Brasil y Chile fortalecen cooperación en combustibles sostenibles de aviación, con metas conjuntas para descarbonizar el sector aéreo y expandir el uso de biocombustibles en América del Sur
Los combustibles sostenibles de aviación han ganado protagonismo en las discusiones entre Brasil y Chile, que avanzan en una asociación estratégica orientada a la transición energética del sector aéreo, según una noticia publicada.
El encuentro más reciente, realizado el pasado 16 de octubre por el Ministerio de Minas y Energía (MME), reunió a representantes gubernamentales, compañías aéreas y expertos en biocombustibles.
La iniciativa consolida un esfuerzo conjunto para hacer el transporte aéreo más limpio y competitivo, en sintonía con las metas climáticas globales.
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Participaron de la reunión el embajador de Chile en Brasil, Sebastián Cabrera, y representantes del Ministerio de Energía chileno, reforzando la alineación regional en torno a la descarbonización.
Según Marlon Arraes, director del Departamento de Biocombustibles del MME, el grupo de trabajo bilateral es esencial para integrar políticas públicas, compartir tecnologías e impulsar el mercado de SAF en América del Sur.
Esta cooperación se inscribe en un contexto de fortalecimiento de las relaciones energéticas y de búsqueda de soluciones concretas para reducir las emisiones del sector aéreo.
Biocombustibles y certificación ambiental refuerzan la competitividad regional
El diálogo entre los dos países destacó la importancia de los biocombustibles y de la certificación de sostenibilidad, elemento crucial para atraer inversiones y garantizar credibilidad internacional.
El MME presentó las directrices del Programa Combustible del Futuro, que establece metas graduales de incorporación de SAF, comenzando con 1% en 2027 y llegando a 10% hasta 2037.
Estas metas son vistas como un marco regulatorio decisivo para que los combustibles sostenibles de aviación se vuelvan más accesibles y económicamente viables.
Durante la reunión, expertos también abordaron temas como infraestructura de distribución y mecanismos de financiamiento, considerados pilares para la expansión de este mercado en América del Sur.
La comitiva chilena, por su parte, visitará el Centro de Investigaciones y Análisis Tecnológicos (CPT) de la ANP, responsable de garantizar la calidad de los biocombustibles utilizados en Brasil.
Combustibles sostenibles de aviación: integración energética y descarbonización fortalecen la transición aérea
La asociación Brasil–Chile cobra aún más relevancia ante la proximidad de la COP30, que se llevará a cabo en Brasil.
La conferencia coloca a América del Sur en una posición destacada en el debate sobre la descarbonización del transporte aéreo y la integración energética.
Chile, inspirado por la experiencia brasileña, ya adopta políticas similares, como la adición de 10% de etanol a la gasolina.
Este intercambio de políticas refuerza el papel de los combustibles sostenibles de aviación como vector de cooperación e innovación regional.
Además, el fortalecimiento del diálogo público-privado, involucrando a ANAC, IATA, ABEAR y compañías aéreas como Gol, Latam y Azul, contribuye a alinear metas y promover una transición coordinada.
La próxima reunión del grupo, prevista para enero de 2026, deberá definir el plan de trabajo conjunto y las prioridades de implementación.
Políticas públicas integradas aceleran el futuro de la aviación limpia
El avance de las políticas públicas conjuntas entre Brasil y Chile refuerza la construcción de una agenda energética sostenible.
La regulación del Programa Nacional de combustibles sostenibles de aviación será determinante para consolidar el sector, atrayendo nuevas inversiones y estimulando la innovación tecnológica.
Esta cooperación es vista como un paso esencial para que la región amplíe su competitividad global y reduzca su dependencia de combustibles fósiles.
Con metas claras, infraestructura compartida y compromiso entre gobiernos y empresas, los dos países demuestran que la transición energética puede ser acelerada cuando hay integración y planificación a largo plazo.
El esfuerzo conjunto representa no solo un avance ambiental, sino también una oportunidad económica que podrá redefinir el papel de la América del Sur en el mercado global de energía limpia.

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