El calentamiento en el Pacífico Ecuatorial alcanza el umbral técnico de El Niño y reaviva la alerta global sobre posibles impactos climáticos en los próximos meses, con tendencia a una intensificación gradual impulsada por el calor subsuperficial aún presente en el océano.
El Pacífico Ecuatorial Central-Este alcanzó +0,5ºC de anomalía en la temperatura de la superficie del mar en la región Niño 3.4, área utilizada como referencia para el monitoreo del ENOS, siglas en inglés para El Niño-Oscilación Sur.
El dato fue divulgado por la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera de los Estados Unidos, la NOAA, y marca por primera vez en 2026 la entrada en el límite mínimo asociado a la fase cálida del océano.
Qué significa alcanzar +0,5ºC en el Pacífico
Este umbral se encuentra exactamente en la frontera entre la neutralidad y el calentamiento característico de El Niño.
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Según la clasificación histórica de la NOAA, los valores a partir de +0,5ºC en la región Niño 3.4 componen el intervalo de fase cálida, mientras que la neutralidad se sitúa entre -0,4ºC y +0,4ºC.
Aun así, la simple llegada a este valor en una lectura semanal no es suficiente, por sí sola, para declarar oficialmente el inicio de un evento consolidado.
La marca llama la atención porque interrumpe una secuencia de semanas sin anomalías a este nivel y recoloca al Pacífico en una zona de observación más sensible.
La última vez que esta franja del océano había alcanzado al menos +0,5ºC fue a principios de mayo de 2024, período en el que el Sur de Brasil aún sufría los efectos de un Pacífico muy calentado en los meses anteriores.
¿El Niño ya comenzó o aún no?
Aunque el número entre en el intervalo asociado a El Niño, esto no significa que el fenómeno ya esté plenamente instalado.
La NOAA y otros centros de monitoreo consideran, además del calentamiento en el mar, la persistencia de la señal durante varias semanas o temporadas y la presencia de una respuesta atmosférica compatible, con cambios en los vientos y en la circulación tropical.
En otras palabras, el océano puede dar el primer paso antes de que la atmósfera lo siga.
Cuando este acoplamiento aún no está consolidado, el sistema permanece en transición, incluso si la anomalía semanal alcanza el umbral clásico de +0,5ºC.
Por eso, la lectura actual es relevante como señal de avance del calentamiento, pero aún no cierra el diagnóstico de un episodio clásico de El Niño en su forma madura.
Tendencia de calentamiento hasta el invierno
La perspectiva, sin embargo, es de continuidad del calentamiento en las próximas semanas.
El movimiento está ligado a la llegada de aguas más cálidas a la superficie, impulsadas de oeste a este por una onda Kelvin, mecanismo oceánico que suele transportar calor a lo largo de la franja ecuatorial del Pacífico.
Como aún hay calor almacenado debajo de la superficie, la tendencia observada por centros de monitoreo es de refuerzo de este calentamiento a corto plazo.
Este proceso de calentamiento subsuperficial ayuda a explicar por qué la señal del Pacífico cambió tan rápidamente después de un período de neutralidad.
Cuando grandes volúmenes de agua más caliente suben hacia la superficie, la región Niño 3.4 tiende a responder con un aumento más consistente en las anomalías.
Es precisamente este tipo de evolución el que suele preceder la configuración de eventos de El Niño.
Comparación con eventos históricos intensos
El valor actual aún está muy lejos de los grandes episodios registrados en las últimas décadas, pero la comparación histórica ayuda a dimensionar lo que un calentamiento sostenido puede representar.
En el evento de 2023-2024, el pico semanal de la anomalía en la región Niño 3.4 alcanzó +2,1ºC en noviembre de 2023.
En el ciclo de 2015-2016, uno de los más intensos de la serie reciente, el máximo semanal informado para la misma región alcanzó +3,0ºC en noviembre de 2015.
Ya en el episodio de 1997-1998, otro hito histórico del fenómeno, el pico llegó a +2,3ºC en diciembre de 1997.
Antes de eso, en el evento de 1982-1983, la mayor anomalía semanal registrada en el Pacífico Central alcanzó +2,6ºC a finales de diciembre de 1982.
Estos números muestran que el sistema aún está muy lejos de un escenario extremo, pero también dejan claro que calentamientos inicialmente modestos pueden evolucionar de manera importante a lo largo de algunos meses.
Impactos del El Niño y de La Niña en el clima
El Niño ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico Ecuatorial están más cálidas que la media y los vientos del este se debilitan en la región.
La condición opuesta es La Niña, asociada a aguas más frías de lo normal y vientos alisios más intensos.
En general, estos episodios se repiten en intervalos de algunos años, pero varían bastante en duración e intensidad.
Las consecuencias se extienden mucho más allá del océano tropical.
La interacción entre mar y atmósfera modifica la distribución de lluvia, temperatura y circulación en diferentes continentes, lo que puede favorecer sequías severas en algunas áreas y lluvias excesivas en otras.
Estos efectos aún repercuten sobre la agricultura, recursos hídricos, incendios forestales, precios de alimentos y economía.
Efectos en Brasil y en América del Sur
En Brasil, el historial muestra respuestas regionales conocidas, aunque nunca idénticas de un evento a otro.
En el Sur, la La Niña suele elevar el riesgo de sequía, mientras que el El Niño está asociado con más frecuencia a episodios de lluvia abundante e inundaciones.
En el Nordeste, por su parte, el El Niño tiende a aumentar la probabilidad de sequía, mientras que la La Niña favorece más precipitación en parte de la región.
Origen del nombre El Niño
El origen del nombre se remonta al siglo 19, cuando pescadores de la costa del Pacífico de América del Sur se dieron cuenta de que, en algunos años, aguas más cálidas aparecían cerca de Navidad.
El calentamiento reducía la pesca y afectaba la subsistencia de comunidades costeras, sobre todo en Perú, donde la resurgencia de aguas frías y ricas en nutrientes es decisiva para la productividad marina.
Por asociación con el período navideño, estas aguas cálidas pasaron a ser llamadas El Niño, expresión en español ligada al niño Jesús.
Ya durante años de La Niña, el patrón opuesto favorece el retorno de aguas frías a la superficie, lo que amplía el transporte de nutrientes y suele beneficiar la actividad pesquera en áreas del Pacífico este.

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