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Tras años de sequía, Marruecos quiere transformar 1,7 billones de litros de agua del mar al año en abastecimiento, conectar la desalinización a una línea verde de 1.400 km y utilizar el océano para llevar agua al interior, sostener la agricultura y enfrentar la crisis hídrica que azota al país.

Escrito por Ana Alice
Publicado el 15/04/2026 a las 21:17
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Tras años de sequía, Marruecos reorganiza su política hídrica con plantas de desalinización, transferencia entre cuencas y nuevas presas, en una estrategia que conecta agua, energía y agricultura y reposiciona la infraestructura como eje permanente de la gestión.

Marruecos ha ampliado inversiones en plantas de desalinización, obras de transferencia de agua y nuevas presas para intentar reducir los efectos de la sequía prolongada y garantizar el abastecimiento a ciudades y áreas agrícolas.

La estrategia ganó fuerza tras varios años de lluvias irregulares, caída en el nivel de los embalses y creciente presión sobre ríos, acuíferos y sistemas de distribución.

En los últimos años, la escasez de agua ha comenzado a afectar diferentes sectores de la economía marroquí.

La reducción de la disponibilidad de agua coincidió con pérdidas en el ganado, aumento de precios de alimentos y dificultades en el campo.

El ministro de Agricultura informó que el efectivo ganadero del país había disminuido un 38% en nueve años, en un escenario marcado por sequías consecutivas y menor volumen almacenado en las presas.

Ante este panorama, el gobierno marroquí comenzó a tratar la infraestructura hídrica como un frente permanente de gestión.

El ministro del Agua, Nizar Baraka, afirmó que el país operaba 17 plantas de desalinización, tenía otras cuatro en construcción y planeaba nueve más.

La meta oficial es alcanzar una capacidad de 1,7 mil millones de metros cúbicos por año hasta 2030.

Desalinización en el abastecimiento de agua en Marruecos

La desalinización consiste en la eliminación de sales y otros minerales del agua de mar para la producción de agua dulce.

En general, este proceso se realiza mediante membranas, como en la ósmosis inversa, tecnología ampliamente utilizada en países con baja disponibilidad de agua superficial y fuerte dependencia de áreas costeras.

En el caso de Marruecos, la ampliación de estas plantas se ha incorporado a la política nacional de abastecimiento.

En diciembre de 2025, Baraka afirmó que aproximadamente el 25% del agua potable consumida en el país ya provenía de la desalinización y que la meta oficial es elevar esta participación al 60% hasta 2030.

Entre los proyectos anunciados se encuentra una unidad de gran tamaño en la región de Tiznit, en el sur marroquí, con capacidad prevista de 350 millones de metros cúbicos por año.

Otras instalaciones también han sido previstas para ciudades como Rabat y Tantan, dentro de un plan que busca reducir la dependencia de las lluvias en centros urbanos y en áreas con alta demanda.

Aun así, el avance de esta tecnología no significa que toda la producción agrícola comenzará a utilizar agua desalada.

Según Baraka, este recurso no se destinará al cultivo de trigo, principalmente debido al costo del proceso y a la extensión de las áreas sembradas.

La opción del gobierno es dirigir esta agua para el abastecimiento urbano y para segmentos específicos de la agricultura, liberando más volumen de las represas para zonas agrícolas del interior.

Energía renovable y costo del agua desalada

El costo es uno de los puntos centrales de esta estrategia.

La desalinización requiere un gran consumo de energía, tanto en el tratamiento del agua como en el bombeo y la distribución.

Por eso, el gobierno marroquí también ha comenzado a vincular la política hídrica a las inversiones en el sector eléctrico, especialmente en fuentes renovables.

En mayo de 2025, Marruecos anunció un acuerdo que incluye una línea de transmisión de 1.400 kilómetros y capacidad de 3.000 megavatios para llevar energía producida en el sur a diferentes regiones del país.

El paquete también prevé apoyo a proyectos de desalinización.

Al justificar esta integración, Baraka afirmó que “el uso de energía renovable ayudará significativamente a reducir los costos del agua”.

La relación entre energía y abastecimiento es uno de los elementos técnicos más relevantes de este modelo.

Cuanto mayor sea el costo de la electricidad, mayor tiende a ser el costo final del agua desalada.

Por eso, la combinación entre generación renovable y tratamiento del agua ha pasado a ser tratada como una forma de reducir gastos operativos y ampliar la viabilidad económica de las plantas.

Transferencia de agua entre cuencas e infraestructura hídrica

Además del agua producida en la costa, el gobierno marroquí también apuesta por sistemas de transferencia entre cuencas para redistribuir recursos hídricos por el territorio.

Esta política busca responder a una característica recurrente del país: la lluvia no cae con la misma intensidad en todas las regiones, y parte de la demanda se concentra lejos de las áreas más húmedas.

Uno de los principales corredores de transferencia ya conecta el noroeste, más abastecido, con las regiones de Rabat y Casablanca.

Según Baraka, la intención oficial es extender esta infraestructura hasta 2030 para reforzar represas que atienden áreas agrícolas de Doukkala y Tadla, regiones afectadas por la escasez.

En la práctica, este tipo de obra involucra represas, canales, estaciones de bombeo y sistemas de control para desplazar agua de una región a otra.

El objetivo es compensar desequilibrios regionales y crear un margen de seguridad en períodos de sequía, sobre todo en áreas con fuerte presión urbana o agrícola.

Al mismo tiempo, el gobierno reconoció que la expansión de la producción en el campo ocurrió, en parte, sin la coordinación suficiente con la disponibilidad hídrica.

En junio de 2025, Baraka dijo que hubo “un desajuste entre el ritmo de la política agrícola y el de la política del agua”, situación que, según él, fue agravada por el cambio climático.

Agricultura irrigada, acuíferos y restricciones en el campo

El tema ganó relevancia porque, incluso en años de sequía, la agricultura dependiente de aguas subterráneas continuó avanzando en algunas áreas, junto con el aumento de las exportaciones de frutas y hortalizas hacia Europa.

Esto llevó al gobierno a adoptar restricciones en regiones más vulnerables.

Según Baraka, el cultivo de melones fue prohibido en Tata y reducido en un 75% en Zagora, dos áreas desérticas conocidas por la producción agrícola irrigada.

La decisión se centró en cultivos de mayor consumo de agua y ocurrió en un momento en que el país intentaba contener la presión sobre los acuíferos y los reservorios.

Estas medidas se suman al esfuerzo de reorganizar el uso del agua en el campo.

En lugar de ampliar indiscriminadamente la oferta, la política marroquí pasó a combinar nuevas fuentes hídricas con restricciones localizadas, redireccionamiento del abastecimiento y un intento de adecuar la producción a la disponibilidad real de agua.

Lluvias, presas y presión hídrica en Marruecos

Las lluvias del invierno de 2025 a 2026 trajeron alivio al sistema hídrico marroquí.

En enero de 2026, Baraka informó al Parlamento que la sequía de siete años había terminado después de precipitaciones un 95% mayores que las del año anterior y un 17% por encima de la media estacional.

En ese momento, la tasa media de llenado de las presas había alcanzado el 46%.

La mejora fue relevante, pero no alteró el diagnóstico estructural.

En febrero de 2026, tras nuevos episodios de lluvia intensa, datos oficiales citados por Reuters indicaron que el llenado medio de las presas se acercaba al 70%.

Aun así, el historial reciente de sequía y la irregularidad de las precipitaciones mantuvieron la seguridad hídrica en el centro de la política pública.

Según el Banco Mundial, Marruecos está entre los países con mayor presión sobre los recursos hídricos.

La institución señala una disponibilidad en torno a 620 metros cúbicos por persona por año y alerta sobre el riesgo de caer por debajo de 500 metros cúbicos hasta 2030, un nivel asociado a la escasez severa.

En este contexto, el país ha comenzado a combinar la expansión de la oferta, la redistribución regional del agua y la revisión de parte del uso agrícola.

En lugar de tratar la sequía solo como una respuesta de emergencia a un ciclo malo de lluvias, el gobierno marroquí ha estado estructurando una política a largo plazo para el abastecimiento.

La combinación entre desalinización, transferencia entre cuencas, presas y energía renovable ayuda a explicar por qué la gestión del agua se ha convertido en uno de los principales temas de la infraestructura en el país.

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Ana Alice

Redatora e analista de conteúdo. Escreve para o site Click Petróleo e Gás (CPG) desde 2024 e é especialista em criar textos sobre temas diversos como economia, empregos e forças armadas.

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