Redescubrimiento de especie rara en Madagascar revela detalles inéditos sobre comportamiento, apariencia y ciclo de vida, tras más de un siglo sin registros científicos confirmados, destacando desafíos de investigación en ambientes remotos y reforzando la importancia de la conservación en ecosistemas amenazados.
Un camaleón raro de Madagascar volvió al centro de atención científica tras investigadores localizar ejemplares vivos de la especie Furcifer voeltzkowi, conocido como camaleón de Voeltzkow, durante una expedición en el noroeste de la isla.
El reencuentro puso fin a un intervalo de más de un siglo sin registros confirmados y además permitió la documentación detallada de hembras vivas, algo que la literatura científica no había descrito hasta entonces.
El redescubrimiento fue asociado a una búsqueda dirigida realizada en 2018, cerca de la localidad histórica de la especie en Madagascar.
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Según Re:wild, la misión duró dos semanas y recolocó al animal entre los casos más emblemáticos de especies “perdidas” reencontradas en las últimas décadas.
El trabajo científico fue publicado en octubre de 2020 en la revista Salamandra, que trató el hallazgo como un redescubrimiento acompañado de nuevas evidencias sobre morfología, genética y conservación.
Expedición en Madagascar encuentra 18 camaleones vivos

A lo largo de la campaña de campo, el equipo registró 18 individuos vivos, siendo tres machos adultos, una hembra adulta y 14 jóvenes.
Este total aparece en el artículo científico como el conjunto de animales observados y analizados durante el redescubrimiento, con recolección de datos sobre coloración, medidas corporales y material genético.
El número llamó la atención porque la especie había permanecido fuera del radar científico durante décadas, a pesar de sobrevivir en un área restringida y de difícil acceso.
El estudio también aclaró un punto que suele ser simplificado en relatos populares sobre el caso.
La especie no había sido oficialmente declarada extinta a nivel global; se trataba como un animal “perdido”, sin observaciones confirmadas durante mucho tiempo, y la propia página de Re:wild la presenta de esta forma.
En la misma página, la organización informa que el camaleón permaneció 107 años sin registros y aún aparece como no evaluado en la Lista Roja de la IUCN.
Las hembras coloridas sorprenden a los investigadores
Aunque el regreso del camaleón a los registros ya era suficiente para movilizar a zoologistas y conservacionistas, el aspecto más destacado del descubrimiento vino de las hembras.
El artículo relata que los machos tienen coloración predominantemente verde, mientras que las hembras exhiben un patrón mucho más variable y pueden presentar tonos intensos y contrastes visuales inusuales.
Esta diferencia sexual ayudó a transformar un reptil casi desconocido en uno de los redescubrimientos más comentados de ese año.

La Re:wild resumió este resultado diciendo que la expedición no solo reencontró la especie, sino que reveló que las hembras son “muy coloridas”.
El trabajo científico es más cauteloso y afirma que la coloración femenina es altamente variable y puede ser extremadamente colorida, formulación relevante porque evita exageraciones y ancla la descripción en observaciones de campo.
Además de la apariencia, el estudio mostró que la especie es sexualmente dimórfica, con diferencias perceptibles entre machos y hembras en la forma del cuerpo y en características de la cabeza.
Esto amplió el conocimiento disponible sobre el animal, que durante mucho tiempo fue conocido sobre todo a partir de pocos ejemplares históricos masculinos recolectados hace más de cien años.
Ciclo de vida corto puede explicar desaparición
Los investigadores plantean una explicación plausible para la prolongada desaparición: el ciclo de vida del camaleón de Voeltzkow puede ser extremadamente corto después de la eclosión, en un patrón similar al del camaleón de Labord.
El artículo afirma que Furcifer voeltzkowi tal vez viva solo unos meses durante la estación lluviosa, pasando buena parte de su existencia aún en el huevo.
Este factor reduce drásticamente la ventana en la que los adultos pueden ser encontrados en la naturaleza.
Este detalle biológico se suma a un obstáculo geográfico importante.
Los autores observan que muchas carreteras del área de ocurrencia quedan inaccesibles precisamente en el período húmedo, cuando los animales adultos estarían presentes.
En otras palabras, encontrar la especie depende no solo de saber dónde buscarla, sino también de llegar al hábitat en el momento exacto del año.
La diferencia genética confirma nueva clasificación de la especie
Otro resultado relevante de la investigación fue la confirmación de que el camaleón de Voeltzkow es, de hecho, una especie distinta de Furcifer labordi, el camaleón de Labord.

Los autores compararon morfología, coloración y secuencias de ADN nuclear y mitocondrial.
El análisis concluyó que hay suficiente diferenciación para separar con claridad las dos especies, aunque estén emparentadas.
Esta distinción tiene peso taxonómico y práctico para la ciencia.
Durante décadas, Furcifer voeltzkowi llegó a ser tratado como sinónimo de otras formas similares. Esto contribuyó a la escasez de datos confiables sobre distribución, biología y estado de conservación.
Las presiones ambientales aumentan la alerta para la conservación
El artículo estima que el área de ocurrencia de la especie es de alrededor de 1.000 km².
Los investigadores sugieren que se ajuste a criterios de amenaza por fragmentación poblacional y declive continuo de la calidad del hábitat.
El paisaje en la región sufre presión por pérdida y degradación ambiental. Este escenario se considera sensible en Madagascar, una isla reconocida por la concentración de especies endémicas.
El redescubrimiento tiene valor científico y conservacionista al mismo tiempo. Muestra que la ausencia prolongada de registros no es suficiente para cerrar la historia de una especie.
También indica que reencontrar un animal raro no resuelve automáticamente su futuro.
En el caso del camaleón de Voeltzkow, el regreso a los registros formales vino acompañado de una base más sólida para estudios y conservación.
En el universo de las especies perdidas, el caso aún ganó dimensión simbólica.
La Re:wild clasificó al camaleón como la sexta especie de su lista de más buscadas en ser reencontrada.
Este dato ayuda a explicar la repercusión internacional del episodio. El núcleo del descubrimiento, sin embargo, permanece científico: un reptil descrito en el siglo 19, visto por última vez en 1913, volvió a ser estudiado como organismo vivo.

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