Una expedición científica liderada por la Universidad Ártica de Noruega (UiT) reveló, en mayo de 2023, algo que parecía imposible: un volcán de lodo activo escondido dentro de un cráter gigante en el fondo del Océano Ártico. Además, el hallazgo sacó a la luz un ecosistema entero que sobrevive de metano en lugar de luz solar.
El volcán, bautizado como Borealis, fue encontrado a 400 metros de profundidad en el Mar de Barents, a unas 70 millas náuticas al sur de la Isla del Oso, en Noruega. Sin embargo, lo más impresionante no era solo la actividad volcánica submarina en sí.
De esta forma, el descubrimiento reavivó el debate sobre cómo la vida puede prosperar en los ambientes más extremos del planeta. De hecho, los científicos creen que este tipo de ecosistema puede ayudar a entender cómo surgió la vida en la Tierra primitiva.
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Científicos encuentran volcán de lodo activo escondido en un cráter de 300 metros en el fondo del Ártico — y descubren vida que sobrevive de metano en lugar de luz solar
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Científicos encuentran volcán de lodo activo escondido en un cráter de 300 metros en el fondo del Ártico — y descubren vida que sobrevive de metano en lugar de luz solar
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Científicos encuentran volcán de lodo activo escondido en un cráter de 300 metros en el fondo del Ártico — y descubren vida que sobrevive de metano en lugar de luz solar
Un cráter de 300 metros escondido en el fondo del Ártico
El volcán de lodo Borealis se encuentra dentro de un cráter de 300 metros de ancho y 25 metros de profundidad. Según los investigadores, esta gigantesca depresión se formó hace aproximadamente 18 mil años, justo después del final de la última Era Glacial.
En este sentido, el cráter habría sido creado por una explosión catastrófica de metano que rompió el fondo marino. Consecuentemente, el gas acumulado bajo capas de hielo y sedimentos encontró una salida violenta cuando los glaciares comenzaron a retroceder.
Sobre todo, el propio cono del volcán es relativamente pequeño. Mide solo 7 metros de diámetro y 2,5 metros de altura. Sin embargo, su actividad es continua e impresionante para los estándares árticos.
Por lo tanto, a pesar de su modesto tamaño, el Borealis expulsa constantemente lodo, fluidos ricos en metano y gases directamente del interior de la Tierra. Además, funciona como una verdadera ventana a los procesos geológicos que ocurren a kilómetros de profundidad.

La expedición AKMA3 y el momento del descubrimiento
El descubrimiento ocurrió durante la expedición del proyecto AKMA3 (Advancing Knowledge of Methane in the Arctic). Según lo informado por el equipo, la misión tenía como objetivo mapear emisiones naturales de metano en las gélidas aguas del Ártico noruego.
Por otro lado, nadie esperaba encontrar un volcán de lodo activo en esa región. El equipo navegó a bordo del buque de investigación Kronprins Haakon y utilizó el sumergible ROV Aurora para explorar el fondo marino.
De hecho, los investigadores pudieron observar la erupción de lodo en tiempo real a través de las cámaras del ROV. La profesora Giuliana Panieri, líder de la expedición e investigadora principal del AKMA, describió el momento como inolvidable.
Según ella, «ver una erupción de lodo submarina en tiempo real me recordó lo vivo que está nuestro planeta». Además, Panieri destacó que no se excluye la posibilidad de que existan otros volcanes similares en el Mar de Barents.
En este sentido, el proyecto AKMA se inició en 2019 y contó con la colaboración de REV Ocean, una organización dedicada a la conservación oceánica. Consecuentemente, la colaboración entre universidades y organizaciones ambientales fue esencial para viabilizar la expedición.
De esta forma, el Borealis se convirtió en el segundo volcán de lodo registrado en aguas noruegas. El primero había sido descubierto en 1995, casi tres décadas antes.
Metano en el Ártico y las implicaciones climáticas
El metano liberado por el volcán Borealis no es solo una curiosidad geológica. Sobre todo, se trata de un gas de efecto invernadero hasta 34 veces más potente que el dióxido de carbono en un período de 100 años.
Por lo tanto, comprender cómo y cuánto metano escapa naturalmente del fondo del Ártico es fundamental para los modelos climáticos globales. Además, el calentamiento de las aguas árticas puede estar acelerando la liberación de metano atrapado en sedimentos congelados.
Sin embargo, los científicos resaltan que las emisiones del Borealis son naturales y ocurren desde hace milenios. De hecho, el cráter se formó cuando los glaciares de la última Era Glacial comenzaron a derretirse hace unos 18 mil años.
Según explican los investigadores de la Universidad de Padua, que también participó en los estudios, el Borealis ofrece una oportunidad rara de estudiar procesos geológicos profundos en actividad.
En este sentido, proyectos como AKMA son fundamentales. Al fin y al cabo, el Ártico es una de las regiones que más se calienta del planeta, y comprender las fuentes naturales de metano ayuda a separar las emisiones antrópicas de las geológicas.

Quimiosíntesis: vida que prescinde de la luz solar
Uno de los aspectos más fascinantes de la región del volcán Borealis es la presencia de vida que no depende de la fotosíntesis. De esta forma, en lugar de usar la energía del sol, los organismos locales se alimentan a través de la quimiosíntesis.
En este proceso, bacterias especializadas obtienen energía a partir de reacciones químicas que involucran metano y otros compuestos. Además, estas bacterias forman la base de una cadena alimentaria completamente independiente de la luz solar.
Sobre todo, este tipo de ecosistema ya ha sido documentado en otros lugares del planeta, como fuentes hidrotermales en el fondo del océano. Sin embargo, encontrarlo asociado a un volcán de lodo activo en el Ártico es particularmente raro y significativo.
Por lo tanto, los llamados cold seeps —lugares donde el metano y otros fluidos se filtran lentamente del fondo marino— sustentan comunidades biológicas sorprendentes. De hecho, alfombras blancas de bacterias cubren frecuentemente las rocas alrededor de estas fuentes.
En consecuencia, animales como gusanos tubulares, esponjas, estrellas de mar y crustáceos pueden colonizar estas áreas. Por otro lado, la diversidad y abundancia varían enormemente según la intensidad de las emisiones de metano.

Un ecosistema extremo en las profundidades heladas
A 400 metros de profundidad, donde la luz solar simplemente no llega, la vida encontró una forma alternativa de prosperar. Además, las condiciones de presión y temperatura a esta profundidad son extremadamente hostiles para la mayoría de los organismos.
Según demuestran estudios anteriores sobre ambientes similares, anémonas, corales de agua fría y arañas de mar pueden habitar regiones de fuga de metano. De esta forma, cada descubrimiento de un nuevo lugar activo amplía el conocimiento sobre la resiliencia de la vida.
En este sentido, la tecnología de los ROVs (vehículos operados remotamente) fue esencial para documentar estas comunidades. Sobre todo, sin el sumergible Aurora, sería imposible observar directamente lo que sucedía dentro del cráter de 300 metros.
De hecho, las innovaciones tecnológicas en materiales y purificación de agua pueden beneficiarse del estudio de estos organismos extremófilos. Por lo tanto, la ciencia básica desarrollada en estas expediciones puede tener aplicaciones prácticas inesperadas en el futuro.
La importancia estratégica del Ártico noruego
Noruega es una de las naciones líderes en la exploración científica del Ártico. Además, la región del Mar de Barents tiene una enorme importancia económica debido a las reservas de petróleo y gas natural.
Sin embargo, descubrimientos como el volcán Borealis muestran que el fondo del mar ártico aún guarda secretos geológicos y biológicos sorprendentes. En consecuencia, equilibrar la explotación de recursos con la preservación ambiental se vuelve cada vez más urgente.
Según la profesora Panieri, la existencia de otros volcanes de lodo en la región es una posibilidad real. De esta forma, futuras expediciones deben mapear áreas aún inexploradas del fondo marino noruego.
En este sentido, el Ártico funciona tanto como polo de operaciones energéticas como laboratorio natural para la ciencia. Por otro lado, el cambio climático amenaza con transformar radicalmente este ambiente antes de que podamos comprenderlo por completo.
Sobre todo, cada expedición al Ártico produce datos valiosos sobre el funcionamiento del planeta. Por lo tanto, invertir en investigación oceanográfica en esta región no es solo una cuestión científica, sino también de seguridad climática global.
Advertencias y limitaciones del estudio
Es importante destacar que la información sobre el ecosistema quimiosintético asociado a Borealis aún está en fase de investigación. Además, la comunidad científica espera publicaciones revisadas por pares con datos biológicos más detallados.
Sin embargo, la presencia de vida basada en quimiosíntesis en filtraciones frías y volcanes de lodo submarinos ya está ampliamente documentada en otras regiones, como el Golfo de México y el Mar Negro. De hecho, las condiciones encontradas en Borealis son compatibles con este tipo de ecosistema.
De esta forma, aunque el descubrimiento del volcán y del cráter estén confirmados por la UiT, los detalles sobre especies específicas y la extensión de la biodiversidad local aún dependen de análisis de laboratorio futuros. Por lo tanto, los datos presentados en este artículo reflejan el estado actual del conocimiento publicado.

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