El Turismo Transforma la Isla de Combu en Atractivo Internacional, Pero los Vecinos Enfrentan Degradación Ambiental, Falta de Fiscalización y Presión sobre Recursos Naturales
Partiendo del puerto de Belém, en pocos minutos en lancha, el escenario urbano da lugar a la selva amazónica. Este encuentro rápido con la naturaleza convirtió la Isla de Combu en un punto turístico disputado. Antes silenciosa y marcada por el modo de vida ribereño, la región comenzó a recibir visitantes de varias partes del mundo.
El impacto fue inmediato. Ronaldo Pinho, de 41 años, creció en el lugar y vive de la recolección de açaí, la pesca y, más recientemente, del transporte de turistas.
La actividad generó un nuevo oficio y una fuente de ingreso mayor. En solo una travesía, su lancha de 20 lugares puede generar 240 reales.
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Él reconoce que el turismo trajo empleos y oportunidades para los vecinos. Sin embargo, advierte sobre la desaparición del camarón, especie que antes abundaba en los ríos de la isla. Para muchos, la circulación constante de embarcaciones contribuye a este desequilibrio.
Ciclo de Crecimiento Sin Control
La llegada de turistas genera una reacción en cadena. Más visitantes generan más emprendimientos, que a su vez atraen nuevos turistas. Restaurantes y posadas se multiplicaron en la última década, cambiando el paisaje de la isla.
El problema es que este avance ocurre sin un plan de control ambiental. El aumento de barcos y motos acuáticas acelera el desgaste de la vegetación ribereña.
Las olas provocadas por las embarcaciones erosionan las márgenes y causan sedimentación. Los árboles caen al río, alterando aún más el ecosistema.
Raquel Ferreira, dueña de una agencia de turismo fundada en 2019, sigue de cerca esta transformación.
Cada semana lleva grupos a la isla y observa la reducción de la vegetación y de la vida acuática. Para ella, el mayor problema no es la presencia de turistas, sino la ausencia de fiscalización.
Área de Protección Sin Fiscalización
La Isla de Combu fue declarada área de protección ambiental en 1997. La ley determina la preservación de la biodiversidad, la regulación de la ocupación humana y el uso sostenible de los recursos. Sin embargo, en la práctica, no hay fiscalización.
Este vacío de control permite que los emprendimientos crezcan de forma desordenada. Las condiciones de vida de los vecinos empeoran.
Aunque rodeados de ríos, muchos deben cruzar hasta Belém solo para comprar galones de agua potable. El saneamiento es precario y los residuos se desechan de manera irregular.
Jonathan Nunes, investigador de la Universidad Federal de Pará, estudia el avance de la urbanización en la isla. Él señala que la especulación inmobiliaria de no nativos presiona a los moradores originales, que acaban reducidos a prestadores de servicios.
Para él, el turismo trajo ingresos, pero no resolvió problemas históricos como la deforestación, la contaminación y la exclusión social.
Belém Ante la COP 30
La situación de la isla contrasta con la posición de Belém en el escenario internacional. La ciudad será sede de la COP 30, una conferencia que reunirá a líderes globales para debatir sobre el cambio climático.
Aun así, Belém enfrenta sus propios problemas ambientales. El IBGE señala a la capital como la sexta menos arbolada de Brasil, con más del 55% de la población viviendo en calles sin árboles.
CarbonPlan, una organización independiente, proyecta que Belém podría convertirse en la segunda ciudad más caliente del mundo para 2050.
Estos datos revelan el desafío de la capital amazónica: ser anfitriona de una conferencia ambiental mientras convive con una fuerte degradación local.
Turismo Sostenible Como Alternativa
A pesar de los impactos negativos, vecinos y emprendedores intentan buscar otro camino. Raquel apuesta por el turismo de base comunitaria. Su trabajo involucra grupos reducidos de visitantes, respetando tradiciones y límites ambientales.
Ella defiende que el turismo sostenible puede ser una herramienta de conservación, siempre que esté bien planificado.
Para ella, la Amazonía no es solo un paisaje, sino también las personas que viven en ella. Este enfoque busca incluir a los vecinos en el proceso y asegurar que no sean solo espectadores de la transformación.
La experiencia muestra que es posible crear itinerarios que unan generación de ingresos y preservación. Pero depende de reglas claras y fiscalización efectiva.
Esperanza Con la Visibilidad Internacional
Mientras la isla continúa presionada por el flujo turístico y la falta de control, Ronaldo sigue conciliando el transporte de turistas con la recolección de açaí. Ya ha visto a vecinos abandonar sus casas, huyendo del crecimiento desordenado.
Aun así, mantiene la esperanza de que la atención que traerá la COP 30 pueda cambiar esta realidad. Para él, es urgente que el poder público mire con más cuidado a las islas de Belém.
“Necesitamos más fiscalización, que traiga beneficios reales para quienes viven aquí. Este pedazo de selva es nuestro hogar y queremos preservarlo”, resume Ronaldo.
Entre avances económicos y pérdidas ambientales, la Isla de Combu simboliza el dilema vivido por la Amazonía: cómo conciliar turismo, desarrollo y preservación en un espacio donde la naturaleza es a la vez riqueza y víctima.
Con información de G1.

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