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Después de décadas vendiendo amortiguación y protección extrema, la nueva fiebre de los senderos y del calzado para caminar es precisamente quitarse los zapatos.

Escrito por Geovane Souza
Publicado el 15/04/2026 a las 22:22
Actualizado el 15/04/2026 a las 22:23
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En el momento en que las zapatillas de trail alcanzan su pico tecnológico y se convierten en símbolo de estilo urbano, crece en las montañas y parques una tendencia que apuesta en la dirección opuesta. La caminata descalza, antes marginal, avanza entre practicantes, inspira políticas públicas y reaviva un debate real sobre biomecánica, salud de los pies y excesos de bienestar.

La industria de los calzados para caminatas ha pasado años prometiendo más espuma, más tracción, más estabilidad y más protección. Al mismo tiempo, el aspecto técnico del gorpcore salió de los senderos y ganó las cafeterías, los centros urbanos y el guardarropa de quienes quizás nunca hayan enfrentado una subida de verdad.

Sin embargo, lejos del asfalto y de la vitrina, el movimiento que más llama la atención ahora apunta en la dirección opuesta. En lugar de buscar la zapatilla más robusta del mercado, parte de los caminantes ha comenzado a defender la caminata descalza como una forma de sentir mejor el terreno, activar la musculatura de los pies y recuperar una relación más directa con la naturaleza.

En un reportaje publicado por The Guardian, la investigadora australiana Gen Blades relató haber quitado las botas durante una travesía en el sendero Namsan Dulle-gil, en Seúl, después de encontrar un tramo de arcilla húmeda preparado para este tipo de experiencia. El caso ayuda a explicar por qué la práctica dejó de parecer excentricidad y pasó a ser tratada como tendencia global.

El punto más curioso es la paradoja. Mientras la ciudad se viste como si estuviera lista para una expedición alpina, los senderos reales comienzan a discutir si el futuro de la caminata está en menos tecnología en los pies, y no en más.

La caminata descalza deja de ser nicho y entra en el centro del debate

Los relatos que circulan hoy ya no provienen solo de practicantes aislados. En el mismo reportaje, el australiano Dale Noppers contó que hace caminatas descalzas desde hace unos siete años y hoy enfrenta recorridos de hasta siete horas en áreas con barro, inclinaciones rocosas y grava, mientras Uralla Luscombe-Pedro describe los pies como órganos sensoriales capaces de ampliar la percepción del entorno.

Europa ya había estado probando esta lógica durante décadas en otra escala. Alemania consolidó los llamados parques descalzos, espacios recreativos creados para hacer que el visitante camine sobre arena, grava, barro, madera, agua y otros tipos de suelo, casi siempre con una propuesta terapéutica o educativa.

En Bad Sobernheim, uno de los ejemplos más conocidos del país, el recorrido oficial tiene 3,5 kilómetros por superficies naturales variadas. En Egestorf, el parque anuncia 60 estaciones para familias, ancianos y grupos escolares, señal de que la práctica se ha alejado de la imagen radical y ha entrado en el turismo de experiencia.

Corea del Sur transforma la moda descalza en política pública

Si en Europa la propuesta aún suena recreativa, en la Corea del Sur la caminata descalza se ha convertido casi en infraestructura urbana. El Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo del país afirma que la senda de arcilla roja de Gyejoksan, en Daejeon, es considerada el origen de esta fiebre moderna y destaca que el recorrido llega a 14,5 kilómetros, el más largo de su tipo en el país.

El avance no se ha limitado a la curiosidad turística. Un estudio académico publicado en 2024 en la revista Sustainability registró que muchos gobiernos locales surcoreanos aprobaron normas para incluir senderos descalzos en parques, reforzando la expansión institucional del movimiento.

Este apoyo ya mueve dinero público a gran escala. Según el Korea JoongAng Daily, el gobierno de Seongnam gastó 3,45 mil millones de won en 2023 para construir seis senderos de arcilla roja y reservó otros 3,5 mil millones de won para 2024, con nuevas extensiones y nuevos tramos.

La popularización también ha traído señales de exceso. Reportajes surcoreanos y estudios sobre la tendencia observan que el entusiasmo en torno al tema se ha extendido junto con amplias alegaciones de curación y bienestar, lo que ayuda a explicar por qué la práctica ha comenzado a ser tratada tanto como fenómeno cultural como problema de salud pública y de gestión ambiental.

Lo que la biomecánica realmente sugiere para la salud de los pies

La idea central de los defensores de la caminata descalza es que, sin la mediación de un calzado rígido o muy amortiguado, el cuerpo comienza a recibir más información del suelo. El podólogo George Murley afirmó al The Guardian que los pies están entre las partes más sensibles del cuerpo y que la ausencia de una barrera blanda puede mejorar el equilibrio y la coordinación, siempre que haya adaptación.

Desde el punto de vista anatómico, no es difícil entender por qué la discusión ha ganado fuerza. El pie humano es una estructura compleja, con más de 26 huesos, 30 articulaciones y numerosos tendones, ligamentos y músculos, creada precisamente para sostener el cuerpo y adaptarse a terrenos irregulares.

La propia industria respondió a este razonamiento con los calzados minimalistas. Los expertos explican que los modelos llamados de cero drop mantienen el talón y el antepié al mismo nivel, mientras que los zapatos descalzos reducen aún más la interferencia con suela fina, mayor flexibilidad y amplio espacio para los dedos, intentando imitar la mecánica natural del pie.

Hay señales de que este camino puede fortalecer la musculatura en algunos casos. Un estudio de 2021 en Scientific Reports encontró un aumento medio de 57,4% en la fuerza de los pies tras seis meses de actividad diaria con calzado minimalista, resultado que ayuda a sostener el argumento de que no toda protección extra significa mejor funcionamiento.

Dónde termina el beneficio y comienza el exagero del earthing

El problema comienza cuando la biomecánica razonable se mezcla con promesas demasiado amplias. En Corea del Sur, la oncóloga Ahn Hee-kyung, del Gachon University Gil Medical Center, afirmó que no hay comprobación médica sólida para los efectos de salud atribuidos al earthing, nombre más popular de la práctica cuando se vende como tratamiento.

La crítica no viene solo de la medicina clínica. En el portal Science-Based Medicine, el neurólogo Steven Novella clasificó el earthing como otra afirmación médica dudosa que explora las fragilidades del debate científico, lo que ayuda a frenar la narrativa de que andar descalzo neutralizaría enfermedades o ofrecería beneficios casi milagrosos.

Esto no significa que la práctica deba ser descartada por completo. Significa solo que andar descalzo no es una receta universal y puede traer riesgo de cortes, infecciones y sobrecarga en quienes hacen la transición sin preparación, especialmente en superficies duras o en personas con deformidades, neuropatías y antecedentes de lesiones.

El mercado respondió creando un término medio entre protección y libertad

El sector de calzado entendió rápidamente que había espacio entre la bota hiperamortiguada y el pie completamente desnudo. Por eso, el crecimiento de los modelos minimalistas y zero drop se convirtió en una especie de acuerdo de paz entre quienes buscan más sensibilidad en el suelo y quienes no quieren renunciar a alguna protección.

Aun así, la recomendación más consistente es de transición gradual. El propio Murley habla de tratar el proceso casi como un gimnasio para los pies, y especialistas de Novant Health advierten que el cambio brusco puede aumentar el riesgo de fracturas por estrés y tendinitis.

Al final, lo que esta tendencia revela es menos un rechazo completo a la tecnología y más una corrección de rumbo. Después de llevar la amortiguación al límite, el mercado y los practicantes parecen redescubrir que caminar bien tal vez dependa menos de capas extras entre el cuerpo y el suelo, y más de entender cuándo proteger el pie y cuándo dejarlo trabajar.

Si esta ola representa libertad biomecánica o solo más un exagero de bienestar empaquetado como solución definitiva, el debate está lejos de terminar. Y es precisamente ahí donde reside la polémica que puede dividir a senderistas, médicos y consumidores en los próximos años.

¿Te atreverías a hacer una caminata descalzo o crees que eso ya ha pasado del límite del sentido común? Deja tu comentario y di si esta nueva fiebre representa un avance real para la salud de los pies o solo más una moda extrema vendida como revolución.

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Geovane Souza

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