Antes de Casarse, Charles Darwin Hizo una Lista Meticulosa de Pros y Contras — y Casi Desistió de la Idea
En 1838, Charles Darwin vivía una fase intensa de su vida. A los 29 años, ya había completado su viaje alrededor del mundo a bordo del HMS Beagle y acumulaba anotaciones que formarían la base de la teoría de la selección natural. Pero, en medio de este momento crucial de la ciencia, otra cuestión ocupaba su mente: ¿valía la pena casarse?
Darwin enfrentó esta decisión como un experimento. No tomó una decisión por impulso. Tomó lápiz y papel y comenzó a listar, con franqueza y lógica, los pros y los contras del matrimonio. Todo de forma metódica. Como si fuera parte de su trabajo científico.
El Lado Bueno de Casarse, Según Darwin
En julio de ese año, escribió la lista “Casarse”. Entre los beneficios que veía, estaban:
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Ingenieros crean máquina del tamaño de una nevera que produce gasolina sintética de 95 octanos a partir del aire, agua y electricidad renovable, sin petróleo ni refinerías.
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Robot with two arms begins reconstructing destroyed frescoes of Pompeii like an impossible puzzle, using AI to recognize colors, patterns, and ancient fragments that would take humans years to piece together.
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Científicos confirman el «enverdecimiento» de la Antártida: el hielo del continente más frío del mundo está «volviéndose verde» con musgos que se han multiplicado más de diez veces en cuatro décadas.
- Tener hijos, “si Dios quiere”
- Tener una compañera constante y una amiga en la vejez
- Alguien a quien amar y con quien jugar — lo que, según él, era “mejor que un perro”
- Tener un hogar y alguien que cuidara de la casa
- Aprovechar la música y las conversaciones femeninas
A pesar de eso, expresó una incomodidad. Para él, esas cosas buenas también podrían ser “una terrible pérdida de tiempo”. En otro trecho, desahogó:
“¡Dios mío, es intolerable pensar en pasar la vida entera como una abeja castrada, trabajando, trabajando, y, al final, nada. No, no haré eso.”
Pero pronto se contradijo con otra imagen mental: “Imagina vivir todo el día solo en una casa sucia en Londres. Imagina una esposa amable y cariñosa en un sofá, con una buena chimenea, libros y música, tal vez.”
La Larga Lista de Desventajas
A continuación, Darwin enumeró los contras del matrimonio. Y eran más numerosos:
- Pérdida de libertad para ir a donde quisiera
- Tener que elegir cuándo socializar
- Quedarse sin las conversaciones con hombres inteligentes en clubes
- Tener que visitar parientes y cumplir formalidades sociales
- Preocupaciones con hijos, peleas y gastos
- Tiempo perdido
- No poder leer más por la noche
- Riesgo de engordar y volverse ocioso
- Más responsabilidades
- Menos dinero para libros
- Obligaciones de trabajar aún más, en caso de tener muchos hijos
- La posibilidad de que la esposa no le guste Londres y acabar exiliado y degradado
Aunque la balanza parecía inclinarse hacia el lado negativo, Darwin escribió al final de la lista:
“¡Cásese Q.E.D.!”
La sigla en latín significa “como se ha demostrado”.
Inseguridades Hasta el Fin
Aún después de escribir que el matrimonio era necesario, Darwin no estaba completamente decidido. Continuó reflexionando. Llegó a escribir dudas sobre el momento ideal para ello: “Si está demostrado que es necesario casarse, ¿cuándo? ¿Pronto o más tarde?”
Había recibido consejos diciendo que casarse temprano era mejor, pues los sentimientos aún estaban vivos y el carácter más moldeable. Pero eso lo asustaba. Enumeró más preocupaciones, entre ellas:
- Problemas y gastos sin fin
- Peleas causadas por obligaciones sociales
- Pérdida de tiempo diaria
- Nunca aprender francés
- Nunca ver el continente
- Nunca volar en globo
- Nunca viajar solo a Gales
La duda era intensa. En algunos momentos, se veía como un futuro “esclavo triste”. En otros, buscaba animarse con frases alentadoras: “Anímate. No se puede vivir esta vida solitaria, con una vejez entorpecida, sin amigos, con frío y sin hijos.”
Al final, aceptó el destino con resignación: “No te preocupes, confía en el azar. Hay muchos esclavos felices.”
La Elección Fue Hecha
Poco después de esta larga jornada de reflexión, Darwin tomó su decisión. El 11 de noviembre de 1838, escribió en su diario: “¡El día de los días!”
Emma Wedgwood, su prima, había aceptado su propuesta de matrimonio.
Así, el hombre que dedicó su vida a entender la evolución de las especies también atravesó el dilema más común de la existencia humana. Entre tantas anotaciones y razonamientos, Darwin optó por el matrimonio. Eligió el amor.
Con información de CNN.
