Estudio publicado en la revista Nature muestra que la bacteria Yersinia pestis ya circulaba entre cazadores-recolectores de Siberia hace miles de años
Un descubrimiento científico de gran impacto histórico reveló el brote de peste más antiguo conocido hasta hoy.
Investigadores identificaron vestigios de la bacteria Yersinia pestis en huesos y dientes de cazadores-recolectores que vivieron hace cerca de 5,500 años en el sureste de Siberia, cerca del Lago Baikal.
El descubrimiento fue publicado en la revista Nature y muestra que la enfermedad circulaba mucho antes de las grandes epidemias medievales, como la Peste Negra del siglo 14.
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Los datos también indican que comunidades enteras fueron afectadas por olas sucesivas de la bacteria, dejando marcas en cementerios con sepulturas familiares y gran número de niños muertos.
De acuerdo con los investigadores, el análisis ayuda a recontar el origen de la peste y muestra que la enfermedad puede haber surgido en grupos con intenso contacto con animales salvajes.
ADN antiguo revela brote devastador en Siberia
La investigación científica analizó restos humanos encontrados en cementerios del fin de la Edad de Piedra, en la región del Río Angara, al noroeste del Lago Baikal.
Según el estudio publicado en la Nature, 42 cazadores-recolectores tuvieron sus dientes y huesos analizados por un equipo internacional.
De ese total, 18 individuos presentaron ADN de Yersinia pestis, bacteria responsable de la peste.
Este número representa 39% de los esqueletos probados, un índice considerado expresivo por los investigadores.
Las evidencias indican que la enfermedad afectó a estas comunidades en al menos dos olas diferentes.
La primera habría ocurrido hace cerca de 5,500 años.
La segunda apareció entre 400 y 600 años después, reforzando la hipótesis de que la bacteria circuló por mucho tiempo en la región.
Marmotas crudas pueden explicar el origen del contagio
El posible origen del brote está ligado al contacto con animales salvajes, especialmente marmotas infectadas.
Según información citada por el The Guardian, los investigadores consideran que el consumo de marmotas crudas puede haber contribuido al surgimiento de la contaminación.
Esta hipótesis gana fuerza porque cazadores-recolectores vivían en contacto constante con diferentes especies no domesticadas.
De esta forma, la exposición a reservorios naturales de la bacteria podría ser mayor que en comunidades agrícolas antiguas.
Los científicos aún afirman que nuevos estudios serán necesarios para esclarecer todas las etapas de la transmisión.
Niños aparecen entre las principales víctimas de la peste
Uno de los puntos más destacados del descubrimiento está en la cantidad de esqueletos infantiles encontrados en los cementerios.
En el sitio de Ust-Ida, ubicado en la orilla del Río Angara, muchos cuerpos estaban en sepulturas compartidas con hermanos u otros familiares.
En dos cementerios analizados, al menos dos tercios de los muertos tenían menos de 15 años.
De acuerdo con los investigadores, los niños pueden haber sido especialmente vulnerables a la bacteria.
La Yersinia pestis encontrada en estos restos humanos portaba un superantígeno, una proteína tóxica capaz de provocar reacciones inmunológicas graves.
Con esto, el riesgo de formas más severas de la enfermedad podría ser mayor entre los más jóvenes.
La peste antigua era diferente de la Peste Negra medieval
El descubrimiento también muestra que la peste de la Edad de Piedra no era exactamente igual a la enfermedad que devastó la Europa medieval.
La Peste Negra del siglo 14 se hizo conocida por la transmisión asociada a pulgas y roedores.
Sin embargo, el ADN bacteriano encontrado en los esqueletos del Lago Baikal no presentaba genes ligados a este tipo de transmisión.
Aun así, la bacteria ya tenía potencial para causar diferentes formas de la enfermedad.
Entre ellas estaban la peste neumónica, que afecta los pulmones, la peste septicémica, ligada a la sangre, y la peste bubónica, marcada por hinchazones en los ganglios.
Por eso, los especialistas aún discuten el nivel de letalidad de esta forma inicial de la peste entre adultos.
Descubrimiento cambia la comprensión sobre el origen de la enfermedad
El equipo internacional involucró investigadores de Copenhague, Alberta, Cambridge y Londres.
Inicialmente, el objetivo no era encontrar el origen de la peste más famosa de la historia.
El análisis de los esqueletos terminó revelando un capítulo mucho más antiguo de la trayectoria de Yersinia pestis.
Según Samuel Cohn, profesor de historia medieval de la Universidad de Glasgow, el descubrimiento tiene sentido desde el punto de vista histórico.
Para él, los cazadores-recolectores tenían contacto con muchas más especies salvajes que los agricultores primitivos.
De esta manera, estos grupos podrían haber estado expuestos con más frecuencia a los reservorios naturales de la enfermedad.
¿Qué revela el descubrimiento sobre la historia humana?
El nuevo análisis muestra que la peste ya podía afectar a comunidades pequeñas y aisladas miles de años antes de las epidemias urbanas medievales.
Este dato es importante porque la Peste Negra suele asociarse a ciudades densamente pobladas, ratas y condiciones sanitarias precarias.
Los cementerios del Lago Baikal indican que la bacteria también circulaba en grupos prehistóricos dispersos.
La presencia de sepulturas familiares sugiere que la enfermedad pudo haber provocado impactos profundos en la organización de estas comunidades.
Científicos aún buscan nuevas respuestas
A pesar de los avances, los investigadores aún quieren entender mejor cómo ocurrieron estos brotes.
La transmisión exacta, el papel de las marmotas y la letalidad de la bacteria antigua continúan en investigación.
Aun así, el estudio publicado en Nature ya representa un hito para la arqueogenética.
El análisis del ADN preservado en huesos de 5.500 años muestra que la historia de la peste es más antigua, compleja y sorprendente de lo que se pensaba.
Ahora, la ciencia comienza a reescribir uno de los capítulos más importantes de la relación entre enfermedades infecciosas, animales salvajes y sociedades humanas.
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