Tecnología usa la presión del océano para almacenar electricidad excedente y puede convertirse en aliada de parques eólicos offshore
Esferas submarinas gigantes, instaladas en el fondo del mar, están siendo estudiadas como una nueva forma de almacenar energía renovable a gran escala. La propuesta utiliza la presión del agua en grandes profundidades para guardar electricidad generada por fuentes como el sol y el viento, dos pilares de la transición energética global.
La tecnología es conocida como StEnSea, sigla en inglés para Stored Energy in the Sea, o energía almacenada en el mar. De acuerdo con Fraunhofer IEE, instituto alemán que desarrolla el proyecto con socios, la idea transfiere al fondo del océano un principio ya usado hace décadas en plantas hidroeléctricas reversibles.
El punto central es simple de entender. Cuando hay exceso de energía en la red, el agua es bombeada fuera de una esfera hueca de concreto. Cuando la electricidad vuelve a ser necesaria, el agua del mar entra nuevamente en la estructura, mueve una turbina y genera energía.
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El secreto está en la presión que existe donde casi nadie puede llegar

La profundidad es una parte esencial de la tecnología. En proyectos de este tipo, las esferas pueden operar en aguas profundas, entre aproximadamente 600 y 800 metros, donde la presión del agua es lo suficientemente grande como para funcionar como una especie de reservorio natural.
Según información de Fraunhofer IEE, el mar funciona como el reservorio superior, mientras que la esfera vacía en el fondo del océano actúa como el reservorio inferior. Es una adaptación marítima del almacenamiento por bombeo, pero sin la necesidad de construir grandes lagos artificiales en tierra.
En la práctica, una esfera vacía representa el sistema cargado. Para descargar, se abre una válvula, el agua entra con fuerza, pasa por la turbina y acciona un generador. Para cargar nuevamente, se utiliza electricidad excedente para bombear el agua fuera de la esfera.
Este ciclo llama la atención porque intenta resolver un problema conocido de las fuentes renovables. La energía solar depende del sol, la eólica depende del viento y ninguna de las dos entrega producción constante durante todo el día. Por eso, almacenar energía limpia se ha convertido en una de las grandes disputas tecnológicas de la transición energética.
Después de la prueba en lago, el proyecto avanza hacia el fondo del mar en California
La tecnología no está solo en el papel. Como informó Fraunhofer IEE, un modelo más pequeño ya fue probado con éxito en el Lago de Constanza, en Europa, a 100 metros de profundidad. Ahora, investigadores y empresas asociadas trabajan para llevar la solución a un entorno oceánico real.

El siguiente paso involucra una esfera hueca de concreto con cerca de 9 metros de diámetro y un peso aproximado de 400 toneladas. La estructura será probada en una zona costera cercana a Long Beach, en California, a una profundidad estimada entre 500 y 600 metros.
La potencia prevista para este prototipo es de 0,5 megavatios, con capacidad de 0,4 megavatios-hora. Aún es una escala pequeña frente a las necesidades de un sistema eléctrico nacional, pero el objetivo de la prueba no es abastecer una ciudad entera inmediatamente. La meta es validar fabricación, instalación, operación y mantenimiento en un entorno offshore.
El plan a largo plazo apunta a esferas más grandes, de unos 30 metros de diámetro. En este caso, la tecnología podría organizarse en parques submarinos, con varias unidades conectadas a la red eléctrica costera o a parques eólicos instalados en el mar.
El avance de las renovables aumenta la carrera por el almacenamiento de larga duración
El interés por este tipo de solución crece porque la expansión de la generación renovable exige redes eléctricas más flexibles. La Agencia Internacional de Energía afirma que, a medida que solar y eólica ganan participación, los sistemas eléctricos necesitan manejar mejor las variaciones de producción y demanda.
La IEA proyecta que la capacidad global renovable debe crecer casi 4.600 gigavatios entre 2025 y 2030. Esto significa más electricidad limpia entrando en las redes, pero también más necesidad de almacenamiento, transmisión, control digital y respuesta rápida para evitar desperdicio.
Las baterías de iones de litio ya cumplen un papel importante, principalmente en respuestas rápidas y almacenamiento de corta duración. Pero no resuelven solas todos los escenarios, especialmente cuando la necesidad es guardar energía por varias horas o incluso más tiempo.
Es en este espacio donde tecnologías como hidroeléctricas reversibles, baterías de flujo, hidrógeno verde y sistemas submarinos pueden competir. Las esferas en el fondo del mar entran en esta lista como una alternativa modular, pensada especialmente para regiones con litoral profundo y generación offshore.
La promesa es grande, pero los desafíos también están en el fondo del océano
A pesar del potencial, la tecnología aún necesita superar obstáculos relevantes. Instalar estructuras gigantes a cientos de metros de profundidad exige ingeniería pesada, embarcaciones especializadas, materiales resistentes y una operación muy diferente del mantenimiento en tierra.
El concreto necesita soportar presión, corrosión, ciclos repetidos de operación y décadas de uso. Según datos divulgados por el proyecto, la vida útil estimada de las esferas puede llegar a 50 o 60 años, mientras que turbinas y generadores requerirían sustitución en períodos menores.
Otro punto sensible es el costo. Fraunhofer IEE estima que, en escenarios de parque con varias esferas, la eficiencia del ciclo completo estaría en torno del 75% al 80%. El número es competitivo para almacenamiento de gran tamaño, pero la viabilidad depende de escala, logística e integración con la red.
También hay cuestiones ambientales a evaluar. Incluso sin crear reservorios en tierra, cualquier estructura en el fondo del mar necesita pasar por estudios sobre impacto en el ecosistema, sedimentos, corrientes, ruido, rutas de fauna marina y áreas de uso pesquero o portuario.
Brasil puede observar de cerca porque tiene litoral, viento y una nueva ley offshore
Para Brasil, la tecnología aún está distante de aplicación comercial, pero el tema no es irrelevante. El país tiene una costa extensa, gran experiencia en ingeniería offshore debido al petróleo y pasó a contar, desde enero de 2025, con la Ley nº 15.097, que trata del aprovechamiento de áreas marítimas para generación de energía eléctrica offshore.
La conexión más evidente está en la energía eólica en el mar. Parques eólicos offshore pueden producir grandes volúmenes de energía, pero están alejados de los centros de consumo. Si parte de esa electricidad pudiera ser almacenada cerca de la propia generación, la operación de la red podría ganar más estabilidad.
Esto no significa que esferas submarinas serán instaladas en Brasil a corto plazo. El país aún necesita madurar proyectos eólicos offshore, reglas complementarias, licenciamiento ambiental, conexión a la red y modelos económicos. Aun así, la tecnología muestra cómo el futuro del sector eléctrico puede depender cada vez más de soluciones fuera del estándar tradicional.
Al final, las esferas submarinas no son una solución mágica. Son un intento de transformar la presión del océano en una aliada de la energía limpia. Si las pruebas confirman seguridad, costo viable y durabilidad, el fondo del mar puede dejar de ser solo un entorno remoto y convertirse en parte estratégica de la red eléctrica del futuro.
¿Qué opinas de esta idea de almacenar energía limpia en esferas gigantes en el fondo del mar? ¿La tecnología parece una solución prometedora para el futuro o aún está demasiado distante de la realidad? Deja tu opinión en los comentarios y participa en la discusión.

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