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Asteroides del tamaño de edificios pueden impactar la Tierra cada dos décadas, dicen científicos del MIT, rara vez causan víctimas directas, pero el impacto puede dañar satélites y desconectar el GPS, la previsión meteorológica y las comunicaciones en una reacción en cadena.

Escrito por Bruno Teles
Publicado el 09/05/2026 a las 18:06
Actualizado el 09/05/2026 a las 18:08
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Científicos vinculados al Massachusetts Institute of Technology, el MIT, advierten que este tipo de impacto puede ocurrir aproximadamente cada dos décadas, según entrevistas recientes. La amenaza rara vez implica víctimas directas, pero puede afectar la infraestructura espacial y desencadenar fallas en serie en sistemas como mapas, pronóstico del tiempo y bancos.

La imagen clásica del impacto cósmico mezcla cráteres gigantes, dinosaurios en pánico y escenas de películas del fin del mundo. La nueva preocupación de los científicos con los **asteroides** es muy diferente, y según un grupo de investigadores vinculados al MIT, puede afectar tu rutina sin causar ninguna muerte directa.

La entrevista realizada por Abby Abazorius reunió nombres como Julien de Wit, Artem Burdanov, Richard Teague y Saverio Cambioni para discutir lo que llaman una revolución en este campo. Según el MIT, la previsión es que, en la próxima década, los astrónomos identifiquen objetos del tamaño de edificios en ruta de aproximación con el sistema Tierra-Luna aún en este siglo.

La amenaza no es el destructor de civilizaciones

Científicos del MIT advierten que asteroides del tamaño de edificios pueden impactar la Tierra cada dos décadas y amenazan el GPS, el pronóstico del tiempo y las comunicaciones globales.

A la industria del entretenimiento le gustan las rocas espaciales de varios kilómetros de diámetro. En películas como Armageddon, son estos gigantes los que cumplen el papel de villano, capaces de barrer continentes enteros y empujar a la humanidad a un escenario de extinción.

Estos cuerpos realmente existen, pero impactan la Tierra en escalas de tiempo enormes. **Impactos de este tipo son raros y ocurren cada decenas de millones de años**, un intervalo mucho mayor que la vida útil de cualquier civilización contemporánea, lo que saca este tipo de catástrofe del radar práctico del día a día.

La amenaza que realmente está en el horizonte es otra. Los científicos la llaman «escala decamétrica», denominación técnica para cuerpos con algunas decenas a algunas centenas de metros de diámetro, comparables al tamaño de edificios de altura media en cualquier ciudad brasileña.

Este tipo de objeto impacta la Tierra en intervalos mucho menores. Las estimaciones indican que algo de este tamaño puede alcanzar el planeta aproximadamente cada dos décadas, una frecuencia lo suficientemente baja como para parecer rara, pero lo suficientemente alta como para entrar en el horizonte de planificación de gobiernos, agencias espaciales y comunidades científicas.

Por qué los satélites están en la línea de fuego

Científicos del MIT advierten que asteroides del tamaño de edificios pueden impactar la Tierra cada dos décadas y amenazan el GPS, el pronóstico del tiempo y las comunicaciones globales.

Cuando se habla de colisión, la primera imagen mental suele ser la de un meteoro cayendo al suelo. La nueva preocupación de los científicos, sin embargo, apunta más hacia arriba, donde orbitan los equipos que sustentan la vida digital moderna.

Un impacto directo puede ser catastrófico, pero un evento cercano a la Luna o los detritos lanzados en órbita también conllevan riesgos enormes. **Estos fragmentos pueden impactar los satélites responsables del GPS, el pronóstico del tiempo y las comunicaciones globales**, sistemas que sustentan desde aplicaciones de transporte hasta alertas de emergencia.

Existe además un segundo nivel de preocupación. El llamado Efecto Kessler describe una reacción en cadena en la que cada colisión entre detritos genera más detritos, multiplicando exponencialmente los riesgos para todos los equipos que circulan alrededor de la Tierra.

La Agencia Espacial Europea ya trata el asunto como una acumulación descontrolada de basura orbital. Cuanto más escombro, más difícil resulta usar las principales rutas espaciales con seguridad, un problema que afecta directamente a la próxima generación de misiones y a la continuidad de los servicios esenciales que dependen de estas vías en el espacio.

El caso reciente de Ohio y la escala de las advertencias

Pequeñas rocas golpean la Tierra con mucha más frecuencia de lo que sugieren las noticias. La mayoría de las veces, estos eventos pasan desapercibidos debido al minúsculo tamaño de los objetos o a que caen en áreas remotas, lejos de cualquier centro urbano.

El 17 de marzo de 2026, el estado estadounidense de Ohio tuvo un recordatorio público de ello. Una brillante bola de fuego apareció en el cielo durante el día y produjo un estruendo capaz de hacer temblar las casas, un episodio que asustó a los residentes de una vasta región del norte del estado.

La NASA detalló el evento en su blog oficial. El objeto tenía aproximadamente 1,8 metros de diámetro y pesaba unas 7 toneladas antes de fragmentarse en la atmósfera, una dimensión minúscula en comparación con los asteroides del tamaño de edificios que preocupan a los científicos para las próximas décadas.

Aun así, el caso ilustra la relación directa entre el tamaño del objeto y la fuerza del impacto. La energía liberada crece a una escala mucho mayor que el tamaño aparente, y esto hace que asteroides un poco más grandes transformen episodios curiosos en amenazas reales para la infraestructura circundante.

¿Qué mostró el James Webb sobre el 2024 YR4?

La discusión técnica también incluye un caso reciente que mostró el poder y los límites de las herramientas actuales. El asteroide 2024 YR4 llegó a entrar en el radar de los científicos como posible objetivo de impacto con la Luna en 2032, una hipótesis que movilizó observaciones detalladas.

El análisis realizado por el Telescopio Espacial James Webb descartó este escenario. El 2024 YR4 debería pasar a unos 21.240 kilómetros por encima de la superficie lunar el 22 de diciembre de 2032, una distancia considerada segura para los parámetros de defensa planetaria establecidos actualmente.

El tamaño estimado del cuerpo está entre 53 y 67 metros de diámetro, una dimensión suficiente para llamar la atención incluso con bajas probabilidades de colisión. El refinamiento de la órbita requirió dos observaciones específicas en febrero de 2026, precisamente cuando el objeto era demasiado débil para la mayoría de los telescopios convencionales del planeta.

La campaña fue liderada por el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, con la participación del astrónomo planetario Andrew Rivkin. El esfuerzo demuestra que incluso un equipo poderoso como el Webb depende de una planificación minuciosa y de la cooperación internacional para responder con agilidad cuando aparece un sospechoso relevante.

La entrada en escena del Observatorio Vera C. Rubin

El próximo gran paso de la defensa planetaria se está construyendo en Chile. El Observatorio Vera C. Rubin fue diseñado para monitorear el cielo de forma constante, señalando cambios con una agilidad nunca antes alcanzada en la astronomía profesional.

El sistema de alertas del equipo promete una escala impresionante de producción de datos. En una noche típica, el observatorio puede disparar millones de notificaciones sobre alteraciones en el cielo, un número que cambia completamente el tipo de respuesta que los científicos deben preparar en los próximos años.

La gran cuestión pasa a ser quién se encarga de lo que viene después de la alerta. Detectar un objeto es solo el primer paso, y cualquier asteroide poco luminoso puede perderse si no hay telescopios listos para seguir su trayectoria en las horas siguientes al descubrimiento inicial.

Este intervalo entre observación y comprensión es exactamente donde la comunidad científica ha estado trabajando. Transformar la avalancha de detecciones en rutas confiables y compartibles se ha convertido en una prioridad global, y la próxima década debería concentrar esfuerzos en este proceso de toma de decisiones internacional.

El plan de respuesta que aún se está montando

La construcción de este proceso de respuesta involucra a varias instituciones y equipos distribuidos por todo el mundo. El equipo de investigadores vinculados al MIT trabaja en un proceso que va desde la detección hasta la decisión sobre qué hacer con cada caso identificado.

El refuerzo observacional utiliza instalaciones como el Observatorio Haystack y los Observatorios Wallace para un seguimiento rápido después de la primera identificación. Los telescopios espaciales entran en una segunda capa, midiendo la luz infrarroja que ayuda a estimar el tamaño y las propiedades de la superficie de los asteroides en ruta cercana a la Tierra.

La coordinación internacional aún está en desarrollo, principalmente cuando el tema involucra cuerpos menores que amenazan más la infraestructura espacial que ciudades enteras. La Red Internacional de Alerta de Asteroides y el Grupo Asesor de Planificación de Misiones Espaciales, apoyados por la ONU, intentan coordinar esta respuesta entre fronteras.

La complejidad del desafío también aparece en lo que los científicos llaman una revolución en curso en este campo. En pocos años, el área debería pasar de una rutina restringida a algunos observatorios aislados a convertirse en una operación continua, integrada y con capacidad real de transformar el descubrimiento en una acción preventiva concreta.

El costo invisible de un GPS apagado por días

Para el ciudadano común, la discusión puede parecer demasiado distante. Pero el impacto práctico de cualquier falla a gran escala de la infraestructura espacial se sentiría en pocas horas en cualquier país conectado a esa red de servicios.

Sin un GPS funcional, las aplicaciones de transporte se detienen. Los mapas digitales se vuelven inútiles para repartidores y conductores, los sistemas bancarios que dependen de una ubicación precisa comienzan a fallar y la logística del comercio internacional sufre una ralentización inmediata. Incluso una breve interrupción en los satélites puede propagarse rápidamente por toda la economía digital, creando un efecto dominó poco dimensionado por la mayoría de las personas.

La previsión del tiempo también depende en gran medida de estos equipos en el espacio. Sin datos satelitales actualizados, las alertas de tormentas, huracanes e inundaciones pierden precisión y capacidad de anticipación, dejando a las comunidades expuestas a riesgos climáticos sin el tiempo de respuesta habitual.

Por eso, hablar de asteroides hoy dejó de ser exclusividad de películas catastróficas. Se convirtió en un tema de planificación de infraestructura crítica, y los próximos años deben mostrar si la humanidad logrará pasar de lo reactivo a lo preventivo antes de que el cielo cobre una demostración de este riesgo a escala real.

¿Y tú, te impresionó descubrir que el mayor riesgo de los asteroides para tu rutina no es un cráter gigante, sino la posible caída del GPS, la previsión del tiempo y los sistemas bancarios? ¿Te tomarías en serio un aviso de impacto que amenazara satélites en lugar de ciudades?

Cuéntanos en los comentarios si sigues las misiones de defensa planetaria, si confías en la coordinación internacional para reaccionar a tiempo cuando aparezca un cuerpo realmente peligroso y cómo te imaginas tu semana si te quedaras sin GPS, mapas y comunicación por satélite durante varios días seguidos. La discusión ayuda a entender cómo la sociedad brasileña percibe esta nueva frontera de la seguridad global.

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Bruno Teles

Hablo sobre tecnología, innovación, petróleo y gas. Actualizo diariamente sobre oportunidades en el mercado brasileño. Con más de 7.000 artículos publicados en los sitios web CPG, Naval Porto Estaleiro, Mineração Brasil y Obras Construção Civil. ¿Sugerencias de temas? Envíalas a brunotelesredator@gmail.com

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