El Lago Hillier, en la costa oeste de Australia, era uno de los fenómenos naturales más fotografiados del mundo por su color rosa chicle vibrante. Pero desde 2022, lluvias extremas atribuidas al cambio climático han diluido la salinidad del agua y desorganizado la comunidad microbiana que producía el pigmento. El lago ha pasado a presentar un tono azul grisáceo, y las autoridades advierten que la recuperación puede tardar hasta 10 años. Los científicos ahora estudian el ambiente como análogo a Marte.
El Lago Hillier fue durante décadas la postal más improbable de Australia: una mancha rosa eléctrica en medio de una isla deshabitada, rodeada por el verde de la vegetación y el azul del Océano Índico. Ubicado en Middle Island, parte del archipiélago de Recherche en la costa sur de Australia Occidental, el lago de solo 600 metros de largo atraía turistas de todo el mundo que pagaban por vuelos panorámicos solo para ver sus aguas color chicle desde lo alto. Pero los cambios climáticos hicieron lo que parecía imposible: borraron el color que hacía famoso al lago.
Desde 2022, se orienta a los visitantes a no esperar el intenso rosa que se volvió viral en las redes sociales. Lluvias extremas atípicas han afectado el oeste de Australia y han diluido significativamente la salinidad del agua, reduciendo el estrés osmótico que obligaba a los microorganismos del lago a producir los pigmentos responsables de la coloración. El resultado fue inmediato y dramático: el Lago Hillier pasó de rosa eléctrico a azul grisáceo, más parecido a cualquier otro lago salado común. La prensa australiana documentó la transformación entre 2022 y 2025, y en 2026 el color histórico aún no ha regresado.
La ciencia detrás del color rosa que engañó al mundo durante décadas

Según información divulgada por el portal NSC, durante mucho tiempo, la explicación para el color rosa del Lago Hillier fue atribuida a una única microalga llamada Dunaliella salina, que produce carotenoides rojizos como protección contra la radiación solar y el exceso de sal. Pero un estudio publicado en 2022 en la revista Environmental Microbiome dio la vuelta a esta explicación. La investigación, liderada por la científica Maria A. Sierra de Weill Cornell Medicine, realizó un análisis metagenómico completo del agua del lago.
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El descubrimiento fue sorprendente: la Dunaliella salina representa solo el 0,1% del ADN microbiano del lago. La principal responsable de la coloración rosa es una bacteria llamada Salinibacter ruber, que produce pigmentos rojos llamados bacterioruberinas. Otras especies como Halobacillus, Psychroflexus y Halorubrum también contribuyen con pigmentos. Al menos dos de las 21 especies que tuvieron su genoma completo identificado eran previamente desconocidas para la ciencia. Lo que parecía ser trabajo de una única alga es, en realidad, el resultado de una comunidad microbiana compleja con decenas de especies trabajando en conjunto.
Cómo las lluvias extremas borraron el color del lago en cuestión de semanas
En 2022, el oeste de Australia fue golpeado por lluvias extremas atípicas atribuidas en parte al cambio climático global. El volumen de precipitación diluyó el agua del Lago Hillier y redujo la salinidad extrema que sostiene la vida microbiana especializada. Sin la salinidad que normalmente supera diez veces la del océano, los microorganismos no desaparecieron, pero redujeron drásticamente la producción de los pigmentos que dan el color rosa.
La lógica es bioquímica: los carotenoides y las bacterioruberinas se producen como respuesta al estrés osmótico causado por el exceso de sal. Cuando la salinidad cae, los microorganismos ya no necesitan protegerse y dejan de producir los pigmentos, de la misma manera que un paraguas se cierra cuando la lluvia para. La diferencia es que reconstruir la salinidad original y restaurar la comunidad microbiana al equilibrio anterior puede llevar hasta una década, según las autoridades de parques nacionales australianos.
El Lago Hillier como laboratorio vivo y análogo de Marte
El ambiente extremo del Lago Hillier siempre ha interesado a la ciencia, pero el descubrimiento de la complejidad de su comunidad microbiana elevó el interés a otro nivel. El lago funciona como un laboratorio vivo de microbiología, albergando organismos poliextremófilos capaces de sobrevivir a múltiples condiciones extremas simultáneamente: salinidad decenas de veces superior a la del océano, radiación ultravioleta intensa y variaciones bruscas de temperatura.
Estas condiciones se asemejan a lo que los científicos esperan encontrar en algunos ambientes de Marte, lo que convierte al Lago Hillier en un análogo terrestre para investigaciones de astrobiología. Si los microorganismos pueden prosperar en las aguas hipersalinas de Australia, es plausible que formas de vida similares puedan existir en depósitos salinos marcianos. La pérdida temporal del color rosa no eliminó el valor científico del lago: al contrario, ofreció a los investigadores la rara oportunidad de estudiar cómo una comunidad microbiana reacciona y se reorganiza tras una perturbación ambiental.
Los otros lagos rosas del mundo y el patrón que preocupa a los científicos
El Lago Hillier no es el único cuerpo de agua rosa del planeta, pero es el más famoso. Existen decenas de lagos con coloración similar alrededor del mundo, todos compartiendo el mismo perfil: alta salinidad, aislamiento relativo y comunidad microbiana especializada. El Lago Retba, en Senegal, ha enfrentado problemas con nitratos que amenazan su ecosistema. El Pink Lake, también en Esperance, Australia, perdió el color hace más de 20 años y nunca se ha recuperado.
El patrón es preocupante porque muestra que el color rosa de estos lagos es más frágil de lo que parece. Cualquier alteración en la salinidad provocada por lluvias atípicas, contaminación o cambio en el nivel del mar puede desorganizar la comunidad microbiana, y la recuperación no está garantizada. Para el Lago Hillier, la expectativa oficial es de hasta diez años, pero el ejemplo del Pink Lake demuestra que el retorno del color puede simplemente no ocurrir si las condiciones climáticas no vuelven al patrón anterior.
Lo que la pérdida del color rosa enseña sobre el cambio climático
La historia del Lago Hillier se ha convertido en un ejemplo concreto de cómo incluso paisajes considerados estables pueden ser transformados por alteraciones aparentemente pequeñas en el clima. El lago no se secó, no fue contaminado por acción humana directa y no perdió su fauna microbiana, pero perdió la característica que lo hacía único y que sostenía una industria turística de vuelos panorámicos y recorridos fotográficos.
Para los científicos, el caso ilustra que los impactos de los cambios climáticos no siempre son catastróficos en el sentido tradicional, pero pueden ser profundos de maneras inesperadas. Un lago que pierde el color no genera refugiados climáticos ni destruye cosechas, pero elimina un patrimonio natural y científico que llevó milenios en formarse y que, una vez perdido, puede no volver en la escala de una vida humana.
¿Sabías que el lago rosa más famoso del mundo perdió su color debido al cambio climático, o pensabas que el paisaje era permanente? Cuéntanos en los comentarios si alguna vez soñaste con visitar el Lago Hillier y qué piensas sobre fenómenos naturales que desaparecen antes de que podamos verlos.

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