El Telescopio James Webb detecta gas asociado a la vida en exoplaneta a 124 años luz con una concentración miles de veces superior a la de la Tierra.
Según investigadores del Instituto de Astronomía de la Universidad de Cambridge, liderados por el profesor Nikku Madhusudhan, el Telescopio Espacial James Webb detectó, en abril de 2025, firmas químicas de dimetilsulfuro en la atmósfera del exoplaneta K2-18 b, ubicado a 124 años luz de la Tierra, en la constelación de Leo. El dimetilsulfuro, conocido por la sigla DMS, es el compuesto responsable del olor característico del mar en la Tierra. Aquí, es producido principalmente por organismos microscópicos que viven en los océanos. La concentración estimada en el exoplaneta supera en más de 10 partes por millón los niveles encontrados en la atmósfera terrestre, alcanzando valores órdenes de magnitud por encima de los registrados en el planeta.
El estudio fue publicado en la revista Astrophysical Journal Letters y alcanzó una significancia estadística de tres sigma, lo que corresponde a aproximadamente un 0,3% de probabilidad de que la señal sea resultado de ruido aleatorio. Aunque no representa una confirmación de vida, se trata de uno de los indicios más robustos jamás identificados fuera del sistema solar.
El dimetilsulfuro es el gas responsable del olor a mar y está ligado a procesos biológicos en la Tierra
El olor característico del océano es resultado de la liberación de dimetilsulfuro en la atmósfera. Este compuesto se origina a partir de una cadena de procesos biológicos que comienza en organismos microscópicos marinos.
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Durante su metabolismo, estos organismos producen una sustancia precursora llamada dimetilsulfoniopropionato. Cuando este compuesto es descompuesto por microorganismos marinos, el DMS es liberado en forma gaseosa, asciende a la atmósfera y se dispersa.
Además de contribuir al olor marino, el DMS desempeña un papel relevante en la formación de nubes al actuar como núcleo de condensación. En la Tierra, no existen procesos geológicos conocidos capaces de producir este gas en cantidades significativas en la atmósfera sin la presencia de actividad biológica.
El exoplaneta K2-18 b está ubicado en la zona habitable y posee características de planeta oceánico
El exoplaneta K2-18 b fue descubierto en 2015 por el telescopio Kepler y orbita una estrella enana roja en la constelación de Leo.
Con aproximadamente 2,6 veces el radio de la Tierra y 8,6 veces su masa, el planeta se clasifica como un sub-Neptuno, una categoría intermedia sin equivalente directo en el sistema solar.
Su posición en la zona habitable indica que las condiciones físicas permiten la existencia de agua líquida. Observaciones anteriores del James Webb ya habían identificado metano y dióxido de carbono en su atmósfera, compatibles con modelos teóricos de planetas oceánicos ricos en hidrógeno.
Observaciones en diferentes espectros confirman la persistencia de la señal química detectada
El equipo realizó nuevas observaciones utilizando el instrumento MIRI, que opera en el infrarrojo medio, complementando datos anteriores obtenidos en otras franjas espectrales.
El objetivo era verificar si la señal química persistía en diferentes longitudes de onda. El resultado confirmó la presencia de la señal con una significancia estadística de hasta 3,4 sigma en algunas mediciones.

Además del DMS, también se consideró la presencia de disulfuro de dimetilo, un compuesto químicamente similar e igualmente clasificado como potencial biosignal.
La concentración de gas detectada en el exoplaneta supera en miles de veces los niveles terrestres
El análisis indica que la concentración del compuesto químico puede superar las 10 partes por millón en la atmósfera de K2-18 b.
En la Tierra, los niveles atmosféricos de este gas rara vez superan 0,1 parte por mil millones. Esta diferencia representa una concentración potencialmente miles de veces superior a la observada en ambientes terrestres.
Si se confirma, esta abundancia exigiría procesos de producción extremadamente intensos, lo que plantea hipótesis sobre la naturaleza química o biológica del fenómeno.
La comunidad científica mantiene cautela y exige mayor evidencia estadística para confirmación
A pesar de la relevancia de los resultados, la comunidad científica mantiene una postura cautelosa. El estándar internacional para la confirmación de descubrimientos exige una significancia de cinco sigma, equivalente a una probabilidad extremadamente baja de error estadístico. El nivel actual de tres sigma indica una fuerte evidencia, pero aún es insuficiente para una confirmación definitiva.
Los investigadores también destacan la posibilidad de que el gas sea producido por procesos no biológicos en ambientes con composición atmosférica diferente a la terrestre.
Estudios independientes cuestionan la interpretación de los datos y sugieren alternativas sin biosignos
Los análisis independientes posteriores plantearon cuestionamientos sobre la metodología utilizada en la interpretación de los datos espectrales.
Reevaluaciones que combinaron diferentes conjuntos de observaciones indicaron que el espectro puede ser explicado sin la necesidad de incluir el dimetilsulfuro como componente obligatorio.
Otros estudios también señalaron la posibilidad de formación del compuesto en condiciones experimentales sin la presencia de procesos biológicos, ampliando el debate científico.
La naturaleza del exoplaneta aún es incierta y puede variar entre planeta oceánico y mundo gaseoso
K2-18 b sigue siendo un objeto de estudio con características aún no totalmente definidas. Las interpretaciones varían entre un planeta oceánico con atmósfera relativamente delgada y un mundo gaseoso más denso, sin superficie definida.
Esta incertidumbre dificulta la determinación exacta de los procesos responsables por las señales detectadas. El avance en la búsqueda de vida fuera de la Tierra depende de instrumentos más precisos.
Proyectos futuros, como telescopios dedicados al análisis de atmósferas de planetas rocosos similares a la Tierra, deberían ampliar la capacidad de detección de biosignos con mayor confiabilidad.
K2-18 b funciona actualmente como un caso de estudio que permite probar métodos y refinar técnicas de observación.
Ahora queremos saber: ¿la detección de este gas representa un avance real en la búsqueda de vida fuera de la Tierra o aún estamos lejos de una confirmación definitiva?
La posible identificación de compuestos asociados a la actividad biológica en un exoplaneta marca un momento relevante en la astrobiología.
En su opinión, ¿este tipo de evidencia ya representa un avance concreto o aún exige una validación más rigurosa antes de cualquier conclusión?

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