilómetros cuadrados, siendo más grande que países como Suiza y Dinamarca.
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La ONU declaró en enero de 2026 que el mundo entró en una era de “quiebra hídrica”, un estado más allá de la crisis, en el que acuíferos compactados, lagos desaparecidos y ríos que se volvieron estacionales ya no pueden recuperarse a los niveles históricos.
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El Niño enciende alerta en el Sur con un 80% de probabilidad entre julio y agosto y puede empujar a Paraná y Santa Catarina hacia una primavera de temporales extremos, lluvia muy por encima de la media, vendavales y granizo, en un escenario que amenaza con repetir impactos millonarios del último evento climático en la región.
Clasificada como la isla fluviomarina más grande del planeta, su formación ocurre en la interfaz entre el Océano Atlántico y el estuario del Río Amazonas. Esta posición geográfica, que históricamente sustentó su biodiversidad y riqueza cultural, se ha convertido en el principal factor de vulnerabilidad.
Con una altitud promedio de unos 9 metros sobre el nivel del mar, la isla presenta una elevada sensibilidad a las variaciones del nivel oceánico y de los regímenes hidrológicos.
La dinámica de las macromareas en el litoral este de Marajó provoca una intensa erosión y una redistribución forzada de sedimentos
En el litoral este de la isla, regiones como Soure y Salvaterra están sujetas a macromareas con una amplitud de hasta 4 metros, una de las mayores de Brasil.
Estos ciclos de inundación y exposición promueven una constante remodelación de la línea de costa. En algunas áreas, el litoral avanzó hasta 100 metros por deposición de sedimentos. En otras, retrocedió hasta 80 metros debido a la erosión.
Esta asimetría no ocurre de forma aleatoria. Refleja la pérdida de equilibrio en el sistema sedimentario costero, con una redistribución forzada de materiales a lo largo de la costa.
Las crecidas del Amazonas combinadas con mareas altas aumentan los períodos de inundación en los campos de llanura aluvial
En el lado oeste de la isla, la dinámica está dominada por el estuario amazónico. El régimen de crecidas y estiajes del Río Amazonas eleva y reduce el nivel del agua estacionalmente, creando ciclos conocidos como invierno y verano amazónico.
Cuando la crecida coincide con la marea alta y eventos de lluvia intensa, extensas áreas de la isla quedan sumergidas durante meses.
Este comportamiento siempre ha formado parte del funcionamiento natural del ecosistema. Lo que ha cambiado es la intensidad y la frecuencia de estos eventos.
Imágenes de satélite muestran un retroceso sistemático de la línea de costa y el avance de la erosión en comunidades de Marajó
Análisis multitemporales de imágenes Landsat entre 1990 y 2023 documentaron un retroceso lineal continuo de la línea de costa en comunidades como Jubim, en el municipio de Salvaterra.

El estudio identificó una tendencia erosiva persistente en áreas de menor altitud, donde los manglares retroceden y las playas avanzan sobre estructuras naturales que antes protegían el litoral.
En Pará, cerca del 60% de los 562 kilómetros de litoral están bajo erosión activa, lo que indica un escenario de inestabilidad generalizada.
La exposición de los manglares acelera el colapso costero al eliminar la barrera natural contra la energía de las olas
La erosión elimina las capas superiores del suelo y expone antiguas estructuras de manglares. Cuando esto ocurre, las raíces de estas formaciones pierden sujeción y colapsan, eliminando la principal barrera natural contra la acción de las olas.
Sin esta protección, el proceso erosivo se intensifica, creando un ciclo de degradación progresiva.
La salinización de los acuíferos avanza de forma invisible y compromete el suministro de agua dulce en las comunidades
Mientras que la erosión es visible, la salinización ocurre de forma silenciosa. La intrusión de agua salada en los acuíferos costeros desplaza el agua dulce disponible. Los pozos que antes suministraban agua potable pasan a producir agua salobre o no apta para el consumo.
Este proceso es lento, pero difícil de revertir, especialmente en regiones con baja recarga hídrica. La disminución del caudal de agua dulce en el sistema amazónico intensifica el avance del agua salada.
Las presas construidas a lo largo de la cuenca reducen el volumen de agua que llega al océano, especialmente durante los períodos de sequía.
Con menor presión de agua dulce, el mar avanza con mayor facilidad sobre el lecho de los ríos y los acuíferos subterráneos.
El municipio de Afuá presenta un índice máximo de vulnerabilidad climática en todos los escenarios proyectados
Un estudio realizado por el Instituto Federal de Pará evaluó la vulnerabilidad de los municipios costeros al cambio climático.
Afuá, una ciudad con cerca de 40 mil habitantes construida sobre palafitos, alcanzó el índice máximo de vulnerabilidad en todos los escenarios analizados.
La estructura urbana de la ciudad se adaptó a los ciclos naturales del pasado, pero enfrenta dificultades ante las nuevas condiciones climáticas.
La elevación del nivel del mar podría hacer inviables ciudades enteras en Marajó en las próximas décadas
Las proyecciones basadas en datos del IPCC indican que el aumento de la temperatura global podría elevar el nivel del mar de forma significativa.
En áreas con baja altitud media, como Marajó, incluso pequeñas elevaciones representan un riesgo directo de inundación permanente. Ciudades enteras podrían enfrentar la pérdida de territorio y la necesidad de desplazamiento de la población.

Los modelos desarrollados por instituciones internacionales muestran que grandes áreas de la isla podrían verse afectadas por inundaciones periódicas crecientes en las próximas décadas.
En escenarios de altas emisiones, existe el riesgo de sumersión permanente de regiones enteras para finales de siglo. La escala del impacto involucra a cientos de miles de habitantes distribuidos en diversos municipios.
La ausencia de políticas públicas específicas mantiene a Marajó fuera del centro del debate climático nacional
A pesar de su evidente vulnerabilidad, la Isla de Marajó no ocupa una posición central en las políticas públicas de adaptación climática.
El Plan Nacional de Adaptación identifica el litoral como un área prioritaria, pero las acciones concretas se concentran en los grandes centros urbanos.

Las comunidades tradicionales de la isla permanecen sin acceso a planes estructurados o financiamiento climático.
En algunas localidades, los residentes utilizan barreras improvisadas para contener la erosión. Estas soluciones ofrecen protección temporal, pero no son capaces de contener procesos a gran escala asociados a la dinámica oceánica y climática. La tendencia es a la intensificación de los impactos con el tiempo.
Ahora queremos saber: ¿Brasil está preparado para proteger territorios enteros amenazados por el avance del mar?
El caso de la isla de Marajó expone un escenario de transformación territorial en curso.
En su opinión, ¿el país posee suficiente capacidad de adaptación o enfrenta un proceso de pérdida progresiva de zonas costeras vulnerables?

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