Estudio apunta que más de la mitad de los ríos en Brasil puede estar perdiendo agua para el subsuelo, con impacto en el abastecimiento y en los ecosistemas.
En 2024, un grupo de 8 investigadores brasileños e internacionales, vinculado a instituciones como la Universidad de São Paulo, la Universidad Federal de Mato Grosso do Sul, la Universidad Estatal Paulista, la Universidad de California en Santa Bárbara y la Universidad Rutgers, publicó en Nature Communications, el 25 de noviembre, un estudio que enciende una alerta directa sobre la dinámica hídrica en Brasil: ríos que tradicionalmente ayudaban a sustentar acuíferos y ecosistemas pueden, en muchas regiones, estar haciendo el camino inverso, perdiendo agua para el subsuelo.
La investigación analizó datos de 17.972 pozos localizados a hasta 1 km de ríos en Brasil, cruzando esta información con la elevación de la superficie de los cursos de agua cercanos. El objetivo fue entender, a escala nacional, la relación entre los niveles de agua subterránea y la superficie de los ríos, una interacción considerada esencial para la disponibilidad hídrica, los flujos ambientales y el funcionamiento de los ecosistemas fluviales.
El resultado fue significativo: 55% de los pozos analizados presentaron niveles de agua subterránea por debajo de la superficie de los ríos cercanos, una condición que indica potencial de flujo descendente. En términos prácticos, esto significa que parte del agua de los ríos puede estar infiltrándose en el subsuelo y alimentando acuíferos, en lugar de recibir agua subterránea como ocurre en sistemas fluviales tradicionalmente clasificados como ganadores.
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Este fenómeno, invisible a simple vista, puede alterar completamente la forma en que el sistema hídrico funciona en diversas regiones del país.
Ríos pueden estar dejando de ser fuentes para tornarse áreas de pérdida de agua
En condiciones naturales, muchos ríos funcionan como sistemas que alimentan los acuíferos, especialmente en períodos de crecida. No obstante, cuando el nivel de agua subterránea cae, esta relación puede invertirse.
En esos casos, el río pasa a actuar como un punto de recarga del acuífero, perdiendo parte de su caudal hacia el subsuelo.
Este tipo de río es conocido como río perdedor, en contraste con los llamados ríos ganadores, que reciben agua del subsuelo.
El cambio de comportamiento no altera solo el flujo local, sino que puede reducir el volumen de agua disponible a lo largo de todo el curso del río.
Bombeo de agua subterránea es apuntado como principal factor de alteración
El estudio identifica como principal causa de esta inversión el uso intensivo de agua subterránea, especialmente en regiones agrícolas y urbanas.
La extracción continua de agua a través de pozos reduce el nivel de los acuíferos. Cuando este nivel cae por debajo de la superficie de los ríos, se crea un gradiente que favorece la infiltración del agua superficial.
Este proceso es más común en áreas con:
- agricultura irrigada intensiva
- uso urbano elevado de agua subterránea
- baja recarga natural del acuífero
La presión sobre los recursos hídricos subterráneos altera el equilibrio natural entre ríos y acuíferos, creando un sistema cada vez más dependiente de la extracción.
Más de la mitad de los ríos evaluados puede estar bajo este tipo de presión
Al analizar ríos con al menos un pozo cercano a cada 100 kilómetros, los investigadores identificaron que 56,4% de ellos presentaban condiciones favorables a la pérdida de agua para el subsuelo.
Este dato amplía la escala del problema, mostrando que el fenómeno no es localizado, sino potencialmente diseminado en diferentes regiones del país.
El impacto no se restringe a un único bioma o cuenca hidrográfica, sino que puede afectar áreas extensas del territorio brasileño.
Consecuencias afectan el abastecimiento, la agricultura y los ecosistemas acuáticos
La reducción del caudal de los ríos puede generar una serie de efectos en cadena. En el abastecimiento urbano, una menor disponibilidad de agua superficial puede aumentar la dependencia de reservorios y sistemas alternativos. En la agricultura, ríos con menor caudal pueden comprometer los sistemas de riego.
Además, los ecosistemas acuáticos dependen de niveles mínimos de agua para mantener el equilibrio biológico. La disminución del flujo puede afectar a las especies, la calidad del agua y la dinámica de los sedimentos.
La pérdida de agua de los ríos hacia el subsuelo transforma un recurso visible en un proceso invisible, con consecuencias amplias y difíciles de monitorear.
El fenómeno es difícil de detectar sin datos técnicos detallados
Uno de los desafíos centrales de este problema es su invisibilidad. A diferencia de las sequías o inundaciones, la pérdida de agua hacia el subsuelo no genera señales inmediatas perceptibles. El nivel del río puede parecer estable en determinados momentos, incluso con pérdida continua.

La identificación de este proceso depende de mediciones precisas, como el monitoreo de pozos y el análisis de datos geoespaciales. Sin este tipo de información, el fenómeno puede avanzar sin ser percibido durante años.
La gestión hídrica debe considerar la interacción entre superficie y subsuelo
El estudio refuerza que la gestión del agua no puede tratar ríos y acuíferos como sistemas independientes. En la práctica, ambos forman parte de un mismo ciclo hidrológico integrado. Las alteraciones en un componente afectan directamente al otro.
Esto exige políticas públicas que consideren:
- control del bombeo de agua subterránea
- monitoreo integrado de recursos hídricos
- planificación del uso del agua por sector
La separación entre agua superficial y subterránea deja de ser viable ante las evidencias científicas.
Regiones agrícolas y urbanas concentran mayor riesgo de desequilibrio
Las áreas con uso intensivo de agua son las más susceptibles a la inversión de flujo entre ríos y acuíferos. Las regiones con agricultura de riego a gran escala, como partes del Centro-Oeste y Sudeste, presentan mayor presión sobre los recursos subterráneos.
Las áreas urbanas con alta densidad poblacional también contribuyen a la reducción del nivel de los acuíferos. El problema tiende a intensificarse en lugares donde la demanda de agua crece más rápido que la capacidad de reposición natural.
La tendencia puede agravarse con el aumento de la demanda de agua
El crecimiento poblacional, la expansión agrícola y el aumento de la demanda industrial apuntan a un escenario de mayor presión sobre los recursos hídricos.
Sin cambios en la forma de gestión, la tendencia es que el nivel de los acuíferos siga cayendo, ampliando el número de ríos que comienzan a perder agua hacia el subsuelo. El fenómeno puede dejar de ser una excepción y convertirse en un patrón en diversas regiones del país.
Con más de la mitad de los ríos evaluados presentando potencial de pérdida de agua hacia acuíferos, el estudio revela una transformación silenciosa en el sistema hídrico nacional.
Lo que antes era un flujo predecible entre superficie y subsuelo pasa a presentar nuevas dinámicas, influenciadas directamente por la acción humana.
La pregunta que surge es directa: ¿Brasil podrá equilibrar el uso de sus recursos hídricos o está caminando hacia un escenario en el que los ríos dejan de ser fuentes y pasan a actuar como puntos de pérdida de agua en el sistema?

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