Pareja británica cultiva árbol Wollemia nobilis en Wichenford, semillas raras valen hasta £5 mil y los ingresos serán revertidos a instituciones benéficas
Una pareja británica se sorprendió con el resultado de un árbol raro plantado en su patio. Pamela y Alistair Thompson, residentes de Wichenford, en la Inglaterra, compraron en 2010 un ejemplar de Wollemia nobilis por £70, equivalente a R$ 512,60. La especie, conocida como pino-dinosaurio australiano, ha existido por más de 90 millones de años y ya había sido considerada extinta.
Árbol raro comienza a producir semillas
Plantado hace 15 años, el árbol comenzó recientemente a producir semillas. Cada una de ellas puede alcanzar hasta £10, aproximadamente R$ 73,20.
Las primeras cinco piñas encontradas en el jardín produjeron cientos de semillas, sorprendiendo a la pareja por la cantidad justo en el primer año de fructificación.
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Las piñas varían en tamaño, y algunas más grandes pueden contener alrededor de 100 semillas. Por lo tanto, el rendimiento total de la cosecha puede superar las expectativas iniciales.

Potencial de lucro y preservación
A pesar de que la producción actual puede generar hasta £5.000, equivalente a R$ 36.600 en la cotización actual, la pareja tiene otros planes. Pretenden vender cada semilla por solo £1, equivalente a R$ 7,32.
Además, el objetivo es recaudar fondos para instituciones benéficas y hacer que la planta sea más accesible al público.
Dado que se trata de una especie críticamente amenazada de extinción, se espera que las semillas cultivadas puedan ayudar directamente en la preservación del pino-dinosaurio.
Jardín abierto al público
El domingo, 24 de agosto, Pamela y Alistair abrieron el jardín al público como parte del National Garden Scheme.
El programa británico fomenta visitas a jardines privados con fines benéficos y atrae a curiosos para conocer especies raras.
Además, la iniciativa de la pareja une preservación, solidaridad y la oportunidad de acercar a la población a un árbol que ha resistido por millones de años y ahora florece en suelo británico.
Con información de Casa y Jardín.
¿Te gustan los casos curiosos? Entonces te puede gustar: Bares en Japón decidieron vender bofetadas

En los bares, las personas buscan momentos diferentes. Algunos solo quieren beber, otros prefieren encontrar amigos y también hay quienes buscan suerte en el amor. En algunos lugares, existía una opción inesperada: pagar por una bofetada para “recuperar la sobriedad”.
Esta fue la propuesta de una red tradicional japonesa hasta hace poco. Por un precio bajo, alrededor de tres euros, los camareros ofrecían bofetadas sonoras y marcadas. La idea parecía excéntrica, pero tenía un espacio en el menú de izakayas, bares típicos del país.
Bofetadas à la carte
En un menú común de bar, aparecen refrescos, cervezas y algunos aperitivos. Por lo tanto, es curioso imaginar una lista con bofetadas à la carte. La Yotteba, famosa por sus alas de pollo y por la cerveza, ofreció exactamente eso.
Según reportajes del Independent y del South China Morning Post (SCMP), hasta hace dos meses, la cadena permitía que los clientes pagaran para recibir un “binta”, nombre dado a la bofetada en la cara.
La noticia generó sorpresa, pero no era una invención. Había incluso videos en las redes sociales mostrando a personas sentadas, inmóviles, esperando que las camareras aplicaran la bofetada, mientras amigos aplaudían y reían.
Una bofetada, 19 reales
Los precios estaban bien definidos. Para recibir la bofetada de cualquier camarero, solo había que pagar 500 yenes, equivalente a R$ 19.
También había la opción de elegir quién daría la bofetada. En ese caso, el costo subía 100 yenes, cerca de R$ 4 adicionales.
Así, por menos de R$ 25, el cliente podía salir del bar con la marca de la mano de su camarero favorito estampada en la mejilla.
El motivo, de acuerdo con la propia empresa citada por el SCMP, era simple: ofrecer un método para recuperar la sobriedad después de exagerar con el sake o la cerveza.
Remontando al siglo 19
El término “binta” tiene historia. El Independent explica que su origen remonta a la región de Kagoshima, en el sur de Japón.
Inicialmente significaba “cabeza”. Con el tiempo, entre el siglo 19 y principios del 20, durante la era Meiji, pasó a asociarse con golpes dados por la policía a criminales.
A pesar de estas raíces, el término ganó nuevo espacio en contextos más ligeros, como la hospitalidad. En los videos, las bofetadas se aplican en medio de risas, en un ambiente relajado, como parte de una escena curiosa de la cultura de bares.
Un negocio con puntos débiles
La idea inusual, sin embargo, no prosperó. La Yotteba decidió terminar el servicio de bofetadas en octubre. La cadena justificó el cambio por razones de demanda e imagen.
“Hemos estado haciendo esto durante más de dos años en nuestros restaurantes, pero no parecía muy popular”, afirmó un portavoz a This Week in Asia. Además, explicó que la empresa está creciendo y desea cambiar su imagen.
También, según medios como el SCMP, hubo incluso una denuncia de lesiones. Esto pudo haber acelerado el fin de la práctica, a pesar de que el tono se describía como “una broma”.
Otras experiencias similares
La Yotteba no fue la única en explorar esta curiosidad. Antes de la pandemia, la cadena Shachihoko-ya también ofreció bofetadas a sus clientes.
La iniciativa ganó repercusión en las redes, con videos virales de personas recibiendo bofetadas entre risas.
La empresa abandonó el servicio, pero en 2023 los videos resurgen y vuelven a circular incluso en medios de Europa y EE. UU.
La dirección tuvo que reforzar que el menú actual incluye solo comidas y bebidas, nada de bofetadas.
Otro ejemplo fue la Nagoya Lady’s Slap. En este caso, el precio era de 300 yenes, cerca de R$ 11. El cliente recibía la bofetada de una camarera vestida con kimono.
Si prefería que quien aplicara la bofetada, pagaba un costo extra, siguiendo la misma lógica de la Yotteba.
Curioso sí, extraño no
La práctica generó asombro fuera de Japón, pero no fue exactamente una novedad dentro del país. Entre aplausos y risas, muchos clientes registraron los momentos en videos compartidos en redes.
Sin embargo, las empresas del sector terminaron abandonando el servicio. Los bares decidieron preservar su imagen, apostando por menús más tradicionales.
El caso de los “binta” muestra cómo hasta el simple acto de beber puede ganar versiones excéntricas. Bofetadas a la carta salieron de escena, pero dejaron recuerdos de una moda curiosa en los bares japoneses.
Con información de Xataka.

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