Científicos crean esófago bioingenierizado que funciona sin rechazo en animal, avance puede transformar trasplantes humanos.
El 20 de marzo de 2026, investigadores del Great Ormond Street Hospital en colaboración con el University College London anunciaron un avance que podría redefinir el futuro de los trasplantes: la creación de un esófago bioingenierizado funcional, implantado con éxito en un animal vivo, restaurando la deglución sin necesidad de inmunosupresión. La información fue divulgada oficialmente por la institución, que detalló el experimento como el más avanzado jamás documentado en la ingeniería de órganos tubulares.
El estudio demostró que el órgano no solo se integró al cuerpo del animal, sino que también creció junto con el organismo y comenzó a desempeñar funciones naturales, algo que hasta hoy era uno de los principales obstáculos de la medicina regenerativa. El dato más relevante es que el tejido fue construido con células del propio receptor, eliminando el riesgo de rechazo inmunológico, que hoy es una de las mayores limitaciones de los trasplantes tradicionales.
Continúe leyendo a continuación para entender cómo se creó este esófago, por qué funciona sin rechazo y cómo este avance puede impactar directamente el tratamiento de enfermedades graves en humanos.
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Ingeniería de tejidos crea esófago funcional que sustituye parte completa del órgano
El experimento realizado por los científicos británicos logró algo que la medicina ha intentado durante décadas: reemplazar una sección completa de un órgano complejo y hacer que funcione de forma natural.
El esófago bioingenierizado fue implantado en un animal en crecimiento, donde permitió el paso normal de alimentos, restaurando la deglución.
Según los datos divulgados, el órgano fue capaz de:
- mantener un flujo alimentario continuo,
- integrarse a los tejidos circundantes,
- desarrollar una estructura funcional a lo largo del tiempo.
Esto representa un salto técnico importante, porque los órganos tubulares como el esófago exigen coordinación mecánica, elasticidad e integración con músculos y tejidos adyacentes.
La estructura del órgano fue creada a partir de un “scaffold” biológico y células del propio organismo
El proceso utilizado no implicó simplemente “imprimir” un órgano. Los científicos usaron una técnica conocida como descelularización y recelularización.

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