Inventor crea remolcador eléctrico casero con baterías de silla de ruedas y Arduino y logra mover avión de más de 2 toneladas.
En 2018, el inventor y maker Anthony DiPilato presentó un proyecto que rompió la lógica tradicional de los equipos aeroportuarios al construir un remolcador eléctrico casero controlado por iPhone para mover un avión ligero. El experimento fue detallado por New Atlas el 22 de junio de 2018, que mostró la creación de un dispositivo compacto, hecho en taller, con componentes reutilizados y una meta de costo por debajo de los US$ 1.000, un valor muy inferior al de las soluciones comerciales utilizadas para maniobrar aeronaves en tierra.
El objetivo del proyecto no era simbólico. El remolcador fue desarrollado para tirar de un Cessna 310 de aproximadamente 5.200 libras, el equivalente a aproximadamente 2.358 kg, una aeronave demasiado pesada para ser movida manualmente con facilidad solo con una barra de remolque. Según el blog oficial de Arduino, el 12 de junio de 2018, el objetivo era crear un sistema remoto capaz de mover este avión utilizando una arquitectura simple, con electrónica programable y control inalámbrico.
Lo que hace relevante el experimento no es solo el hecho de que funcionó, sino la forma en que fue construido: con dos baterías de silla de ruedas de 12 V, motores reutilizados, Arduino Mega, módulo Bluetooth HC-08, control por iPhone y un conjunto mecánico con orugas, acoplamiento para la rueda delantera y bloqueo por electroimanes. Siga leyendo para entender cómo un equipo que parece simple logró enfrentar una tarea que, en condiciones normales, depende de máquinas especializadas de patio aeroportuario.
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Cómo funciona un remolcador de aeronaves y por qué el proyecto es técnicamente audaz
En aeropuertos, los remolcadores se utilizan para desplazar aeronaves en tierra sin usar los propios motores del avión. Esto reduce el consumo de combustible, el desgaste mecánico y los riesgos operativos. Estos vehículos están diseñados para generar un alto par a baja velocidad, una característica esencial para mover masas elevadas con control preciso.
El proyecto de Anthony DiPilato replica esta lógica a escala reducida. En lugar de potencia bruta, apuesta por una transmisión eficiente y una distribución de fuerza. El dispositivo actúa directamente sobre la rueda del tren de aterrizaje, utilizando adherencia y par para iniciar el movimiento.
El punto crítico no es solo mover el avión, sino vencer la inercia inicial, que exige una fuerza significativamente mayor que la necesaria para mantener el desplazamiento. Esto hace que el logro sea aún más relevante desde el punto de vista técnico.
Estructura eléctrica con baterías de silla de ruedas muestra enfoque en par y no en velocidad
El sistema energético del remolcador se basó en dos baterías de 12 V utilizadas en sillas de ruedas eléctricas. Este tipo de batería está diseñado para suministrar corriente elevada durante períodos prolongados, ideal para aplicaciones que requieren fuerza continua.

A diferencia de proyectos enfocados en la velocidad, aquí el objetivo era el par. El motor eléctrico necesitaba generar suficiente fuerza para mover una masa superior a dos toneladas sin comprometer la estabilidad o el control.
La elección de estas baterías también reduce el costo y aumenta la viabilidad del proyecto para los makers, ya que son componentes relativamente accesibles y ampliamente disponibles en el mercado.
Control vía Arduino y Bluetooth transforma el remolcador en sistema remoto funcional
Uno de los elementos más interesantes del proyecto es el sistema de control. Anthony DiPilato integró un microcontrolador Arduino al conjunto, permitiendo un control electrónico preciso del motor.
Además, el remolcador fue equipado con conectividad Bluetooth, lo que permite la operación remota a través de un smartphone. Este detalle no es solo una característica adicional, sino una solución práctica para el posicionamiento seguro del operador durante el movimiento de la aeronave.
El control remoto elimina la necesidad de que el operador esté cerca de las ruedas, reduciendo riesgos y aumentando la precisión durante las maniobras en espacios restringidos, como hangares.
La evolución del proyecto incluyó el cambio de ruedas por orugas para aumentar la tracción
Durante las pruebas iniciales, uno de los principales desafíos identificados fue la tracción. Los neumáticos convencionales no ofrecían suficiente agarre para transmitir toda la fuerza generada por el motor al suelo, especialmente en superficies lisas.

Para resolver esto, el proyecto evolucionó hacia el uso de orugas, una solución común en vehículos que operan en condiciones de baja adherencia. Las orugas aumentan el área de contacto con el suelo y distribuyen mejor el peso, permitiendo una mayor transferencia de par.
Esta modificación fue decisiva para el éxito del experimento, ya que sin una tracción adecuada, incluso un motor potente no puede mover cargas pesadas.
Costo por debajo de US$ 1.000 contrasta con equipos profesionales de decenas de miles
Uno de los puntos más impactantes del proyecto es el costo estimado. Mientras que los remolcadores profesionales pueden superar fácilmente el rango de US$ 20.000 a US$ 50.000, el modelo desarrollado por Anthony DiPilato fue diseñado para costar menos de US$ 1.000.
Esta diferencia no significa que ambos equipos sean equivalentes en términos de robustez, durabilidad o certificación, pero evidencia el potencial de la ingeniería independiente para crear soluciones funcionales con un presupuesto reducido.
El proyecto demuestra que, en determinadas condiciones, las soluciones simples pueden cumplir funciones tradicionalmente asociadas a máquinas complejas y caras.

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