El 17 de junio de 2026, China publicó un documento sobre gobernanza global en defensa de la ONU y del Sur Global. El texto critica el unilateralismo y el proteccionismo, pero no menciona a los Estados Unidos por su nombre, proponiendo reformar el sistema internacional sin destruirlo.
China lanzó este miércoles, 17 de junio de 2026, un documento que suena como un manifiesto sobre el rumbo del mundo. Titulado «Construir un Sistema de Gobernanza Global Más Justo y Razonable», el texto fue publicado por la Oficina de Información del Consejo de Estado y presenta el diagnóstico de Pekín sobre la coyuntura internacional, con críticas directas al proteccionismo y a los llamados «dobles estándares» de las potencias occidentales. Desde el inicio, el tono es dramático: según el manifiesto, la embarcación de la civilización humana ha entrado en aguas peligrosas, llenas de arrecifes y tormentas.
El documento defiende la revitalización del multilateralismo y la reforma de la Organización de las Naciones Unidas, pero evita un objetivo obvio. A pesar de las críticas a las barreras económicas y a la conducta de grandes potencias, el texto no menciona nominalmente a los Estados Unidos en ningún momento. La propuesta central es reformar el sistema internacional, no destruirlo, dando más voz al llamado Sur Global. La información fue divulgada por el g1, a partir del contenido oficial publicado por el gobierno chino.
Un diagnóstico sombrío sobre el mundo

Para China, el escenario actual es crítico y exige cambios inmediatos, con el mundo necesitando revitalizar el multilateralismo, salvaguardar las reglas internacionales y elevar la eficacia de la gobernanza. El lenguaje está cargado de imágenes fuertes, como la de la civilización navegando en medio de arrecifes y tormentas.
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Los números utilizados para sustentar este diagnóstico impresionan. El texto afirma que, en 2025, el número de conflictos armados alcanzó el récord más alto desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, con más de 50 países directamente involucrados. Ante la expansión de los gastos militares y lo que llama «resurgimiento de la escoria del militarismo», el manifiesto alerta sobre los riesgos de la proliferación nuclear y del llamado «compartición nuclear» en un momento de fragilidad de la seguridad internacional.
La defensa de la ONU como pieza central
En el corazón de las propuestas está el apoyo de China al papel central de las Naciones Unidas. El documento refuerza que el sistema internacional desempeña una función insustituible, aunque el modelo actual presente puntos de desajuste e incompatibilidad. La parálisis institucional se atribuye a la conducta de ciertas grandes potencias, acusadas de abandonar tratados, cortar fondos y obstruir decisiones en órganos como el Consejo de Seguridad y la Organización Mundial del Comercio.
Aunque con las críticas, Pekín rechaza una ruptura total con el sistema vigente. El texto defiende preservar el modelo centrado en las Naciones Unidas en lugar de comenzar desde cero con otro sistema. El argumento chino es que las injusticias actuales no se deben a la obsolescencia de la Carta de la ONU, sino a la falta de implementación eficaz, y que el derecho internacional necesita ser aplicado de forma igualitaria, y no adoptado cuando conviene y descartado cuando no conviene.
El fortalecimiento del Sur Global
Otro pilar del manifiesto es el compromiso declarado de China con los países en desarrollo. Pekín argumenta que la monopolización de los asuntos internacionales por una minoría de países se ha vuelto insostenible y que las injusticias históricas de larga data necesitan ser corregidas de forma definitiva. El Sur Global aparece, en este contexto, como una fuerza capaz de renovar la gobernanza mundial.
Este protagonismo se ilustra con ejemplos concretos. El documento destaca la expansión histórica del BRICS, el papel de la Organización para la Cooperación de Shanghái y la actuación del G20 como señales de que el eje de poder está cambiando. Para guiar esta reestructuración, el texto propone cinco conceptos centrales: igualdad soberana, respeto al Estado de Derecho internacional, práctica del multilateralismo, centralidad en las personas y enfoque en la acción, siempre con énfasis en el trato igualitario entre las naciones.
Las críticas al proteccionismo y al unilateralismo
Es en la denuncia del proteccionismo que el documento adquiere sus tonos más afilados. China dirige críticas a posturas aislacionistas y barreras comerciales, condenando la imposición arbitraria de tarifas y acusando a determinados países de generalizar el concepto de seguridad nacional para reprimir el desarrollo tecnológico de otras naciones. El unilateralismo y el hegemonismo son clasificados como fuentes de caos que atropellan las normas básicas internacionales.
El lenguaje, nuevamente, no escatima en adjetivos. El texto acusa a países aislados de usar el tamaño para intimidar a los más pequeños y la fuerza para oprimir a los débiles, practicando el principio de «mi país primero» y adoptando estándares dobles. El manifiesto señala además que intereses privados han bloqueado reformas de cuotas y derechos de voto en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco Mundial, generando retrasos perjudiciales para el conjunto de las naciones.
Las nuevas fronteras de la cooperación
Además de mirar el presente, el documento de China observa áreas que aún carecen de reglas claras. El texto introduce la urgencia de regular nuevas fronteras de la cooperación humana, citando el mar profundo, las regiones polares, el espacio sideral y el entorno cibernético. La defensa es que estos sectores sean guiados por principios de paz y soberanía.
La lógica detrás de esta propuesta es transformar potenciales campos de disputa en espacios de entendimiento. Para Pekín, estos dominios deben convertirse en campos de cooperación y no de batalla, evitando que la rivalidad entre potencias contamine territorios aún poco explorados. Es un intento de anticipar conflictos futuros antes de que se instalen en estas nuevas áreas.
Un mensaje final de destino compartido
El cierre del manifiesto retoma la metáfora náutica que abre el texto. Según el documento, los países no están navegando separadamente en más de 190 pequeños botes, sino que comparten un gran barco con un destino compartido. La imagen refuerza la tesis central de que ninguna nación puede aislarse de los problemas globales.
La conclusión es categórica en cuanto al camino a seguir. Para China, el multilateralismo no es una elección, sino el único camino viable para que las naciones enfrenten los desafíos del siglo. Es con esta afirmación que Pekín cierra un documento que mezcla diagnóstico sombrío, defensa de las instituciones existentes y críticas afiladas a las potencias que, según el texto, ponen intereses propios por encima de la cooperación internacional.
¿Y tú, estás de acuerdo con China en que el multilateralismo es el único camino posible, o crees que cada país debería priorizar sus propios intereses? Deja en los comentarios tu visión sobre este manifiesto y el futuro de la gobernanza global.

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