NASA descubre bacteria que “simula estar muerta” y desafía la esterilización en salas espaciales. Conozca más sobre la Tersicoccus phoenicis.
La NASA identificó, en 2013, una bacteria capaz de sobrevivir a rigurosos procesos de esterilización en salas limpias utilizadas en el montaje de naves espaciales, pero solo recientemente —en 2025— los científicos lograron explicar cómo este microorganismo consigue escapar de la detección. Se trata de la Tersicoccus phoenicis, encontrada inicialmente tras muestras recolectadas en 2007 durante la preparación de una misión espacial. El descubrimiento, realizado en ambientes separados por unos 4 mil kilómetros, reveló una inusual capacidad de supervivencia basada en un estado de latencia profunda, lo que plantea preocupaciones sobre la contaminación en misiones espaciales y en ambientes altamente controlados en la Tierra.
De la recolección en 2007 al descubrimiento en 2013
La historia comenzó en 2007, cuando ingenieros recolectaron muestras del suelo de una sala de montaje en el Centro Espacial Kennedy durante la preparación del módulo Phoenix Mars. Años después, en 2013, científicos analizaron ese material e identificaron una bacteria hasta entonces desconocida.
El mismo organismo fue detectado también en una sala limpia en la Guayana Francesa, a aproximadamente 4 mil kilómetros de distancia. Este hecho llamó la atención por un motivo específico: era la primera vez que un microorganismo nuevo aparecía en dos ambientes extremadamente controlados y geográficamente separados.
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NASA reveló cómo la bacteria logró escapar
La respuesta a este comportamiento solo llegó más de una década después. En 2025, un estudio publicado en la revista científica Microbiology Spectrum explicó el mecanismo de supervivencia de la Tersicoccus phoenicis. Según los investigadores, la bacteria entra en un estado de latencia profunda, reduciendo su actividad a niveles casi imperceptibles. Esto impide que los métodos tradicionales puedan identificarla.
El microbiólogo Madhan Tirumalai describió el fenómeno de forma directa: “No está muerta. Estaba simulando estar muerta.” La declaración resume el principal desafío al que se enfrentan los científicos: diferenciar organismos realmente muertos de aquellos que solo están inactivos.
Las salas limpias utilizadas por la NASA están diseñadas para ser algunos de los ambientes más controlados del planeta. En estos lugares, se aplican diversas estrategias simultáneamente:
- Filtración continua del aire
- Control de presión para impedir la entrada de partículas
- Uso de radiación, calor y sustancias químicas
- Eliminación de cualquier fuente de humedad
Incluso con este conjunto de medidas, la presencia de la bacteria demostró que no todos los microorganismos son eliminados por completo. Este escenario indica que los ambientes extremadamente esterilizados pueden no ser infalibles.
La resistencia de la bacteria y la adaptación al ambiente extremo
La Tersicoccus phoenicis no solo sobrevive, sino que también se adapta a condiciones consideradas hostiles para la vida. Sin nutrientes, expuesta a productos químicos y sometida a condiciones adversas, encuentra una forma de persistir.
Una de las estrategias implica la latencia, que permite al microorganismo «apagar» temporalmente sus funciones vitales. En algunos casos, las bacterias también pueden formar estructuras resistentes o incluso utilizar compuestos presentes en los productos de limpieza. Este comportamiento sugiere que el propio intento de eliminar microorganismos puede favorecer la supervivencia de los más resistentes.
La preocupación aumentó con descubrimientos más recientes. En 2025, científicos identificaron 26 nuevas bacterias en muestras recolectadas en salas limpias. Además, a lo largo de los años, cientos de microorganismos ya han sido encontrados en estos ambientes, tanto en la NASA como en la Agencia Espacial Europea.

El biólogo Nils Averesch destacó que la diversidad microbiana aún existe en estos lugares altamente controlados, indicando que el problema está lejos de ser totalmente resuelto.
La presencia de bacterias resistentes representa un riesgo significativo para la exploración espacial. Las misiones que buscan señales de vida en otros planetas dependen de ambientes completamente libres de contaminación terrestre.
En caso de que los microorganismos de la Tierra sean transportados accidentalmente, pueden comprometer los resultados de los análisis científicos. Además, existe la preocupación por la salud de los astronautas, especialmente en viajes largos.
NASA y el riesgo invisible en misiones tripuladas
Incluso con protocolos rigurosos, como períodos de cuarentena antes de los lanzamientos, la posibilidad de que los microorganismos permanezcan en las naves no puede descartarse. Otro factor relevante es que el sistema inmunológico humano puede sufrir alteraciones en el ambiente espacial, lo que puede dificultar la respuesta a posibles infecciones.
Hasta el momento, no hay registros de enfermedades graves causadas por este tipo de bacteria en misiones, pero el tema sigue siendo monitoreado con atención. Los investigadores identificaron que la Tersicoccus phoenicis posee un gen ligado a una proteína llamada factor promotor de resucitación (RPF).
Este elemento permite que la bacteria vuelva a la actividad después de largos períodos de latencia. En pruebas de laboratorio, cuando se introdujo este factor, las células volvieron a crecer — en algunos casos después de varios días.
Tirumalai describió el efecto de forma enfática: “Pero en el momento en que le añades el RPF: ¡boom!” Esta reacción demuestra cómo el microorganismo puede permanecer oculto y, de repente, regresar a la actividad.

Consecuencias que van más allá de la NASA y del espacio
Aunque el descubrimiento está ligado a la exploración espacial, sus implicaciones se extienden a diversos sectores en la Tierra. Ambientes como hospitales, industrias alimentarias y laboratorios farmacéuticos también dependen de niveles elevados de esterilización. La existencia de bacterias capaces de escapar a la detección puede representar riesgos en estos lugares.
El bioquímico William Widger destacó la preocupación al afirmar que algunos de estos organismos pueden ser problemáticos, especialmente si no son identificados correctamente. Con base en los descubrimientos más recientes, los científicos defienden cambios en los métodos de detección. Una de las estrategias implica estimular la “activación” de las bacterias latentes para facilitar su identificación.
Otro enfoque es analizar material genético, incluso cuando no hay crecimiento visible en laboratorio. Estas medidas pueden ayudar a reducir riesgos tanto en misiones espaciales como en ambientes críticos en la Tierra.
La trayectoria de la Tersicoccus phoenicis — desde la recolección en 2007, pasando por la identificación en 2013, hasta la explicación científica en 2025 — muestra cómo la ciencia puede tardar años en comprender completamente un fenómeno. A lo largo de este período, la NASA avanzó en la comprensión de los límites de la esterilización y reveló que los microorganismos pueden desarrollar estrategias sorprendentes de supervivencia.
Con información de National Geographic

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