Maharashtra amplió caña y etanol en India, pero el cultivo más sediento del país presiona ríos, pozos y reservas de agua en áreas secas.
El estado de Maharashtra se ha convertido en uno de los pilares de la economía sucroenergética de India. En el sitio oficial del Sugar Commissionerate del estado, el gobierno informa que, en la cosecha 2023-24, 208 plantas operaron en Maharashtra y que el área de caña superó 14,87 lakh hectáreas, con un peso relevante en la producción india de azúcar y en el avance de actividades asociadas, como destilerías y etanol.
El problema es que esta fuerza económica se apoya en un cultivo altamente intensivo en agua. En el plan oficial del NITI Aayog para la mezcla de etanol en India, el organismo afirma que la producción de 1 kg de azúcar requiere, en promedio, 1.600 a 2.000 litros de agua, y que 1 litro de etanol derivado del azúcar puede requerir cerca de 2.860 litros de agua, en un país donde la caña y el arroz ya representan una parte gigantesca del agua de riego.
Caña de azúcar en Maharashtra crece bajo escasez hídrica
La paradoja central de esta historia está en la geografía. El estudio Water-food-energy challenges in India, publicado en Environmental Research Letters, muestra que 82% del área cultivada con caña en Maharashtra se encuentra en regiones con menos de 1.000 mm de lluvia por año, nivel que el propio trabajo señala como el mínimo anual recomendado para el cultivo.
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La misma investigación destaca que la cadena montañosa de los Ghats Occidentales crea una gran desigualdad en la distribución de lluvias dentro del estado. En la práctica, esto ayuda a explicar por qué un cultivo sediento continúa avanzando precisamente en áreas donde la oferta natural de agua ya es más limitada.
Este cuadro no se mantiene por casualidad. El estudio relaciona la persistencia del modelo a políticas de apoyo al sector, con incentivos que sostienen la producción de caña incluso en zonas de baja precipitación y elevan la presión sobre agua, energía y seguridad alimentaria al mismo tiempo.
Agua para azúcar y etanol se convirtió en el centro del conflicto ambiental
El peso hídrico de la caña no aparece solo en el campo, sino también en el combustible. El NITI Aayog informa que, en promedio, 1 tonelada de caña puede generar cerca de 100 kg de azúcar y 70 litros de etanol, lo que ayuda a explicar por qué la política de expansión del biocombustible amplía también la discusión sobre el uso de agua.

En el mismo documento, el organismo reconoce que la caña es un cultivo intensivo en agua y recomienda desplazar parte del área plantada hacia cultivos menos sedientos. La observación es importante porque la promesa de un combustible más limpio no elimina el costo invisible pagado por ríos, embalses, pozos y acuíferos.
En otras palabras, la cuenta ambiental del etanol no termina en el escape. Cuando la materia prima proviene de un cultivo que exige volúmenes tan altos de agua, la ganancia energética pasa a disputar espacio con un problema estructural de seguridad hídrica.
La cuenca del Alto Bhima revela cómo la expansión de la caña puede reducir el agua río abajo
El estudio sobre Maharashtra trae un dato especialmente importante sobre la cuenca del Alto Bhima. Según los autores, el uso de agua para regar caña creció de forma sustancial entre 2000-01 y 2010-11, mientras que el caudal medio de salida de la cuenca disminuyó a lo largo de períodos comparables entre 1996 y 2012.
Cuanta más agua queda retenida río arriba para sostener un cultivo intensivo en riego, menor tiende a ser la disponibilidad para los tramos aguas abajo, donde otros productores, ciudades y ecosistemas dependen del mismo sistema hídrico.
Este tipo de presión no aparece solo en los mapas, sino en la rutina agrícola. En regiones más secas, la continuidad de la caña tiende a empujar la producción hacia una mayor dependencia de riego y bombeo, agravando la vulnerabilidad hídrica en años malos de lluvia.
La caña sostiene ingresos, plantas y empleos, pero hace la transición más difícil
La dificultad de cambiar este modelo está en el peso económico de la cadena. El propio Sugar Commissionerate afirma que cerca de 40 lakh agricultores cultivan caña en Maharashtra, que el sector mueve algo cerca de un lakh crore de rupias por año y que la industria mantiene amplia presencia rural, con fábricas, destilerías, cogeneración y otros negocios vinculados al complejo sucroenergético.
Por eso, la solución no pasa por tratar la caña como un villano simple. El desafío real es reducir la dependencia de un sistema que genera ingresos y empleo en el presente, pero que también amplía el desgaste de un recurso cada vez más estratégico y finito.
Es en este punto donde la discusión sobre sostenibilidad se vuelve más seria. La cuestión no es solo cuánto azúcar o etanol Maharashtra puede producir, sino cuánta agua el estado necesita sacrificar para sostener esta expansión en un paisaje marcado por lluvia desigual, irrigación intensiva y riesgo recurrente de escasez.
Solución pasa por diversificación agrícola y uso más eficiente del agua
Los documentos consultados convergen en una dirección: mantener la expansión de la caña sin cambiar la gestión del agua tiende a profundizar el problema.
El NITI Aayog defiende la migración de parte del área a cultivos menos intensivos en agua, mientras que el estudio académico señala que los incentivos actuales ayudan a perpetuar un arreglo ambientalmente frágil.
En la práctica, esto empuja el debate hacia medidas como diversificación agrícola, revisión de incentivos, mayor eficiencia de la irrigación y contención de la dependencia de un solo cultivo en áreas de baja lluvia. No se trata de extinguir la caña, sino de impedir que el crecimiento de hoy vacíe la base hídrica de mañana.
La historia de Maharashtra resume un dilema que aparece en varias partes del mundo. Una commodity puede generar riqueza, exportación y combustible, pero continuar insostenible cuando consume en silencio el activo más escaso de todos: el agua.

