Un Boeing 727 retirado dejó de ser chatarra, fue llevado en camiones a Manuel Antonio y hoy se convirtió en uno de los alojamientos más curiosos de Costa Rica
Un avión que podría haber terminado olvidado en un patio se convirtió en atracción turística en medio de la selva de Costa Rica. El fuselaje de un Boeing 727 de 1965 fue transformado en una suite de lujo suspendida entre los árboles, con vista al Océano Pacífico y tarifas que pueden superar los R$ 2 mil, dependiendo de la temporada y la conversión del dólar.
El alojamiento se encuentra en el Hotel Costa Verde, en Manuel Antonio, una de las regiones más conocidas del país por unir selva tropical, playas y turismo de naturaleza. Como informó O Globo el 19 de junio de 2026, el caso volvió a llamar la atención por parecer, a primera vista, un avión abandonado en medio de la selva.
Pero la historia es muy diferente. El antiguo jet fue reutilizado, instalado sobre una estructura elevada y adaptado para recibir huéspedes que quieren dormir dentro de un avión sin salir del suelo.
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El avión retirado que salió del aeropuerto y terminó en lo alto de la selva

Según información del Hotel Costa Verde, el avión usado en el proyecto es un fuselaje de Boeing 727 fabricado en 1965, que en el pasado voló para compañías como South Africa Air y Avianca, de Colombia. Después de retirado, el equipo fue rescatado de un área cercana al aeropuerto de San José.
El transporte no fue sencillo. La estructura tuvo que ser desmontada y llevada en partes por cinco camiones grandes hasta Manuel Antonio, en la costa del Pacífico.
Allí, el fuselaje fue remontado en un área rodeada de vegetación, cerca del parque nacional que hizo famosa a la región entre los turistas.
El resultado es una escena que parece salida de película, pero funciona como alojamiento real. El jet se encuentra sobre una base de aproximadamente 15 metros de altura, creando la impresión de que el avión aterrizó en la cima de la selva.
Por dentro, la chatarra se convirtió en suite con habitaciones, balcón y vista al Pacífico
La parte más curiosa es que el proyecto no solo mantuvo la apariencia externa del avión. El interior fue totalmente adaptado para convertirse en una suite con dos habitaciones con aire acondicionado, baños privados, sala, cocina compacta, TV, área de comedor y terraza con vista a la selva.

El fuselaje recibió acabado en madera, muebles esculpidos y una entrada independiente por escalera. Donde antes había asientos estrechos, pasillos angostos y compartimentos de equipaje, ahora hay camas, terraza y espacio para que los huéspedes circulen con comodidad.
La tarifa varía según la época del año. Para 2026, la página de tarifas del propio emprendimiento muestra valores en dólares que comienzan en cientos de dólares por noche y suben bastante en períodos pico. Por eso, cuando se convierte a pesos, el valor puede superar fácilmente los R$ 2 mil por noche, antes o después de impuestos, según el tipo de cambio utilizado en el momento de la reserva.
La gracia del hotel está en el choque entre lujo, selva y reutilización
El éxito del proyecto no proviene solo del confort. Lo que llama la atención es el contraste entre la idea de abandono y el nuevo uso del avión. Desde lejos, la imagen parece mostrar una aeronave perdida en la selva, pero, al acercarse, el visitante encuentra una suite montada para turismo de alto nivel.
Este tipo de hospedaje se alinea con una fuerte tendencia en el sector de viajes: experiencias que ofrecen una historia, no solo una cama. En lugar de competir con hoteles convencionales, la suite se vende como algo raro, fotogénico y difícil de replicar.
Además, el caso muestra cómo las estructuras antiguas pueden adquirir una nueva función cuando existe planificación. El avión no volvió a volar, pero se convirtió en un producto turístico que utiliza precisamente su historia como diferencial.
Manuel Antonio ayuda a explicar por qué la idea se convirtió en atracción
La ubicación pesa mucho para el éxito del alojamiento. Manuel Antonio se encuentra en la provincia de Puntarenas y es una de las áreas más visitadas de Costa Rica por reunir selva, playas, senderos y vida silvestre en una franja relativamente pequeña del litoral.
Según el Instituto Costarricense de Turismo, Costa Rica recibió 2,66 millones de turistas por vía aérea en 2024, un crecimiento del 7,7% en relación a 2023. Este dato ayuda a explicar por qué alojamientos inusuales, ligados a la naturaleza y a la experiencia visual, encuentran público en el país.
El Visit Costa Rica, portal oficial de turismo, también destaca que el país concentra una parte significativa de la biodiversidad mundial y mantiene una parte relevante del territorio bajo protección ambiental. En este escenario, hoteles que exploran el paisaje sin perder el atractivo de aventura terminan ganando fuerza entre los viajeros extranjeros.
El antiguo 727 se convirtió en vitrina de un turismo que vende memoria y curiosidad
La transformación del Boeing 727 en suite no es solo una curiosidad arquitectónica. Muestra cómo el turismo moderno ha comenzado a valorar lugares que generan memoria, fotografía y narrativa personal. El huésped no solo dice que se alojó en un hotel en Costa Rica; dice que durmió dentro de un avión en medio de la selva.
Este tipo de experiencia también depende del equilibrio. En áreas naturales sensibles, el desafío es hacer que la búsqueda de alojamientos diferentes no aumente la presión sobre el paisaje, la fauna y las comunidades locales.
Aun así, el caso del avión-hotel muestra cómo una estructura sin uso puede ganar nuevo valor cuando encuentra un destino turístico fuerte, una buena historia y un escenario capaz de transformar curiosidad en negocio.
¿Tendrías el valor de pasar una noche dentro de un avión suspendido en medio de la selva, rodeado de vegetación, animales y vista al Pacífico? Deja tu opinión en los comentarios y di si este alojamiento parece lujo, aventura o exageración turística.


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