La supervivencia extrema registrada en laboratorio revela una capacidad inédita de un organismo multicelular para resistir miles de años congelado y retomar la actividad vital, ampliando los límites conocidos de la vida en ambientes extremos y planteando nuevas cuestiones científicas sobre la preservación biológica.
Tras permanecer congelado durante aproximadamente 24 mil años, un rotífero bdelloideo microscópico volvió a la actividad en el permafrost de Siberia y logró reproducirse en laboratorio, según un estudio publicado en la revista científica Current Biology.
Según un artículo publicado por el periódico O Globo este domingo (26), la investigación indica que el organismo permaneció preservado desde el Pleistoceno Superior, período marcado por la última era glacial, lo que amplía el interés científico sobre la resistencia de formas de vida multicelulares.
A diferencia de los microorganismos simples, el caso llama la atención por involucrar a un animal con estructuras biológicas más complejas, lo que convierte su supervivencia a la congelación prolongada en un fenómeno considerado raro y de difícil explicación dentro de los patrones conocidos.
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¿Qué es el rotífero y por qué sorprendió a los científicos?
Identificado como un rotífero bdelloideo, el organismo pertenece a un grupo conocido por su capacidad de resistir condiciones ambientales extremas, especialmente en ambientes acuáticos o húmedos donde suele habitar en estado activo.
Cuando se exponen a situaciones adversas, como frío intenso, escasez de agua o ausencia de oxígeno, estos animales microscópicos logran entrar en un estado de latencia, reduciendo drásticamente sus funciones vitales para garantizar la supervivencia.

En el experimento, el espécimen fue recuperado de capas profundas del permafrost siberiano, cuya edad fue estimada por datación por radiocarbono, reforzando la evidencia de que el organismo permaneció congelado durante decenas de miles de años.
Ya en un ambiente controlado, tras el descongelamiento gradual, el rotífero no solo retomó sus funciones biológicas, sino que también originó un cultivo clonal por partenogénesis, una forma de reproducción asexual común en este grupo.
La criptobiosis explica la supervivencia durante miles de años
Asociada directamente a la supervivencia del organismo, la criptobiosis es un estado biológico en el que la actividad metabólica desciende a niveles casi indetectables, permitiendo que el animal atraviese períodos prolongados de condiciones ambientales extremas.
Durante este proceso, las funciones esenciales se interrumpen prácticamente, lo que reduce el daño celular con el tiempo y permite que el organismo permanezca viable incluso después de largos períodos sin actividad metabólica regular.
Según el investigador Stas Malavin, uno de los autores del estudio, el trabajo representa una de las evidencias más robustas de que los animales multicelulares pueden soportar decenas de miles de años en este estado de metabolismo casi completamente interrumpido.
Además, el ambiente de permafrost, caracterizado por temperaturas constantemente bajas y baja actividad biológica, actúa como un sistema natural de preservación, manteniendo organismos y materia orgánica aislados de la degradación durante largos períodos.
En este contexto, la combinación de frío intenso, ausencia de luz y estabilidad ambiental contribuyó a reducir los procesos de descomposición, un factor esencial para que el rotífero permaneciera preservado durante tanto tiempo.
Pruebas de laboratorio revelan resistencia a la congelación
Una vez reactivado, el organismo fue sometido a análisis morfológicos y genéticos que permitieron clasificarlo dentro del género Adineta, conocido por incluir especies modernas con alta resistencia a condiciones ambientales adversas.
Paralelamente, los investigadores realizaron pruebas específicas para evaluar la tolerancia a la congelación, utilizando descendientes del rotífero original para observar cómo estas estructuras biológicas responden a variaciones controladas de temperatura.
Los resultados indicaron que estos organismos pueden soportar la congelación lenta durante al menos siete días, proporcionando pistas importantes sobre los mecanismos celulares responsables de proteger tejidos y estructuras internas contra los daños causados por el hielo.
Este tipo de resistencia es particularmente relevante porque la congelación puede provocar rupturas celulares, alteraciones en las membranas y daños al material genético, efectos que generalmente inviabilizan la supervivencia en organismos más complejos.

Por esta razón, los científicos resaltan que no hay evidencia de que animales superiores, como mamíferos, puedan sobrevivir o ser reanimados después de períodos tan largos de congelación en condiciones naturales similares.
La complejidad estructural de estos organismos hace que sus sistemas biológicos sean más vulnerables a daños irreversibles durante procesos de congelación y descongelación prolongados, lo que limita la aplicación de este fenómeno a formas de vida más simples.
Impactos científicos y riesgos relacionados con el deshielo del permafrost
Al ampliar el conocimiento sobre los límites de la vida en condiciones extremas, el descubrimiento refuerza el interés en áreas como la criobiología, la biotecnología y la astrobiología, que investigan la supervivencia de organismos en ambientes hostiles.
En este sentido, comprender los mecanismos que permiten la preservación celular puede contribuir a avances en técnicas de conservación biológica, además de ofrecer pistas sobre la posibilidad de vida en regiones fuera de la Tierra.
A pesar de ello, los investigadores destacan que el fenómeno observado es específico de ciertos organismos, como los rotíferos bdelloideos, y no puede ser generalizado a otras formas de vida sin adaptaciones similares.
Otro punto de atención implica el deshielo acelerado del permafrost en regiones árticas, proceso que puede exponer microorganismos antiguos que permanecieron aislados durante miles de años bajo capas de hielo.
A medida que estas capas se vuelven inestables, virus, bacterias y otros organismos pueden volver al contacto con ecosistemas actuales, lo que plantea preocupaciones sobre impactos ambientales aún poco comprendidos.
Expertos resaltan que no es posible predecir con precisión cómo se comportarían estos organismos después de largos períodos de aislamiento, lo que refuerza la necesidad de protocolos rigurosos en estudios científicos que involucren este tipo de material.
Aunque el rotífero estudiado no representa un riesgo directo para la salud humana, el episodio evidencia que el permafrost funciona como un reservorio de material biológico antiguo, cuya liberación puede tener consecuencias aún desconocidas.
Con esto, la reactivación de este organismo amplía los límites conocidos de la supervivencia biológica y refuerza la importancia de investigar cómo las formas de vida pueden persistir en condiciones extremas a lo largo de escalas de tiempo tan extensas.

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