Investigación revela cómo un isópodo de aguas profundas combina adaptaciones físicas y mecanismos genéticos para sobrevivir en ambientes con escasez extrema de alimento.
Sobrellevar semanas sin alimentarse ya sería un desafío para la mayoría de los seres vivos. Sin embargo, una especie de isópodo de aguas profundas logra llevar esta resistencia a un nivel impresionante: permanecer más de cinco años sin ingerir alimento. Ahora, científicos creen haber descubierto los mecanismos que hacen posible esta capacidad.
Los resultados fueron divulgados en un estudio publicado en la revista científica Cell y conducido por investigadores de la Universidad de la Academia China de Ciencias (UCAS). La investigación analizó especies del género Bathynomus, conocidas por su gran tamaño y por la capacidad de soportar largos períodos de escasez alimentaria en regiones profundas del océano.
Según los investigadores, la supervivencia de estos animales depende de una combinación de adaptaciones anatómicas y procesos genéticos que permiten almacenar energía y reducir drásticamente el consumo metabólico.
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Vida en un ambiente donde el alimento es escaso
Los batinómidos supergigantes viven en áreas oceánicas profundas, lugares caracterizados por la baja disponibilidad de nutrientes. Esta condición hace aún más sorprendente el hecho de que estos organismos posean cuerpos relativamente grandes, que normalmente requerirían un mayor consumo energético.
Para entender cómo logran prosperar en este escenario, los científicos estudiaron dos especies: Bathynomus doederleini, encontrada a unos 300 metros de profundidad, y Bathynomus jamesi, registrada a aproximadamente 898 metros.
La investigación reunió diferentes enfoques, incluyendo análisis genómicos, fisiológicos, conductuales, morfológicos y metagenómicos, permitiendo una visión amplia sobre el funcionamiento biológico de estos animales.

Un estómago gigante ayuda a almacenar reservas
Entre los descubrimientos más llamativos está el tamaño del sistema digestivo de estos isópodos.
Los investigadores identificaron que el estómago ocupa cerca de dos tercios del cuerpo del animal, una proporción mucho mayor que la observada en especies similares que viven en aguas más superficiales.
Cuando encuentran alimento disponible, estos organismos pueden ingerir grandes cantidades de una sola vez. El contenido almacenado pasa por una intensa digestión y adquiere una consistencia similar a la de una pasta, permaneciendo en el organismo como una importante reserva energética.
El análisis de este material reveló una baja presencia de bacterias digestivas y una mayor concentración de microorganismos del grupo Chlamydiae, asociados al almacenamiento de lípidos.
Los resultados indican que los animales aprovechan oportunidades esporádicas de alimentación para acumular energía suficiente para enfrentar largos períodos sin nuevas fuentes de nutrientes.
Metabolismo reducido complementa la estrategia de supervivencia
Almacenar alimento es solo parte de la ecuación. La otra mitad involucra la capacidad de gastar lo menos posible de esa energía acumulada.
De acuerdo con el estudio, los isópodos pueden reducir su actividad metabólica después de la alimentación, disminuyendo el consumo de recursos internos y prolongando el uso de las reservas disponibles.
Esta estrategia permite que el stock energético sea aprovechado durante períodos extremadamente largos, contribuyendo a la resistencia observada por los científicos.

Gen adquirido de bacteria llamó la atención de los investigadores
Además de las adaptaciones físicas, el equipo encontró evidencias de un mecanismo genético considerado relevante para el metabolismo energético de los animales.
El estudio identificó la presencia del gen ND1, que, según los investigadores, habría sido incorporado al genoma del isópodo a partir de una bacteria simbiótica externa mediante transferencia horizontal de genes.
A diferencia de la transmisión genética tradicional entre generaciones, este proceso ocurre entre organismos de la misma generación.
Los científicos creen que el ND1 desempeña un papel importante en cómo estos animales regulan el uso de energía en condiciones extremas.
Cómo el ND1 contribuye a ahorrar energía
La investigación mostró que la elevada expresión de este gen está asociada al control de la red metabólica de las mitocondrias, estructuras responsables de la producción de energía en las células.
Según los autores, el ND1 ayuda a ajustar el nivel de depresión metabólica del organismo, permitiendo que los batinómidos mantengan su tamaño corporal incluso viviendo en ambientes donde la alimentación es limitada.
Otro aspecto observado fue que la actuación del gen se vuelve más eficiente a bajas temperaturas, condición típica de las aguas profundas donde estas especies habitan.
Esta característica puede explicar por qué la estrategia presenta resultados tan eficaces precisamente en los ambientes oceánicos más profundos.
Experimentos ayudaron a confirmar el papel del gen
Para investigar mejor los efectos del ND1, los investigadores introdujeron el gen en peces cebra, nematodos y células humanas 293T.
Las pruebas mostraron que, en temperaturas normales, los organismos presentaron menor tolerancia a la falta de nutrientes. Ya en condiciones similares a las encontradas en las profundidades oceánicas, la capacidad de soportar la escasez alimentaria aumentó en un 37%.

Los resultados reforzaron la hipótesis de que el gen ejerce influencia directa sobre los mecanismos de conservación energética observados en los isópodos estudiados.
Descubrimiento apunta a estrategia evolutiva del isópodo de aguas profundas
De acuerdo con los autores de la investigación, el trabajo reveló por primera vez una estrategia evolutiva basada en la combinación de transferencia horizontal de genes y optimización epigenética para reorganizar el almacenamiento de energía.
Los científicos afirman que el descubrimiento ayuda a explicar cómo determinados organismos logran equilibrar crecimiento corporal y supervivencia en ambientes marcados por la falta de recursos.
Además de aclarar uno de los aspectos más intrigantes de la biología de los isópodos de aguas profundas, el estudio ofrece una nueva perspectiva sobre los mecanismos que permiten la adaptación de la vida a condiciones consideradas extremas.

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