Descubrimiento en la cueva Arne Qvamgrotta reúne huesos y ADN antiguo de animales marinos, terrestres, aves y peces, revelando cómo era el Ártico durante la Era del Hielo
Una cueva en Noruega reveló restos mortales de 46 especies que vivieron hace unos 75,000 años en el Ártico, incluyendo osos polares, morsas, ballenas de Groenlandia, aves y peces. El estudio, publicado en PNAS, muestra un raro registro de un ecosistema costero antiguo preservado en la cueva Arne Qvamgrotta.
Hallazgo preserva un raro retrato del Ártico antiguo
El descubrimiento ocurrió en la cueva Arne Qvamgrotta, en el norte de Noruega, y es considerado importante porque registros de ambientes árticos con más de 10,000 años son muy difíciles de encontrar.
Según los investigadores, el sitio preserva uno de los registros más antiguos conocidos de un ecosistema ártico de ese período.
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La colección muestra un paisaje en el que animales marinos, terrestres, aves y peces compartían la misma región.
La cueva fue descubierta por casualidad en la década de 1990, cuando trabajos de minería llevaron a la construcción de un túnel a través de una montaña cercana.
Aunque conocida desde hace décadas, permaneció prácticamente inexplorada hasta grandes excavaciones realizadas en 2021 y 2022.

Huesos de 46 especies muestran riqueza animal
Los restos encontrados pertenecen a 46 tipos diferentes de animales. Entre las especies identificadas están osos polares, morsas, ballenas de Groenlandia, frailecillos, eiders comunes, lagópodos de roca y bacalaos del Atlántico.
Uno de los descubrimientos que más llamó la atención fue el lemming de collar. La especie está extinta en Europa y nunca había sido descubierta en Escandinavia, lo que aumenta la relevancia del material preservado en la cueva.
La profesora Sanne Boessenkool, de la Universidad de Oslo, afirmó que la cueva reveló una mezcla diversa de animales en un ecosistema costero que representa tanto el ambiente marino como el terrestre.
ADN antiguo apunta a poblaciones que desaparecieron
Además de los huesos, los científicos analizaron ADN antiguo preservado en los restos mortales. Las evidencias genéticas indican que las líneas animales que vivían en la región hace 75.000 años no sobrevivieron tras el retorno de condiciones climáticas más frías.
El estudio señala que estas especies migraron al área después del retroceso de los glaciares. Luego, con la expansión del hielo sobre el paisaje, las poblaciones representadas en la cueva terminaron desapareciendo.
El autor principal, Dr. Sam Walker, de la Universidad de Bournemouth y de la Universidad de Oslo, describió el descubrimiento como “un raro vistazo a un mundo ártico desaparecido”.
Los resultados genéticos tienen un peso especial porque hay poca información directa sobre la vida en el Ártico durante esta fase de la Era del Hielo. La falta de restos bien preservados hace que hallazgos como este sean más valiosos para la investigación.

Hielo, tundra, ríos y mar compartían el mismo paisaje
Los restos de animales también ayudan a entender cómo era el norte de Noruega hace unos 75.000 años. Los investigadores creen que la costa estaba prácticamente libre de hielo en ese período, lo que creaba condiciones para la migración de renos.
La presencia de peces de agua dulce indica la existencia de lagos y ríos esparcidos por la tundra. Al mismo tiempo, especies como ballenas de Groenlandia y morsas apuntan a la presencia de hielo marino a lo largo de la costa.
El descubrimiento de restos de marsopas comunes añade otra información importante. Como estos animales tienden a evitar aguas cubiertas de hielo, los científicos creen que el hielo marino probablemente era estacional, y no permanente.
Cambios climáticos ayudan a explicar la desaparición
El equipo afirma que los descubrimientos muestran cómo las poblaciones adaptadas al frío reaccionaron cuando el ambiente cambió nuevamente. Para Walker, el hallazgo destaca la dificultad de estas especies para enfrentar grandes eventos climáticos.
También relacionó el caso con los desafíos actuales en el Ártico, donde el calentamiento climático ocurre a un ritmo acelerado. Según el investigador, los hábitats actuales de estas especies son mucho más fragmentados que hace 75.000 años.
Boessenkool observó que el cambio ambiental registrado en la cueva fue una transición hacia condiciones más frías.
Para ella, si las especies adaptadas al frío tuvieron dificultades en el pasado, la adaptación a un clima más cálido puede ser aún más difícil.
Este artículo fue elaborado con base en información del estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), con datos, números y declaraciones preservados conforme el material consultado.


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