En EE.UU., las personas son pagadas para hacer tareas domésticas con cámaras en el cuerpo, generando datos que entrenan robots y crean un nuevo tipo de trabajo en la era de la IA.
En Los Ángeles, una escena aparentemente banal —alguien lavando platos o limpiando la cocina— está siendo transformada en algo mucho mayor: una base de datos para entrenar robots. Cientos de personas están siendo contratadas para realizar tareas domésticas mientras usan cámaras sujetas al cuerpo, registrando cada movimiento en primera persona, según un reportaje del Los Angeles Times. Lo que parece un trabajo común se ha convertido en parte de una nueva economía emergente, donde actividades del día a día son convertidas en información valiosa para el desarrollo de inteligencia artificial física. Este fenómeno marca una transición importante: de la IA que entiende texto e imágenes a la IA que aprende a actuar en el mundo real.
Un nuevo tipo de trabajo: el “trabajo digital” de la robótica
El modelo sigue la lógica de la llamada economía de trabajos temporales, pero con una diferencia crucial. En lugar de conducir o entregar comida, estos trabajadores ejecutan tareas domésticas mientras generan datos.
Las empresas de tecnología pagan valores que pueden llegar a alrededor de US$ 80 por pocas horas de grabación. A cambio, reciben algo extremadamente valioso: registros detallados de cómo los humanos interactúan con objetos, toman decisiones y ejecutan tareas cotidianas.
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Este tipo de actividad está siendo descrita como un nuevo tipo de ocupación —una mezcla de trabajo manual con producción de datos— que puede crecer rápidamente a medida que la robótica avanza.
Por qué los robots necesitan observar a los humanos para aprender
A diferencia de los modelos de lenguaje, que pueden ser entrenados con textos disponibles en internet, los robots enfrentan un desafío diferente: entender el mundo físico.
Para un robot, tareas simples como lavar un plato involucran múltiples variables:
- cómo sujetar el objeto
- cuánta fuerza aplicar
- cómo reaccionar a superficies mojadas
- cómo ajustar movimientos en tiempo real
Esas sutilezas son difíciles de programar manualmente. Por eso, las empresas están adoptando el aprendizaje por demostración, donde las máquinas aprenden observando a los humanos.
Cámaras en el cuerpo: cómo se capturan los datos
Los trabajadores utilizan dispositivos que capturan la acción desde el punto de vista humano. Esto incluye cámaras montadas en la cabeza, el pecho o incluso en las manos.
El objetivo es registrar no solo lo que se está haciendo, sino cómo se está haciendo. La perspectiva en primera persona permite que los algoritmos analicen:
- trayectorias de movimiento
- coordinación entre manos
- interacción con objetos
- tiempo de ejecución
Este tipo de datos es esencial para entrenar sistemas robóticos que necesitan operar en ambientes reales e impredecibles.
De la cocina al laboratorio: el camino de los datos
Después de la grabación, los datos son procesados por sistemas de inteligencia artificial que identifican patrones de comportamiento. Estos patrones son luego utilizados para entrenar robots o simulaciones.
El proceso involucra:
- extracción de movimientos
- modelado de acciones
- reproducción en ambiente virtual
- transferencia a robots físicos
Este ciclo permite que las máquinas aprendan tareas complejas sin necesidad de programación detallada para cada situación.
La carrera global por los robots humanoides
El crecimiento de este tipo de trabajo está directamente ligado a la carrera global para desarrollar robots capaces de operar en ambientes humanos.

Empresas como Tesla, Google y diversas startups están invirtiendo miles de millones para crear robots que puedan ejecutar tareas domésticas, industriales y de asistencia.
El objetivo final es desarrollar máquinas que puedan actuar en casas, hospitales y fábricas con autonomía y seguridad. En este contexto, los datos generados por humanos se convierten en un recurso estratégico.
Casas se convierten en laboratorios de inteligencia artificial
Uno de los aspectos más destacados de esta tendencia es la transformación de ambientes domésticos en espacios de recolección de datos.
Cocinas, salas y áreas de servicio comienzan a funcionar como escenarios reales donde la IA aprende. A diferencia de los entornos controlados de laboratorio, estos espacios ofrecen variabilidad e imprevisibilidad, factores esenciales para el entrenamiento robusto de robots. Esto amplía la calidad de los datos y acerca el aprendizaje a las condiciones reales de uso.
El impacto económico: datos físicos como nueva mercancía
La recolección de datos siempre ha sido uno de los pilares de la inteligencia artificial. Sin embargo, hasta hace poco, la mayor parte de estos datos era digital. Ahora, surge una nueva categoría: datos físicos. Movimientos, interacciones y comportamientos humanos pasan a tener valor económico directo.
Este fenómeno puede crear un nuevo mercado, donde las personas son remuneradas no solo por el trabajo en sí, sino por el valor informativo de sus acciones. A largo plazo, el desarrollo de robots capaces de realizar tareas domésticas puede alterar profundamente la dinámica del trabajo.
Si las máquinas logran aprender con precisión cómo los humanos realizan estas actividades, funciones repetitivas pueden ser automatizadas. Al mismo tiempo, pueden surgir nuevos tipos de trabajo, como operadores, entrenadores y supervisores de sistemas robóticos. Este movimiento no elimina necesariamente el trabajo humano, sino que lo transforma.
Entre oportunidad y cuestionamiento
Aunque el modelo representa una nueva fuente de ingresos, también plantea cuestiones importantes. El uso de cámaras en el entorno doméstico involucra preocupaciones sobre privacidad, seguridad de datos y límites éticos.
Además, el valor pagado por el trabajo aún es relativamente bajo en comparación con el potencial económico de los sistemas que están siendo entrenados. Estos puntos deben ganar relevancia a medida que la práctica se expande.
Lo que está sucediendo en Los Ángeles puede parecer un experimento aislado, pero representa algo mayor. Se trata de un cambio en la forma en que la inteligencia artificial aprende y evoluciona. Al transformar tareas simples en datos estructurados, la tecnología acerca a las máquinas a la capacidad humana de interactuar con el mundo físico.
El inicio de una nueva fase de la inteligencia artificial
La evolución de la IA siempre ha dependido de datos. Ahora, con la expansión al mundo físico, esta dependencia se intensifica.
El trabajo de personas comunes, realizando tareas cotidianas, está ayudando a construir la próxima generación de robots. Y esto puede redefinir no solo la tecnología, sino también el propio concepto de trabajo. Lo que hoy es un “trabajo ocasional” puede convertirse, en el futuro, en una pieza central de una nueva economía basada en la interacción entre humanos y máquinas.


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