Sistema robótico utiliza inteligencia artificial para ayudar a arqueólogos a recomponer frescos fragmentados de Pompeya, en un proyecto europeo que combina visión computacional, brazos mecánicos y análisis de patrones preservados en piezas antiguas.
Un sistema robótico de dos brazos, guiado por inteligencia artificial, fue desarrollado para asistir a arqueólogos en la recomposición de frescos romanos de Pompeya preservados en miles de fragmentos.
La tecnología combina visión computacional, algoritmos de reconstrucción y manos robóticas sensibles para manipular piezas antiguas sin comprometer superficies frágiles.
El proyecto recibió el nombre de RePAIR, sigla en inglés para “Reconstructing the Past: Artificial Intelligence and Robotics Meet Cultural Heritage”.
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Coordinada por la Universidad Ca’ Foscari de Venecia y financiada por la Unión Europea, la iniciativa comenzó el 1 de septiembre de 2021 y fue concluida el 31 de octubre de 2025, según datos de la Comisión Europea.
La demostración pública tuvo lugar en el Parque Arqueológico de Pompeya, en Italia, el 27 de noviembre de 2025.
El sistema fue presentado como resultado de una investigación internacional enfocada en una etapa específica de la conservación arqueológica: identificar, comparar y recomponer fragmentos de obras antiguas sin una imagen completa de referencia.
Según los investigadores involucrados en el proyecto, el desafío se asemeja al montaje de varios rompecabezas mezclados, con piezas ausentes y partes dañadas.
En este contexto, la inteligencia artificial se utiliza para buscar relaciones entre colores, patrones, formas y texturas que puedan indicar posibles encajes.
Cómo funciona el robot de dos brazos usado en Pompeya
El robot opera con dos brazos mecánicos, manos flexibles y sensores de visión.
Antes del montaje físico, los fragmentos son digitalizados en imágenes de alta resolución y modelos tridimensionales, lo que permite el análisis automatizado de características visuales y geométricas.
A partir de estos registros, los algoritmos calculan combinaciones posibles entre las piezas.
A continuación, la plataforma robótica recibe las posiciones sugeridas y manipula los fragmentos de acuerdo con las hipótesis evaluadas por el sistema.
Arqueólogos y restauradores acompañan el proceso para validar las asociaciones propuestas, corregir eventuales errores y decidir qué encajes tienen sentido desde el punto de vista histórico y material.
La Universidad Ca’ Foscari informa que el prototipo fue concebido para actuar en cooperación con especialistas humanos, sin sustituir la decisión técnica de los profesionales del patrimonio.
Esta distinción evita atribuir a la máquina un papel que las fuentes no confirman.
La IA participa en la selección y el análisis visual a gran escala, mientras que la interpretación arqueológica sigue dependiendo del conocimiento especializado, la documentación de campo y la evaluación conservativa.
El director del Parque Arqueológico de Pompeya, Gabriel Zuchtriegel, afirmó a Reuters que el proyecto nació de una necesidad concreta: recomponer fragmentos de frescos destruidos durante la Segunda Guerra Mundial.
En una publicación de Ca’ Foscari, también declaró que ninguna tecnología sustituye el trabajo humano, aunque puede ofrecer apoyo al manejar grandes cantidades de datos.
Frescos de Pompeya afectados por erupción, guerra y derrumbe
Las pruebas se centraron en frescos mantenidos en depósitos del Parque Arqueológico de Pompeya.
Entre los conjuntos estudiados están pinturas de techo de la Casa de los Pintores en Trabajo, en la Insula de los Amantes Castos, dañadas por la erupción del Vesubio en el año 79 d.C. y fragmentadas posteriormente por bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial.
Otro grupo analizado provino de la Schola Armaturarum, edificio también conocido en algunas descripciones como Casa de los Gladiadores.
La construcción se derrumbó en 2010, y parte de los frescos permaneció en estado fragmentario tras el episodio.
La selección de estos materiales está ligada al objetivo técnico del RePAIR.
El proyecto buscó probar el sistema en conjuntos reales de fragmentos arqueológicos, con piezas gastadas, incompletas, irregulares y separadas de su contexto original.
Pompeya está cerca de Nápoles, en el sur de Italia, y fue sepultada por cenizas volcánicas tras la erupción del Vesubio.
El sepultamiento preservó edificios, objetos y pinturas por siglos, pero muchos materiales llegaron al presente rotos, desgastados o almacenados en partes.
Cuando daños de períodos diferentes se superponen, la recomposición se vuelve más compleja.
En el caso de parte de los frescos estudiados, las pinturas fueron afectadas primero por un desastre natural en la Antigüedad y, siglos después, por bombardeos ocurridos durante la guerra.
Para reducir riesgos durante la fase inicial, los investigadores trabajaron con réplicas de los fragmentos.
Esta medida permitió calibrar el robot, probar movimientos y evaluar la precisión del sistema sin exponer las piezas originales a manipulaciones experimentales.
El uso de réplicas también es importante porque la restauración arqueológica involucra materiales insustituibles.
Un encaje incorrecto, una presión mal calculada o un movimiento inadecuado puede dañar pigmentos, bordes y superficies preservadas.
Inteligencia artificial analiza colores, patrones y fragmentos antiguos
Marcello Pelillo, profesor de inteligencia artificial de la Universidad Ca’ Foscari y coordinador del proyecto, comparó la tarea a comprar cuatro o cinco cajas de rompecabezas, mezclar todo, descartar las cajas e intentar resolver todos al mismo tiempo.
La comparación fue usada por él para explicar la dificultad técnica de la recomposición.
Los investigadores no trabajan con una imagen final lista, sino con conjuntos diferentes de obras, superficies desgastadas, fragmentos ausentes y patrones que pueden repetirse.
A diferencia de un rompecabezas común, los pedazos arqueológicos tienen formas irregulares, bordes corroídos y señales visuales incompletas.
Muchas veces, el contorno físico no basta para indicar la posición correcta de cada fragmento.
Por eso, los algoritmos analizan elementos como pigmentos, continuidad de líneas, trazos de pintura, patrones decorativos y relaciones espaciales.
Estos datos ayudan a reducir el número de combinaciones posibles antes de la validación hecha por los especialistas.
La base científica del RePAIR también resultó en la creación de un conjunto de datos orientado a problemas reales de remontaje en 2D y 3D.
Según un artículo académico asociado al proyecto, el material reúne fragmentos con dimensiones variadas, piezas faltantes, erosión y fracturas ligadas al colapso de un fresco durante bombardeo de la Segunda Guerra en el Parque Arqueológico de Pompeya.
Los investigadores afirman que este tipo de base de datos permite probar métodos computacionales en condiciones más cercanas a la realidad arqueológica.
En lugar de escenarios artificiales y regulares, el sistema lidia con daños, lagunas e irregularidades presentes en materiales preservados en depósitos.
La tecnología puede apoyar la restauración del patrimonio cultural
La Comisión Europea describe la reconstrucción física de obras rotas como una de las etapas más intensivas en mano de obra en la investigación arqueológica.
El RePAIR fue creado para facilitar este proceso mediante la integración entre inteligencia artificial, robótica y conservación del patrimonio cultural.
Según la descripción oficial del proyecto, la propuesta es apoyar la recomposición de artefactos fragmentados, como vasijas, ánforas y frescos.
La tecnología busca acelerar tareas de comparación y montaje que, en grandes conjuntos, pueden requerir largos períodos de trabajo manual.
Reuters informó que investigadores ligados al proyecto ven potencial para la aplicación de la tecnología en prácticas de restauración fuera de Pompeya.
La evaluación, sin embargo, aparece atribuida a los especialistas y no como una conclusión independiente sobre el alcance del sistema.
Museos, sitios arqueológicos y centros de investigación mantienen colecciones con objetos rotos que no han sido completamente recompuestos.
En muchos casos, el volumen de fragmentos dificulta la clasificación manual y limita la posibilidad de probar todas las combinaciones viables.
Incluso con los resultados presentados, las instituciones involucradas tratan el sistema como un prototipo de investigación.
La Ca’ Foscari informó que el proyecto demostró la viabilidad de un enfoque integrado entre robótica e inteligencia artificial, pero señaló la necesidad de perfeccionar algoritmos y definir, con seguridad, qué etapas pueden ser automatizadas.
Esta limitación también aparece en la forma en que la tecnología fue probada.
Hasta la demostración descrita por las fuentes consultadas, la fase inicial utilizó réplicas, y no hay confirmación segura de que los fragmentos originales ya estén siendo remontados físicamente por el robot en una rutina definitiva de restauración.
La participación humana continúa prevista en todas las etapas decisivas.
Corresponde a los especialistas evaluar si una combinación propuesta por el sistema tiene sentido ante la técnica de pintura, el estado del material, el contexto arqueológico y la información histórica disponible.
El caso de Pompeya muestra una aplicación específica de la inteligencia artificial en patrimonio cultural: organizar grandes volúmenes de fragmentos, sugerir encajes y permitir que los restauradores concentren el análisis en hipótesis más probables.
