La reintroducción de tortugas gigantes en Aride registró efectos rápidos en la vegetación, en el suelo y en la dispersión de semillas nativas, según investigadores que acompañaron procesos ecológicos no observados en la isla desde hacía casi dos siglos.
La reintroducción de 10 tortugas gigantes de Aldabra en la isla de Aride, en Seychelles, recuperó en seis meses funciones ecológicas que estaban ausentes desde hacía más de 180 años, según un estudio internacional publicado en la revista científica Restoration Ecology y divulgado el 16 de abril de 2026 por la Estación Biológica de Doñana, vinculada al Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España.
Durante el seguimiento de los animales tras su liberación, la investigación identificó efectos sobre la vegetación, el suelo y la dispersión de semillas nativas, con registros que ayudaron a los científicos a medir la reanudación de procesos ecológicos en la isla.
En dos meses, las tortugas esparcieron más de 11 mil semillas, de las cuales 89,5% pertenecían a especies nativas, además de consumir 54 especies de plantas introducidas, de acuerdo con los datos divulgados por el equipo responsable del estudio.
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El resultado fue destacado por los investigadores porque Aride había perdido estas interacciones ecológicas casi dos siglos atrás, cuando las tortugas desaparecieron de la isla y dejaron de actuar en la dinámica natural de la vegetación.
Sin estos grandes herbívoros, procesos ligados al control de plantas, a la circulación de nutrientes y a la regeneración de especies locales dejaron de ocurrir al mismo ritmo, según la interpretación presentada por el equipo científico.
Tortugas gigantes y el impacto en la isla de Aride
Las tortugas gigantes son clasificadas por los investigadores como “ingenieras del ecosistema” porque modifican el ambiente mientras se alimentan, se desplazan y eliminan semillas en las heces, influyendo en diferentes etapas de la regeneración vegetal.
Este comportamiento, según el estudio, ayuda a conectar áreas de la isla y favorece la circulación de semillas de especies adaptadas al ambiente local, un proceso considerado relevante para la recuperación de funciones ecológicas perdidas.
En las observaciones de campo, los animales actuaron en tres frentes principales: reducción de plantas exóticas, aceleración de la descomposición de materia vegetal y transporte de semillas nativas a diferentes puntos de la isla.
Con estas interacciones, los científicos registraron condiciones asociadas a la reanudación de procesos naturales que habían sido interrumpidos o reducidos tras la desaparición de las tortugas de la región.
Aride es una reserva insular de las Seychelles, archipiélago ubicado en el océano Índico, donde los cambios en la fauna pueden tener efectos relevantes debido al aislamiento y a la menor cantidad de especies en comparación con ambientes continentales.
En islas pequeñas, según especialistas en conservación, pocas especies pueden concentrar funciones importantes para el equilibrio de la vegetación y del suelo, lo que convierte la pérdida o la reintroducción de animales en un factor de impacto ecológico.
El estudio fue conducido por investigadores de la Estación Biológica de Doñana, del Museo Nacional de Ciencias Naturales, del Real Jardín Botánico, todos vinculados al CSIC, y de la Universidad de Exeter, en el Reino Unido.
Para identificar lo que cada tortuga consumió, el equipo combinó observaciones de campo, análisis de heces y técnicas de ADN, lo que permitió asociar el comportamiento individual a los efectos registrados en el ambiente.
Dispersión de semillas mostró diferencias entre los animales
La investigación también señaló diferencia de comportamiento entre los individuos reintroducidos, dato considerado relevante para evaluar cómo cada animal contribuyó a la restauración ecológica de la isla de Aride.
Solo tres de las diez tortugas respondieron por más de 80% de la dispersión de semillas nativas en dos meses, mientras que otras tuvieron mayor participación en el consumo de plantas exóticas o en el reciclaje de nutrientes.
Este resultado indica, según los investigadores, que los programas de restauración no dependen solo de la cantidad de animales devueltos al ambiente, sino también de las funciones ejercidas por cada individuo reintroducido.
Por este motivo, el equipo defiende que los proyectos de conservación evalúen qué animales desempeñan roles ecológicos más amplios, ya que individuos de la misma especie pueden generar efectos diferentes en la recomposición del ecosistema.
El caso de la tortuga identificada como T08 fue usado por los científicos para ejemplificar esta variación de comportamiento observada durante el monitoreo realizado tras la reintroducción en la isla.
De acuerdo con el estudio, este individuo reunió mayor eficiencia en el consumo de flora exótica, fuerte dispersión de semillas nativas e ingestión equilibrada de materia vegetal nativa e introducida, en comparación con otras tortugas acompañadas.
La constatación llevó a los investigadores a destacar la diversidad comportamental dentro de una misma especie como un elemento a ser considerado en acciones de restauración ecológica.
En islas pequeñas, donde la pérdida de un animal puede afectar diferentes interacciones naturales, conservar individuos con hábitos variados puede contribuir al mantenimiento de funciones ecológicas, según especialistas involucrados en el estudio.
Reintroducción de especies y restauración ecológica
Los datos de la investigación indican que la reintroducción de un número reducido de tortugas puede restaurar procesos ecológicos en islas afectadas por extinciones locales, siempre que la acción sea planificada y acompañada científicamente.
Esta práctica se conoce como rewilding, término usado para iniciativas que buscan devolver especies a áreas donde ejercían funciones ecológicas relevantes antes de desaparecer o tener sus poblaciones reducidas.
En el caso de Aride, los científicos observaron que las tortugas ayudaron a controlar la vegetación exótica sin depender exclusivamente de la remoción mecánica, método que suele requerir trabajo continuo y mantenimiento prolongado.
Cuando está bien monitoreada, la restauración biológica puede reducir parte de esta demanda operativa, según los investigadores, aunque no elimina la necesidad de seguimiento técnico y evaluación de riesgos ambientales.
El estudio no afirma que cualquier liberación de animales produzca el mismo resultado, ni indica que la reintroducción pueda hacerse sin planificación en otros ecosistemas insulares.
Para este tipo de acción, los especialistas consideran necesario evaluar especie, ambiente, historial ecológico, riesgos sanitarios y monitoreo posterior, especialmente en islas, donde los desequilibrios pueden propagarse rápidamente.
La tortuga gigante de Aldabra, cuyo nombre científico es Aldabrachelys gigantea, es una especie asociada a las Seychelles y reconocida por ejercer el papel de gran herbívoro terrestre.
Al consumir frutos, hojas y materia vegetal, esta especie influye en la estructura del paisaje y la distribución de plantas, principalmente a través de la alimentación, el desplazamiento y la dispersión de semillas.
Los investigadores defienden que futuras iniciativas de restauración consideren el llamado número efectivo de individuos capaces de sostener funciones ecológicas, y no solo la cantidad total de animales reintroducidos.
Este concepto amplía el análisis tradicional, que suele priorizar la viabilidad genética de una población reintroducida, al incluir también la capacidad de los individuos de recuperar procesos naturales en el ambiente.
Números registrados en Aride llaman la atención
Los datos registrados en Aride muestran que la recuperación de interacciones ecológicas puede comenzar en un plazo corto cuando una especie clave vuelve a ocupar un espacio del que había desaparecido.
El intervalo de seis meses no representa una restauración completa de la isla, pero indica, según el estudio, que funciones antes ausentes fueron retomadas de forma medible tras la reintroducción de las tortugas.
La dispersión de más de 11 mil semillas en dos meses ayuda a dimensionar el alcance del proceso registrado por los científicos durante el monitoreo inicial de los animales.
Como casi nueve de cada diez semillas pertenecían a especies nativas, el desplazamiento de las tortugas puede favorecer la regeneración de la vegetación original en áreas donde plantas introducidas ganaron espacio.
El consumo de 54 especies exóticas también fue registrado como dato relevante porque las plantas invasoras pueden competir con la flora local por luz, agua y nutrientes.
Al alimentarse de estas especies, las tortugas reducen parte de la presión sobre la vegetación nativa y alteran la dinámica de crecimiento en el territorio, de acuerdo con la evaluación de los investigadores.
La investigación en Aride puede servir de referencia para estudios en otras islas, incluso en archipiélagos donde tortugas gigantes ejercen funciones similares, aunque pertenezcan a linajes evolutivos diferentes.
La comparación entre ambientes permite evaluar en qué condiciones la reintroducción de grandes herbívoros puede acelerar procesos de restauración natural, sin sustituir la necesidad de monitoreo científico a largo plazo.
Para los científicos, el regreso de una especie no debe medirse solo por la supervivencia de los animales liberados, sino también por la recuperación de interacciones ecológicas asociadas al funcionamiento del ambiente.
En el caso de Aride, los registros apuntan que las tortugas movieron semillas, influyeron en la vegetación, participaron en el reciclaje de nutrientes y restablecieron funciones ecológicas que estaban ausentes desde hacía más de 180 años.

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