El sistema de pagos del BRICS gana fuerza en medio de la búsqueda de alternativas al dólar, con inspiración en el Pix brasileño, uso de blockchain y promesa de reducir costos en transacciones internacionales entre países del bloque, aún bajo desafíos técnicos y políticos.
El BRICS Pay avanza como una de las principales iniciativas del bloque para ampliar pagos internacionales en monedas locales, reducir costos de transacción y disminuir la dependencia del dólar en operaciones comerciales entre sus integrantes.
Aún en fase de pruebas, la plataforma usa tecnología blockchain y busca conectar sistemas nacionales de pago, incluyendo el Pix brasileño, permitiendo transacciones entre monedas de los países participantes sin necesidad de pasar por el dólar o por el SWIFT.
La información fue discutida este lunes (15) en el podcast Mundioka, de Sputnik Brasil, y debe ganar espacio en la 18ª Cumbre del BRICS, prevista para septiembre, en Nueva Delhi, en India, país que ejerce la presidencia rotativa del grupo este año.
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BRICS Pay apunta a pagos en monedas locales
En la práctica, el BRICS Pay pretende funcionar como una infraestructura de pagos internacionales más directa, dirigida a empresas, consumidores e instituciones financieras que realizan operaciones comerciales y financieras dentro del bloque.
La propuesta no elimina monedas nacionales ni crea, en este momento, una moneda única, pero busca permitir liquidaciones más rápidas, con menor exposición a costos cambiarios y menos intermediaciones en transacciones entre países del BRICS.
Comparaciones con el Pix aparecen por la promesa de agilidad e integración digital, aunque el sistema brasileño opera en una única jurisdicción, bajo reglas del Banco Central, mientras que el BRICS Pay tendría que conectar estructuras financieras distintas.
Desdolarización aún depende de confianza
Para Matheus Cecílio, doctor en economía política internacional por la Universidad Federal de Río de Janeiro, el impacto inicial del proyecto tiende a ser más operacional que geopolítico, especialmente a corto plazo.
En la evaluación del especialista, la plataforma puede facilitar el comercio entre países del bloque, pero no debe ser tratada como sustituta directa del dólar en las transacciones globales en este primer momento.
“Todos los países pueden unirse. Esto puede reducir los costos de transacción, empresas y consumidores pueden transaccionar de manera más fácil, pero potencialmente mucho más rápida y sin exponerse a costos cambiarios”, afirmó Cecílio al Mundioka.
El economista también citó una estimación del Consejo Empresarial del BRICS según la cual el sistema podría representar del 15% al 20% del comercio internacional hasta 2030, si se estructura y adopta a gran escala.
Peso económico amplía relevancia del proyecto
Este debate ocurre en un momento de ampliación del peso económico del BRICS, que reúne a países con participación creciente en la economía global e interés común en reducir dependencias financieras externas.
Según datos divulgados por la presidencia brasileña del bloque con base en el FMI, los países integrantes representaron cerca del 40% de la economía global en paridad de poder de compra en 2024, con proyección del 41% en 2025.
Este peso ayuda a explicar el interés en crear alternativas de pago menos dependientes de estructuras dominadas por monedas fuertes, aunque cambios profundos en el sistema financiero internacional exijan confianza, liquidez y escala.
En la lectura de Cecílio, las economías emergentes podrían beneficiarse si redujeran la necesidad de mantener grandes reservas internacionales en moneda fuerte, pero este proceso dependería de una arquitectura más robusta que una plataforma aislada.
Diferencias internas desafían el avance del sistema
El profesor Luiz Antonio Joia, de FGV Ebape, también ve potencial en la iniciativa, aunque considera prematuro presentarla como una ruptura del orden financiero global o como sustitución rápida de los sistemas actuales.
Entre los principales obstáculos, destaca la diversidad tecnológica, regulatoria, económica y política de los países que integran el BRICS, además de los diferentes niveles de digitalización financiera y bancarización.
“Hay diferentes infraestructuras tecnológicas, diferentes modelos regulatorios, diferentes contextos socioeconómicos, y todo eso tendría que estar interconectado. Es una iniciativa interesante, pero hay mucha, mucha agua por correr aún ahí”, dijo Joia.
La comparación con el Pix, según el profesor, ayuda a explicar la ambición del proyecto, pero también evidencia límites importantes, porque una plataforma internacional exige coordinación entre gobiernos, bancos centrales, instituciones privadas e intereses estratégicos.
Pix inspira plataforma, pero no resuelve impasses
El Pix es citado como inspiración por haber mostrado que los pagos digitales instantáneos pueden ganar escala rápidamente cuando hay estandarización técnica, adhesión institucional y confianza de los usuarios.
En el caso del BRICS Pay, la dificultad es mayor, ya que la plataforma tendría que operar con diferentes monedas, reglas de compliance, modelos de supervisión financiera y niveles de acceso de la población a servicios digitales.
Cecílio recordó que China ya cuenta con un entorno financiero altamente digitalizado, mientras que otros países del bloque aún conviven con mayor desigualdad en el acceso a pagos electrónicos, lo que puede retrasar la adopción amplia.
Aun así, los analistas evalúan que el sistema puede ganar espacio en operaciones específicas, sobre todo en transacciones comerciales dentro del bloque y en pagos de menor complejidad.
BRICS Pay debe convivir con el SWIFT
En el corto plazo, la tendencia es que el BRICS Pay funcione como alternativa complementaria, y no como sustituto inmediato del SWIFT, principal red utilizada en transferencias internacionales.
Para pequeñas y medianas empresas, la plataforma podría reducir costos, simplificar pagos y facilitar negocios en monedas locales, siempre que haya suficiente adhesión de los países e interoperabilidad segura entre los sistemas.
También pesa en el debate el hecho de que los sistemas de pago no son solo herramientas técnicas, ya que las infraestructuras financieras pueden convertirse en instrumentos de influencia económica y objetivo de presión en disputas geopolíticas.
La expansión del BRICS amplió el peso político del grupo, pero también hizo más difícil la construcción de consensos en proyectos comunes, especialmente cuando involucran moneda, soberanía financiera y reglas de circulación de capitales.
Para Joia, la búsqueda de un orden internacional más multipolar tiende a fortalecer iniciativas como el BRICS Pay, siempre que el bloque logre transformar la propuesta en infraestructura estable, segura y aceptada por los países participantes.

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