El brote provocado por la rara variante Bundibugyo preocupa a las autoridades globales, aumenta la tensión en África y desafía a los médicos sin vacunas aprobadas o tratamientos específicos disponibles
El nuevo brote de ébola registrado en la República Democrática del Congo volvió a poner a las autoridades internacionales de salud en estado de alerta. Aunque los especialistas descartan, en este momento, un escenario similar al de la pandemia de Covid-19, el avance de la enfermedad en medio de la guerra civil en el país africano preocupa a médicos, investigadores y organizaciones globales.
La información fue divulgada por “Folha de S.Paulo”, con base en análisis de especialistas internacionales, datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y entrevistas concedidas por investigadores ligados a la Universidad de Oxford, Imperial College London y London School of Hygiene & Tropical Medicine.
Actualmente, el Congo ya suma 80 muertes confirmadas y cerca de 250 casos sospechosos relacionados con el nuevo brote. Además, Uganda confirmó un caso de la enfermedad y registró una muerte asociada al virus.
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El escenario preocupa principalmente porque el brote involucra la rara variante Bundibugyo del ébola. Esta especie del virus aún no tiene vacunas aprobadas ni tratamientos específicos liberados oficialmente.
Además, los especialistas afirman que las propias pruebas de laboratorio presentan dificultades para detectar rápidamente esta versión de la enfermedad, lo que retrasa el control sanitario.
Variante rara del ébola aumenta preocupación internacional

La especie Bundibugyo ya provocó solo dos brotes conocidos anteriormente, registrados en 2007 y 2012. En esa época, aproximadamente el 30% de las personas infectadas murieron.
Según los investigadores, esta variante representa un desafío mucho mayor justamente por la falta de herramientas médicas específicas.
La Dra. Amanda Rojek, del Instituto de Ciencias Pandémicas de la Universidad de Oxford, afirmó que la situación exige una fuerte coordinación internacional debido a la complejidad del escenario actual.
Además, la profesora Trudie Lang, también ligada a la Universidad de Oxford, clasificó el enfrentamiento del Bundibugyo como una de las mayores preocupaciones del actual brote.
Los síntomas del ébola normalmente aparecen entre dos y 21 días después de la infección. Inicialmente, la enfermedad puede parecer una gripe común, provocando fiebre, dolor de cabeza y cansancio intenso.
Mientras tanto, conforme el cuadro evoluciona, el virus pasa a causar vómitos, diarrea y fallo de órganos. En algunos casos, los pacientes desarrollan hemorragias internas y externas.
Sin medicamentos específicos aprobados para combatir la variante Bundibugyo, los médicos dependen de cuidados intensivos de soporte. El tratamiento incluye hidratación, control de fluidos, nutrición adecuada y alivio del dolor.
Además, los especialistas afirman que la atención precoz aumenta significativamente las posibilidades de supervivencia.
Guerra civil dificulta contención del brote en el Congo
Otro factor que agrava la situación es el conflicto militar en curso en la República Democrática del Congo.
Según datos citados en el informe, la guerra ya ha desplazado aproximadamente a 250 mil personas dentro del país. Como consecuencia, las autoridades sanitarias enfrentan enormes dificultades para monitorear posibles infectados y controlar la transmisión del virus.
Además, muchas regiones afectadas tienen intensa movilidad poblacional debido a la minería y al comercio entre ciudades y países vecinos.
“Muchas de las áreas afectadas son ciudades con minas, donde la población es flotante”, explicó Trudie Lang.
Esta movilidad constante aumenta el riesgo de transmisión internacional de la enfermedad, principalmente hacia Uganda, Ruanda y Sudán del Sur, considerados actualmente países de alto riesgo por la OMS.
El ébola se propaga principalmente por el contacto con fluidos corporales infectados, como sangre, vómito y secreciones.
Sin embargo, a diferencia del Covid-19, el virus normalmente solo se transmite después de la aparición de los síntomas, lo que ayuda parcialmente en el control sanitario.
Aun así, el retraso en la identificación del brote preocupa a los especialistas.
Las autoridades temen repetición de la tragedia de 2014
El primer caso identificado en el brote actual involucró a una enfermera que presentó síntomas el 24 de abril.
Sin embargo, las autoridades tardaron aproximadamente tres semanas en confirmar oficialmente el brote causado por la variante Bundibugyo.
Según Anne Cori, investigadora del Imperial College London, este retraso representa uno de los puntos más preocupantes de la situación actual.
“La transmisión continua ocurrió durante varias semanas y el brote fue detectado muy tarde”, afirmó.
La Organización Mundial de la Salud también alertó que el número real de casos puede ser mucho mayor de lo que los datos registrados hasta ahora indican.
Además, los especialistas recuerdan constantemente el gran brote ocurrido entre 2014 y 2016 en el oeste africano. En esa ocasión, casi 30 mil personas fueron infectadas, convirtiendo ese episodio en el mayor desastre relacionado con el ébola registrado en el continente africano.
En ese momento, Brasil no registró casos confirmados, solo sospechas posteriormente descartadas.
Ahora, las autoridades sanitarias intentan impedir que el brote actual siga el mismo camino.
Los equipos de salud trabajan principalmente en la identificación de infectados, el rastreo de contactos y el aislamiento rápido de posibles transmisores.
Además, los profesionales también actúan para impedir que hospitales y centros médicos se conviertan en focos de propagación del virus, ya que los pacientes internados suelen presentar niveles elevados de contaminación.
Otro desafío importante involucra la realización de entierros seguros para las víctimas de la enfermedad, evitando nuevos contagios durante ceremonias tradicionales.
Los especialistas afirman que la velocidad de la respuesta internacional en los próximos días será decisiva para determinar si el brote podrá ser controlado rápidamente o si podría evolucionar hacia una crisis sanitaria aún mayor.
¿Cree usted que el mundo está más preparado hoy para enfrentar brotes peligrosos como el ébola que hace diez años?

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