Según información de EL PAÍS, la primera estación de recarga solar gratuita de Cuba funciona en Santa Clara y ya atrae a residentes de ciudades a 70 kilómetros que enfrentan apagones crónicos y no pueden cargar sus triciclos eléctricos en casa, en una isla donde la energía se ha convertido en el recurso más escaso y disputado de la vida cotidiana.
En Cuba, la electricidad dejó de ser un servicio básico y se transformó en un artículo de supervivencia. Los apagones que se prolongan durante horas interrumpen la rutina de familias enteras, paralizan pequeños negocios y hacen imposible cargar los triciclos eléctricos que se han multiplicado como alternativa al combustible escaso. Cargar un solo triciclo eléctrico requiere hasta diez horas conectado a la toma de corriente, tiempo que la red simplemente no garantiza. En este escenario, un empresario, Alexandre Gutiérrez, de Santa Clara, decidió inaugurar lo que se cree que es la primera estación de recarga solar gratuita del país, bautizada informalmente como solinera, y el impacto en la comunidad fue inmediato.
La noticia se difundió rápidamente. Residentes de ciudades vecinas, algunos provenientes de hasta 70 kilómetros de distancia, comenzaron a desplazarse hasta Santa Clara solo para conseguir energía para sus vehículos. La solinera se convirtió en un punto de encuentro, un refugio contra el apagón y un símbolo de una solución que el propio gobierno aún no ha logrado ofrecer a escala. Los vecinos de los alrededores relatan que el lugar cambió la dinámica del barrio: cuando la luz de la red se corta, la estación de recarga solar sigue funcionando, y hay quienes incluso llevan ollas para cocinar allí mientras esperan que el vehículo se cargue.
Apagones crónicos y el colapso de la vida cotidiana en Cuba

La crisis energética de Cuba no es reciente, pero se ha agravado de forma dramática en los últimos años. El embargo energético impuesto por Estados Unidos restringe el acceso de la isla a combustibles fósiles, y la infraestructura de generación eléctrica, envejecida y sobrecargada, no logra satisfacer la demanda. El resultado son apagones que pueden durar de cuatro a doce horas al día, obligando a las familias a reorganizar toda la rutina doméstica en torno a los breves intervalos en que la energía regresa.
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El triciclo eléctrico impulsado por energía solar, que transporta 272 kilos de carga como un camión y no requiere licencia, registro ni seguro, ya funciona como vehículo utilitario de reparto, café sobre ruedas y base móvil de granja, sin gastar un litro de combustible.
La expresión que mejor traduce este día a día viene de los propios cubanos: cuando la luz vuelve, todos corren a cocinar, lavar, cargar celulares y encender ventiladores antes de que comience el próximo apagón. «Rápido, antes de que se acabe la energía» se ha convertido en el estribillo involuntario de millones de personas. Quienes viven cerca de la solinera de Santa Clara cuentan que esta presión ha disminuido sensiblemente, porque ahora existe un punto de energía confiable alimentado por el sol que no depende de la red nacional. En Cuba, tener acceso a una fuente de electricidad estable dejó de ser un confort y pasó a ser una ventaja estratégica de supervivencia.
La solinera: recarga solar gratuita que se convirtió en tabla de salvación

La estación de recarga solar inaugurada a principios de abril en Santa Clara funciona con paneles fotovoltaicos que captan la energía del sol y la ponen a disposición gratuita de quienes necesitan cargar vehículos eléctricos. El modelo es simple, pero el impacto es profundo en un país donde la mayoría de los residentes no puede permitirse la instalación de un sistema solar propio. El empresario Alexandre Gutiérrez, quien ideó la solinera, transformó una inversión privada en un servicio público, ofreciendo gratuitamente algo que el Estado cubano aún no ha logrado entregar de forma accesible.

Para los dueños de triciclos eléctricos, la estación resuelve un problema que parecía insoluble. Cargar la batería del vehículo exige diez horas ininterrumpidas de energía, y en Cuba los apagones fragmentan ese período de manera impredecible. Con la recarga solar, el proceso deja de depender de la red inestable y pasa a contar con el sol, recurso que la isla caribeña tiene de sobra durante prácticamente todo el año. La solinera no solo carga vehículos: devuelve la movilidad a personas que estaban literalmente atrapadas en casa por falta de energía para salir.
70 kilómetros por una carga: la jornada desde Cienfuegos

El caso más emblemático de la transformación provocada por la solinera viene de Cienfuegos, ciudad ubicada a 70 kilómetros de Santa Clara. Residentes como Yudelaimys Barrero, quien adquirió recientemente un triciclo eléctrico con su esposo, no lograban completar el viaje de ida y vuelta entre las dos ciudades porque la batería se descargaba en el camino de regreso. Santa Clara es un destino obligatorio para compras y consultas médicas de los hijos, pero sin energía suficiente para el recorrido completo, la familia quedaba aislada.
Con la inauguración de la estación de recarga solar, esa barrera desapareció. Barrero ahora hace el trayecto, recarga el triciclo eléctrico gratuitamente en la solinera y regresa a Cienfuegos con la batería llena. Para ella, la estación «resolvió muchos problemas para mucha gente», una frase que sintetiza el sentimiento de decenas de familias que pasaron a depender del punto de recarga solar como parte esencial de la logística doméstica. En Cuba, donde el combustible es caro y escaso y la red eléctrica es impredecible, recorrer 70 kilómetros para acceder a energía gratuita no es un exageración, es un cálculo racional de supervivencia.
Avance solar, límites reales y el futuro energético de Cuba
El gobierno cubano reconoce la gravedad de la crisis e intensificó la instalación de paneles solares en los últimos años. Las fuentes renovables ya representan cerca del 10% de la generación eléctrica de la isla, un avance significativo en relación con el 3,6% registrado en 2024. Este crecimiento, sin embargo, aún no se traduce en acceso universal. La distribución permanece concentrada en proyectos gubernamentales e industriales, y pocos ciudadanos comunes tienen recursos para adquirir sistemas fotovoltaicos propios.
Es en esta laguna donde iniciativas como la solinera de Santa Clara ganan una relevancia desproporcionada a su tamaño. Una única estación de recarga solar gratuita no resuelve la crisis energética de Cuba, pero demuestra que el modelo funciona y que la demanda es real. Si el formato se replica en otras ciudades, la recarga solar puede convertirse en la columna vertebral de una red descentralizada de energía que sortea los límites de la red eléctrica nacional y reduce el impacto de los apagones sobre la movilidad y el día a día de millones de cubanos. El triciclo eléctrico, vehículo que ya se ha consolidado como transporte popular en la isla, sería el mayor beneficiario directo de esta expansión.
Y tú, ¿qué piensas sobre esta iniciativa en Cuba? ¿Crees que las estaciones de recarga solar gratuita podrían funcionar en otros países con problemas de energía y apagones frecuentes? Deja tu comentario y dinos si el modelo de la solinera debería replicarse como solución para la movilidad eléctrica en regiones con infraestructura frágil.

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