En la Bahía Shark, formaciones construidas por microorganismos ayudan a los científicos a entender la oxigenación del planeta y muestran por qué los ambientes costeros raros necesitan ser protegidos
En la costa oeste de Australia, una playa poco profunda y aparentemente común guarda una de las historias más antiguas de la Tierra. En la Bahía Shark, formaciones conocidas como estromatolitos siguen creciendo lentamente en aguas saladas y ayudan a los científicos a entender cómo los microorganismos cambiaron la atmósfera del planeta.
Estas estructuras son llamadas “rocas vivas” porque no son solo bloques minerales. Son construidas por comunidades microbianas, principalmente cianobacterias, capaces de atrapar sedimentos, formar capas y participar en procesos que recuerdan a ambientes marinos muy antiguos.
La importancia de estas formaciones está ligada al Gran Evento de Oxigenación, ocurrido hace cerca de 2,4 mil millones de años. Fue en ese período que el oxígeno comenzó a acumularse de forma más relevante en la atmósfera, abriendo camino para transformaciones profundas en la vida terrestre.
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El artículo publicado por la Revista Oeste el 17 de junio de 2026 llamó la atención sobre este escenario al destacar cómo los estromatolitos modernos de la Bahía Shark funcionan como una ventana al pasado. El punto central, sin embargo, exige cuidado: las estructuras actuales no son las mismas rocas intactas de 2,4 mil millones de años, sino análogos vivos de procesos que marcaron la Tierra primitiva.
Estromatolitos muestran cómo microorganismos pequeños cambiaron un planeta entero
Los estromatolitos se forman cuando alfombras microbianas acumulan sedimentos y favorecen la precipitación de minerales, especialmente carbonato de calcio. Con el paso del tiempo, este proceso crea capas endurecidas, muchas veces en formatos redondeados u ondulados.
En la práctica, cada estructura funciona como un registro vivo de actividad biológica y mineral. La parte externa concentra microorganismos activos, mientras que las capas internas guardan señales de procesos acumulados a lo largo de largos períodos.

El papel de las cianobacterias es decisivo porque realizan fotosíntesis oxigénica. En este proceso, estos microorganismos usan luz, agua y dióxido de carbono para producir energía, liberando oxígeno como subproducto.
Durante miles de millones de años, este oxígeno no se acumuló inmediatamente en la atmósfera. Parte de él reaccionaba con minerales, especialmente hierro disuelto en los océanos antiguos, hasta que las condiciones del planeta permitieron un cambio más amplio.
Bahía Shark se convirtió en referencia mundial por preservar formaciones raras en aguas hipersalinas
La Bahía Shark, o Shark Bay, se encuentra en el punto más occidental de Australia y es reconocida internacionalmente por sus ecosistemas costeros. Según la Unesco, la región alberga en Hamelin Pool algunos de los ejemplos más diversos y abundantes de estromatolitos vivos del planeta.
El lugar fue inscrito como Patrimonio Mundial el 13 de diciembre de 1991. De acuerdo con el Departamento de Biodiversidad, Conservación y Atracciones de Australia Occidental, el área protegida cubre cerca de 2,2 millones de hectáreas y reúne aguas marinas, islas, penínsulas, bancos de pastos marinos y hábitats de especies amenazadas.
Lo que hace a Hamelin Pool tan especial es la combinación de aguas poco profundas, alta evaporación y elevada salinidad. Esta condición limita la presencia de muchos animales que podrían raspar o consumir los tapetes microbianos, permitiendo que los estromatolitos continúen creciendo.
En mares comunes, estructuras similares se han vuelto mucho más raras a lo largo de la evolución. Con la aparición y diversificación de animales capaces de pastar sobre microorganismos, muchos tapetes microbianos comenzaron a ser destruidos antes de formar grandes estructuras.
La conexión con el oxígeno ayuda a explicar un giro en la historia de la vida
Antes de la gran oxigenación, la Tierra tenía una atmósfera muy diferente a la actual. El oxígeno libre era escaso, y gran parte de los organismos vivían en condiciones anaerobias, es decir, sin depender de este gas para sobrevivir.
Con el tiempo, la actividad de microorganismos fotosintetizantes contribuyó a alterar este escenario. Según la NASA Astrobiology, el Gran Evento de Oxigenación se estima entre 2,5 mil millones y 2,3 mil millones de años atrás, cuando el oxígeno comenzó a acumularse de forma significativa en la atmósfera.
Este cambio no fue simple ni beneficioso para todos los organismos de la época. Para formas de vida adaptadas a ambientes sin oxígeno, el nuevo gas podía representar una amenaza, mientras que para otras líneas abrió posibilidades metabólicas que más tarde serían fundamentales para organismos complejos.
Por eso, los estromatolitos son tan importantes para la ciencia. Ayudan a visualizar cómo comunidades microscópicas, sin animales, plantas o bosques, fueron capaces de interferir en la química del océano y de la atmósfera.
Las rocas vivas no son fósiles comunes y funcionan como ecosistemas en capas
A diferencia de un fósil tradicional, que preserva restos o marcas de organismos antiguos, los estromatolitos modernos son ambientes activos. Reúnen microorganismos que viven en diferentes zonas, según la presencia de luz, oxígeno, nutrientes y materia orgánica.
La capa superior suele recibir más luz y concentra organismos fotosintetizantes. Es en esta región donde la producción de oxígeno puede ocurrir con más intensidad, especialmente cuando hay cianobacterias en actividad.
En capas intermedias, otros microorganismos reciclan nutrientes y materia orgánica. Esta parte muestra cómo los estromatolitos funcionan como pequeños sistemas integrados, donde el producto de un grupo puede servir de recurso para otro.
En las capas más profundas, donde hay menos oxígeno, pueden vivir microbios adaptados a condiciones anaerobias. Esta organización ayuda a los investigadores a estudiar ambientes parecidos a los que existían cuando la vida compleja aún no dominaba el planeta.
Según información del material educativo de Shark Bay, los estromatolitos y tapetes microbianos de Hamelin Pool aparecen en aguas poco profundas y dependen de la luz, lo que limita su ocurrencia a ciertas profundidades. Esto refuerza la relación directa entre ambiente, salinidad, iluminación y supervivencia de estas formaciones.
El cambio climático y la presión costera amenazan estructuras que crecen lentamente
A pesar de su fama de resistentes, los estromatolitos dependen de un equilibrio ambiental delicado. Cambios en la temperatura del agua, en la salinidad, en la acidez de los océanos y en la circulación costera pueden afectar la estabilidad de estos sistemas.
Un estudio publicado en la revista científica Life advierte que ecosistemas microbianos como los de la Bahía Shark pueden ser vulnerables a eventos extremos, elevación del nivel del mar, acidificación y cambios en el régimen de lluvias. Estas alteraciones pueden afectar precisamente las condiciones que permiten la formación y el mantenimiento de los estromatolitos.
La acidificación de los océanos preocupa porque interfiere en minerales carbonáticos, importantes para la construcción de estas estructuras. Si la química del agua cambia de forma persistente, la capacidad de formar y preservar capas minerales puede verse perjudicada.
La elevación del nivel del mar también puede alterar la circulación en Hamelin Pool. Si la entrada de agua oceánica cambia la salinidad de la región, la protección natural contra organismos pastadores puede disminuir.
Además, el turismo desordenado, el pisoteo, las obras costeras y las alteraciones en la calidad del agua pueden causar daños locales. Como estas formaciones crecen de manera lenta, impactos aparentemente pequeños pueden tardar mucho tiempo en revertirse.
Lo que estas rocas revelan sobre el futuro de la investigación científica
El interés por los estromatolitos va más allá de la geología. También son estudiados por biólogos, astrobiólogos e investigadores que investigan cómo la vida puede surgir y adaptarse en ambientes extremos.
Como estos sistemas recuerdan procesos muy antiguos, sirven como modelos para entender la Tierra primitiva. Al mismo tiempo, ayudan a los científicos a pensar en señales de vida que podrían buscarse en otros planetas o lunas, especialmente en ambientes donde minerales y microorganismos puedan haber interactuado.
La gran lección de la Bahía Shark es que la historia de la vida no depende solo de grandes animales, bosques o fósiles visibles. Mucho antes de eso, los microorganismos ya participaban en ciclos químicos capaces de transformar océanos y atmósfera.
Por eso, las llamadas rocas vivas son más que curiosidades naturales. Muestran que la Tierra comenzó a “respirar” por procesos lentos, acumulados a lo largo de millones y miles de millones de años, hasta crear condiciones para la vida tal como la conocemos hoy.

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