El Ciclobús, un autobús adaptado que transporta pasajeros y sus vehículos a través del Túnel de la Bahía de La Habana, se ha convertido en el medio de transporte más esencial de Cuba durante la peor crisis de combustible que el país ha enfrentado en décadas, según APPNEWS. El servicio, que recorre 3 kilómetros en 15 minutos por un paso submarino entre La Habana Vieja y la zona este, transporta a más de 2 mil personas al día y cobra entre 2 y 5 pesos cubanos por viaje. El bloqueo energético impuesto por el gobierno de Trump desde enero racionó la gasolina a 20 litros por vehículo en un proceso de cita que puede tardar semanas.
Un autobús a diésel que atraviesa un túnel subacuático en la Bahía de La Habana se ha convertido en el transporte más esencial de Cuba en medio de la peor crisis de combustible que la isla ha enfrentado en décadas. El Ciclobús, como se le llama, transporta a unos 60 pasajeros por viaje junto con sus bicicletas, patinetes y motos eléctricas a través de un paso de 3 kilómetros bajo el agua que conecta la Habana Vieja con la zona este de la ciudad, donde viven cientos de miles de personas. Las calles de la capital cubana están casi desiertas de coches, pero repletas de miles de bicicletas y pequeñas motos eléctricas que se han convertido en el único medio de transporte.
La razón es simple y brutal: no hay gasolina. El bloqueo energético impuesto por el presidente de los EE. UU., Donald Trump, en enero de 2026, obligó a Cuba a racionar la gasolina a solo 20 litros por vehículo, en un proceso de cita tan complejo que puede llevar semanas o incluso meses para que cada conductor consiga repostar. El resultado es que el transporte público prácticamente se detuvo, los taxis se volvieron inaccesibles para la mayoría y la población que necesita trabajar al otro lado de la ciudad depende del Ciclobús para cruzar la bahía que divide La Habana en dos.
Qué es el Ciclobús y cómo funciona la travesía subacuática

El Ciclobús es propiedad de la empresa estatal de transportes de La Habana y funciona de forma inusual: la mitad del autobús tiene asientos convencionales y la otra mitad es un compartimento abierto de carga donde los pasajeros entran por una rampa y permanecen de pie junto a sus bicicletas, patinetes y motos, sujetándose a barras de apoyo fijadas en las paredes. El recorrido de 3 kilómetros por el túnel dura unos 15 minutos.
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La tarifa varía de 2 a 5 pesos cubanos dependiendo del tipo de vehículo transportado, una fracción ínfima de un dólar estadounidense en el cambio informal. Para comparar, un viaje en taxi compartido por el mismo trayecto cuesta 1.000 pesos cubanos, y un trabajador cubano puede ganar 7 mil pesos al mes (alrededor de US$ 14). El Ciclobús es, por lo tanto, la única opción financieramente viable para la mayoría de la población que vive en la zona este y trabaja en la Habana Vieja.
Por qué el Ciclobús nunca fue tan esencial como ahora
El servicio existe desde la década de 1990, cuando surgió durante el llamado «Período Especial», la crisis provocada por el colapso de la Unión Soviética que dejó a Cuba aislada económicamente. El presidente Fidel Castro distribuyó bicicletas de fabricación china a la población, y el Ciclobús fue creado para transportar esos vehículos por el túnel que está cerrado a bicicletas y motos. Con el tiempo, el servicio perdió relevancia a medida que los autobuses regulares y los taxis volvieron a circular.
Ahora, la historia se repite en una versión agravada. El bloqueo energético de Trump cortó entre el 80% y el 90% de las importaciones de petróleo de Cuba, y la escasez de combustible paralizó el transporte público y los taxis que realizaban la mayoría de los viajes en La Habana. El Ciclobús, que en los últimos años transportaba pocos pasajeros, volvió a tener filas organizadas en la entrada del túnel, con decenas de personas esperando para embarcar con sus vehículos de dos ruedas.
Las personas que dependen de la travesía para sobrevivir
Ingrid Quintana, residente de La Habana Este que trabaja en la parte antigua de la ciudad, explicó la situación a Associated Press: «Mi marido tiene una bicicleta, así que voy como acompañante. Es una opción que tenemos, porque no hay transporte público y no podemos pagar un taxi». El viaje en el Ciclobús es incómodo —los pasajeros cruzan en la oscuridad del túnel subacuático sujetando sus bicicletas— pero es la única forma accesible de cruzar la bahía.
Bárbaro Cabral, profesor de educación física de 32 años, sujetaba su bicicleta mientras el Ciclobús se llenaba: «La mayoría de los empleos están al otro lado, en la ciudad«. La alternativa terrestre es rodear la bahía por 16 kilómetros de carreteras portuarias industriales con pavimentación precaria, trayecto que en bicicleta lleva más de una hora bajo el calor caribeño. El túnel acorta la distancia a 3 kilómetros y elimina el riesgo de pedalear por vías sin iluminación y sin arcén.
La crisis de combustibles que transformó La Habana en ciudad de bicicletas
Las calles de La Habana cambiaron de forma visible en 2026. Donde antes circulaban los clásicos coches americanos de los años 50, taxis colectivos y autobuses abarrotados, ahora predominan bicicletas, triciclos eléctricos y scooters importados de China que se han convertido en el principal medio de locomoción de la capital. La gasolina racionada a 20 litros por vehículo significa que incluso quien tiene coche no puede usarlo para desplazamientos diarios.
La crisis energética de Cuba en 2026 es la más grave desde el Período Especial de los años 90, y para muchos cubanos es peor. Apagones de 12 a 20 horas al día afectan a diversas regiones del país, los hospitales operan con generadores precarios y la cadena de frío para alimentos y medicamentos colapsa regularmente. El Ciclobús, con su modesta capacidad de 2 mil pasajeros al día, es una solución parcial para un problema que afecta a millones de personas.
Lo que el Ciclobús revela sobre la resiliencia cubana
El Ciclobús no es tecnología de punta ni una solución planificada: es una adaptación de emergencia que funciona porque no necesita nada más que diésel para un único autobús y la disposición de los pasajeros para viajar apretados en la oscuridad con bicicletas apoyadas en la pared. Es símbolo de una resiliencia que Cuba aprendió a lo largo de seis décadas de embargo, período en el que la isla transformó la limitación en improvisación —desde coches americanos mantenidos vivos con piezas artesanales hasta sistemas de salud que funcionan con recursos mínimos.
Para el mundo que observa desde fuera, el Ciclobús también es un recordatorio de que la crisis energética no es un concepto abstracto: es gente real esperando en fila bajo el calor para cargar la bicicleta dentro de un autobús porque la gasolina se acabó. La dependencia del petróleo importado transformó a Cuba en un laboratorio involuntario de lo que sucede cuando se corta el suministro de combustible, y las imágenes de La Habana vacía de coches y tomada por bicicletas son el retrato más concreto de los efectos del bloqueo energético sobre la vida cotidiana.
¿Puedes imaginar tu ciudad sin gasolina y a todo el mundo usando bicicleta para ir a trabajar, o crees que esto solo ocurre en Cuba? Cuéntanos en los comentarios qué harías si el combustible de tu ciudad fuera racionado a 20 litros y el transporte público dejara de funcionar.

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