La tecnología ha facilitado la vida, pero la conexión constante ha traído un nuevo desafío: entienda cómo surge el tecnoestrés y por qué pequeñas pausas pueden ayudar a recuperar el equilibrio.
La tecnología ha transformado la rutina moderna. Sin embargo, el uso constante de celulares, computadoras y plataformas digitales ha creado un nuevo desafío: el tecnoestrés, un tipo de estrés relacionado con el exceso de estímulos, información y la necesidad de permanecer conectado.
Además, herramientas como motores de búsqueda, inteligencia artificial, redes sociales y plataformas de video han facilitado el acceso al conocimiento, al entretenimiento y a las compras. Sin embargo, esta practicidad también ha aumentado la dependencia de los dispositivos digitales.
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Con esto, el mismo recurso creado para facilitar tareas ha pasado a exigir atención continua. Consecuentemente, notificaciones, mensajes y actualizaciones frecuentes pueden generar una sensación permanente de alerta.
Qué es el tecnoestrés y cómo la tecnología puede generar sobrecarga
En primer lugar, el estrés representa un desequilibrio entre las demandas del día a día y la capacidad de enfrentarlas.
A pesar de ello, el estrés no siempre es negativo. Situaciones importantes de la vida, como el matrimonio, el nacimiento o el inicio de una carrera, también provocan tensión y pueden ayudar en la adaptación.
Sin embargo, cuando el estrés se vuelve frecuente e intenso, deja de contribuir al rendimiento. Así, puede perjudicar la salud mental y física.
En este escenario, el estrés causado por la tecnología aparece cuando el uso de los dispositivos supera los límites de descanso y recuperación de la mente.
Cómo el exceso de tecnología afecta la salud mental
Además, los impactos del estrés tecnológico no suelen surgir de forma inmediata. Se acumulan por pequeñas situaciones diarias.
De esta forma, verificar correos electrónicos, responder mensajes, seguir redes sociales y lidiar con notificaciones constantes mantiene el cerebro en actividad continua.
Consecuentemente, la mente puede presentar señales de desgaste, ya que la atención humana tiene límites.
Entre los principales efectos están:
- Dificultad para dormir;
- Ansiedad;
- Irritabilidad;
- Fatiga mental;
- Dolores musculares y cefaleas;
- Alteraciones digestivas y alimentarias.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades no transmisibles, como problemas cardiovasculares, diabetes y cáncer, representan algunas de las principales causas de muerte en el mundo.
La trampa de la conexión constante y la búsqueda del equilibrio digital
Sin embargo, la tecnología no es la causa del problema por sí sola. En realidad, el impacto depende de la forma en que se utiliza.
Por eso, desarrollar un uso consciente de la tecnología es una de las principales estrategias para reducir el tecnoestrés.
Muchas veces, el acceso al celular ocurre automáticamente. Así, el cerebro busca estímulos rápidos y crea un hábito difícil de interrumpir.
Para evaluar esta relación con las pantallas, algunas preguntas pueden ayudar:
- ¿Puedes pasar 48 horas sin mirar el celular?
- ¿Cuántas horas al día permaneces frente a las pantallas?
- ¿La primera acción al despertar es verificar notificaciones?
- ¿El tiempo de uso del smartphone te sorprende?
Además, estudios sobre la reducción voluntaria del uso digital indican que disminuir el tiempo conectado puede favorecer el bienestar psicológico y reducir comportamientos compulsivos.
Pequeñas pausas pueden ayudar a reducir el estrés causado por la tecnología
De la misma forma que el cuerpo necesita descansar tras un esfuerzo físico, la mente también necesita recuperación.
Por eso, identificar situaciones que aumentan la ansiedad es esencial. Trabajo, redes sociales, exceso de información y exigencias diarias pueden funcionar como factores de desgaste.
Además, actividades fuera de las pantallas pueden ayudar en la recuperación mental. Deportes, lectura, danza, convivencia social y música son ejemplos de prácticas que favorecen la desconexión.
Por lo tanto, establecer límites y crear momentos sin tecnología puede mejorar la regulación emocional y ayudar a mantener una relación más saludable con los dispositivos digitales.
Fuente nominal: Organización Mundial de la Salud (OMS); estudios sobre salud mental y uso de tecnologías digitales; artículo originalmente publicado por The Conversation, con autoría de Iván Fernández Suárez, profesor del Programa de Maestría en Prevención de Riesgos Ocupacionales.
