Aún frente a logros impresionantes, como el Kola Superdeep Borehole (12,2 km) y la gigantesca mina Bingham Canyon (1,2 km), excavar hasta llegar a China requeriría atravesar cerca de 12.700 km de Tierra, un desafío que supera cualquier conquista de la ingeniería moderna.
¿Quién no ha escuchado, cuando niño, que si seguía cavando en el suelo del patio llegaría al otro lado del mundo? La expresión excavar hasta llegar a China es famosa y alimenta el imaginario infantil, pero desde el punto de vista científico, las cosas no funcionan así. Investigaciones sobre la estructura interna de la Tierra, como las analizadas por el geofísico Andrew Gase, de la Boise State University, indican que atravesar el planeta de punta a punta es mucho más complejo de lo que parece.
Además de China, la Tierra está dividida en tres capas principales: corteza, manto y núcleo. La corteza es tan delgada en comparación con el diámetro del planeta como la cáscara de una manzana en relación con la fruta. Justo debajo, el manto, hecho de rocas pesadas y densas, se mueve lentamente, con material caliente subiendo y más frío bajando, en un ciclo continuo. En el centro, el núcleo, parte líquida, parte sólida, alcanza temperaturas y presiones absurdamente altas, imposibles de ser superadas por cualquier equipo actual.
Cuanto más profundo el agujero, mayor la presión

Además de la composición interna de la Tierra, hay otra barrera para llegar a China: la presión ejercida por las capas superiores sobre las inferiores. Cuanto más profundo el agujero, mayor la presión sobre las paredes, lo que hace prácticamente inviable la formación de un pasaje recto y estrecho.
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En minas a cielo abierto, como la famosa Bingham Canyon, en Estados Unidos, la proporción entre profundidad y anchura debe ser cuidadosamente calculada para evitar deslizamientos, incluso con toda la tecnología e ingeniería empleadas.
Excavar hasta llegar a China es prácticamente imposible
Ahora imagina intentar excavar hasta llegar a China manteniendo la estabilidad: sería necesario crear una apertura varias veces mayor que el propio diámetro de la Tierra, un absurdo en la práctica.
La perforación, por otro lado, puede llegar más profundo que la simple excavación, pero también enfrenta límites rigurosos. El pozo más profundo hecho por el ser humano, el Kola Superdeep Borehole, en Rusia, alcanzó 12,2 kilómetros, muy poco, si consideramos los casi 12.700 kilómetros del diámetro de la Tierra.
Al avanzar cada centímetro, problemas como altas temperaturas, derretimiento del equipo, presiones gigantescas e inestabilidad de las paredes del pozo se acumulan, convirtiendo el sueño de excavar hasta llegar a China en algo imposible con las técnicas actuales.
Aun así, avances científicos y desafíos superados en la exploración del subsuelo nos permiten aprender cada vez más sobre la Tierra. Aunque no podamos atravesarla de un lado a otro, estudios y perforaciones profundas, como en el Kola Superdeep Borehole, y excavaciones colosales, como en Bingham Canyon, alimentan el conocimiento sobre el planeta y sus capas interiores.

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