Ciudad estonia de 50 mil habitantes vive bajo tensión política, disputas identitarias y refuerzo militar, mientras dos castillos medievales simbolizan una de las fronteras más sensibles de Europa y del mundo
Separados por el río Narva, dos castillos medievales transformados en fortalezas militares se miran diariamente, creando un paisaje que resume décadas de disputas, memorias históricas y tensiones políticas. De un lado está Narva, ciudad estonia con 50 mil habitantes, vista por muchos como un retrato vivo de disputas identitarias en el Este de Europa. Buena parte de la población local habla solo ruso, posee ciudadanía del país vecino y mantiene hábitos culturales ligados al pasado soviético, como el consumo de televisión rusa y la nostalgia de una era que ya no existe.
Reformas internas y aumento de la presión social
En nombre de la seguridad nacional, el gobierno estoniano decidió retirar el derecho de voto a rusos y residentes apátridas en las elecciones locales e inició la implementación de la enseñanza en estoniano en decenas de escuelas de Narva.
Las medidas ocurren en un escenario ya delicado, marcado por alto desempleo, aumento de las cuentas de energía, colapso de las relaciones con Rusia y miedo a conflictos. Este conjunto de factores intensificó las tensiones sociales en la región fronteriza.
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“Nosotros, hablantes de ruso, estamos siendo discriminados”, afirmó una mujer de alrededor de 55 años, bajo condición de anonimato, por temor a represalias.
Ya Aleksandr Gruljov, obrero de la construcción de 59 años, dijo que considera renunciar a la ciudadanía rusa, destacando que, en su visión, nadie está siendo oprimido.
Castillos y una ciudad entre dos mundos
Vladimir Aret, gerente de hotel de 32 años y miembro del consejo municipal, afirmó que muchos vecinos se sienten atrapados entre dos identidades.
Él se define como patriota estoniano, pero admite que hay confusión sobre el sentimiento de pertenencia.
Treinta y cinco años después de la independencia de Estonia, Narva aún debate quién es y qué camino desea seguir.
La mayor parte de la Ciudad Vieja barroca fue destruida en la Segunda Guerra Mundial y reemplazada por bloques residenciales de estilo soviético.
Bajo dominio de Moscú en el posguerra, la región se convirtió predominantemente de lengua rusa, un factor que, según analistas locales, puede servir de combustible político para ambiciones territoriales del Kremlin.
Frontera reforzada y clima de vigilancia
Antaño símbolo de cooperación, el Puente de la Amistad fue reforzado con alambre de espino y obstáculos antitanque en forma de dientes de dragón del lado estoniano.
“El nombre es medio irónico”, dijo Eerik Purgel, jefe de la frontera regional, a la agencia France Presse. Antes, los vecinos cruzaban el río en auto para compras y visitas familiares. Hoy, la travesía ocurre a pie, con equipajes en las manos.
Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, Estonia, junto con Letonia y Lituania, ha reforzado sus defensas. El Ministerio de Defensa afirma que menos de 44 mil combatientes pueden ser movilizados, además de alrededor de 2.000 soldados aliados de la OTAN.
Para la alcaldesa Katri Raik, vivir en la periferia de Europa significa convivir diariamente con la sensación de alerta permanente.
Con información de Extra.globo.


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