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Familia vive desde hace más de 50 años sin energía eléctrica y agua corriente en casa en el sur de Minas, a 10 minutos de la ciudad, improvisando luz, baño y agua mientras enfrenta la falta de recursos básicos y espera la regularización de la propiedad.

Escrito por Carla Teles
Publicado el 24/05/2026 a las 20:20
Actualizado el 24/05/2026 a las 20:21
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En Itajubá, una familia vive a 10 minutos del centro sin conexión de Cemig ni suministro de Copasa, usando placa solar, batería de moto, agua de mina y fogón de leña para enfrentar noches oscuras, baño frío, alimentos sin refrigerador y espera por regularización del inmueble en el barrio Santa Helena local.

Una familia del barrio Santa Helena, en Itajubá, en el sur de Minas, vive hace más de 50 años sin energía eléctrica y sin agua corriente en una casa construida en la década de 1970. El caso salió a la luz el 14 de agosto de 2025 y muestra una rutina marcada por improvisaciones a solo 10 minutos del centro de la ciudad.

En el inmueble, viven hoy el jubilado Jorge Matias de Oliveira y su esposa, Adélia Aparecida Leite. Sin conexión formal de energía y sin suministro regular de agua, la pareja depende de soluciones improvisadas para iluminar la casa, conservar alimentos, tomar baño y realizar tareas domésticas básicas.

La casa está cerca del centro, pero nunca fue conectada a la red eléctrica

La casa donde la familia vive fue construida en los años 1970 y, según el relato presentado, nunca fue conectada a la red de Cemig. Incluso estando en un barrio de Itajubá y a pocos minutos del centro, el inmueble permaneció por décadas sin energía eléctrica convencional.

Jorge afirma que la situación ya fue llevada varias veces a Cemig y a la Alcaldía, pero no fue resuelta. Dice que escucha versiones diferentes sobre la responsabilidad por el servicio y sobre la regularidad del área, mientras la familia sigue en el mismo lugar por no tener condiciones de pagar alquiler.

La principal dificultad está en la documentación del inmueble. Según Jorge, los moradores compraron, pagaron y tienen papel, pero no poseen escritura. Para él, la ausencia de escritura no significa que la familia deba continuar sin servicio básico por tiempo indefinido.

Cemig informó que el inmueble está en situación irregular y que, para instalar energía eléctrica, es necesario proporcionar la regularización junto a los órganos públicos competentes. La Alcaldía de Itajubá fue consultada para explicar qué sería necesario para regularizar la documentación, pero no hubo respuesta en el material consultado.

Placa solar, batería de moto y LED se convirtieron en solución contra la oscuridad

Familia en Itajubá vive sin energía eléctrica y agua corriente mientras espera la regularización del inmueble en el Sur de Minas.
Imagen: EPTV Sul de Minas/Reproducción

Sin energía eléctrica, la rutina de la familia cambia completamente conforme la luz del día. Durante el período claro, el sol ilumina los cuartos. Por la noche, la solución encontrada fue un sistema improvisado montado por Logan Samuel Leite Delfino, hijo de la pareja.

Él instaló un panel solar, una batería de moto y una lámpara de LED para garantizar algo de iluminación dentro de la casa. El arreglo también permite mantener encendido un pequeño televisor, uno de los pocos recursos disponibles para traer información y compañía durante la noche.

Logan afirma que la solución ofrece al menos un poco de luz y dignidad. Según él, el uso de lámpara de aceite no es una opción segura para la familia, ya que Jorge tiene insuficiencia cardíaca y Adélia está en tratamiento oncológico.

El improviso, sin embargo, está lejos de sustituir una conexión eléctrica regular. El sistema es limitado, no permite el uso normal de electrodomésticos y depende de las condiciones de carga de la batería.

Sin nevera, alimentos necesitan ser adaptados a la rutina

La falta de energía eléctrica impide el uso de nevera. Esto afecta directamente la alimentación de la familia, que necesita evitar o limitar productos que dependen de refrigeración constante.

La carne, por ejemplo, se consume solo los fines de semana. Alimentos como leche y mantequilla, que normalmente necesitarían estar refrigerados, se guardan en una caja con agua como intento de conservación.

La ausencia de nevera transforma tareas simples en decisiones diarias. Comprar, almacenar y preparar alimentos exige mayor planificación, porque cualquier producto perecedero puede estropearse con más facilidad.

Esta realidad muestra cómo la falta de energía no se resume a la iluminación. Interfiere en la alimentación, la salud, el confort, la seguridad y la autonomía de quienes viven en la casa.

Baño en invierno depende de fogón de leña y jarra

Familia en Itajubá vive sin energía eléctrica y agua corriente mientras espera la regularización del inmueble en el Sur de Minas.
Imagen: EPTV Sul de Minas/Reproducción

Una rutina de baño también está marcada por el improviso. En invierno, el agua necesita ser calentada en la estufa de leña y llevada al baño con una jarra.

Para cualquier familia, este proceso ya sería cansado. En el caso de Jorge y Adélia, la situación pesa aún más porque involucra edad, limitaciones de salud y una rutina doméstica que exige esfuerzo repetido.

Tomar un baño, algo básico en cualquier vivienda, se ha convertido en una operación manual. Es necesario encender el fuego, calentar el agua, transportar el líquido y administrar todo sin ducha eléctrica o sistema regular de calefacción.

Este detalle ayuda a dimensionar la distancia entre la casa y condiciones mínimas de infraestructura. Aunque el inmueble está cerca del Centro de Itajubá, la rutina descrita se parece a la de áreas aisladas y sin acceso a servicios esenciales.

El agua viene de una mina cercana, no de la red de Copasa

Vídeo: Jornal da EPTV Sul de Minas

Además de la falta de energía, la casa tampoco recibe abastecimiento de agua de Copasa. Para lavar ropa y realizar tareas domésticas, la familia usa agua de una mina cercana.

Adélia afirma que la situación es complicada y recuerda que la rutina permaneció difícil incluso durante el tratamiento de salud. La dependencia de la mina hace que el abastecimiento sea más frágil, ya que exige desplazamiento, esfuerzo físico y adaptación constante.

Copasa informó que no hay solicitudes de conexión de agua y alcantarillado registradas para el inmueble. La compañía orientó que el responsable comparezca a la agencia de atención en Itajubá con documentos personales y comprobante de la regularidad del inmueble.

En la práctica, la respuesta vuelve al mismo punto: la regularización del inmueble. Mientras la documentación no avance, la familia sigue sin acceso formal a la red de agua y alcantarillado.

Logan exige medidas y habla de desidia

Para Logan, la situación de la familia representa desidia. Afirma que es fácil pedir votos, pero que las autoridades no van al lugar a ver cómo viven.

Su exigencia tiene un tono directo: pide que hagan algo por la familia. El relato muestra frustración con años de espera, intentos de solución y falta de un encaminamiento definitivo.

El caso expone una contradicción difícil de ignorar. La casa está en área urbana, cerca del Centro de Itajubá, pero la rutina de los moradores aún depende de placa solar improvisada, batería de moto, agua de mina y estufa de leña.

También muestra cómo problemas de regularización de tierras pueden bloquear el acceso a servicios esenciales. Incluso cuando hay red, empresa pública, concesionaria y municipio involucrados, la solución puede quedar parada entre exigencias documentales y responsabilidades cruzadas.

Regularización del inmueble se convirtió en el punto central del impasse

La situación de la familia depende de una respuesta institucional más clara. Cemig condiciona la conexión de energía a la regularización ante los órganos públicos. Copasa orienta comparecer con comprobante de regularidad. La Municipalidad, en el material consultado, no respondió.

Con esto, Jorge y Adélia siguen viviendo en el mismo inmueble, sin energía eléctrica convencional y sin agua corriente. El problema no es solo técnico; es documental, social y humano.

La regularización del inmueble aparece como camino necesario, pero el reportaje muestra que la familia no logró avanzar sola. Para quienes viven con pocos ingresos, sin jubilación de la esposa y sin alternativa de vivienda, este proceso puede ser difícil de enfrentar sin apoyo.

Mientras tanto, la rutina sigue sostenida por soluciones paliativas. La luz viene de un panel solar improvisado, el baño depende de la cocina a leña, el agua viene de una mina y los alimentos deben adaptarse a la ausencia de refrigerador.

Más de 50 años esperando por servicios básicos

La historia de la familia de Itajubá llama la atención porque no se desarrolla en una región distante o inaccesible. La casa está en el sur de Minas, en un barrio urbano, a unos 10 minutos del centro.

Aun así, Jorge y Adélia viven sin energía eléctrica y sin agua corriente desde hace más de cinco décadas. Es una espera demasiado larga por servicios que definen el mínimo de dignidad dentro de una casa.

El caso plantea una pregunta mayor sobre regularización, acceso a infraestructura y responsabilidad pública. Cuando un inmueble está en situación pendiente, ¿quién ayuda a la familia a salir del impasse antes de que la falta de energía y agua se convierta en una condena permanente?

Y usted, ¿cree que casos como este deben resolverse primero mediante la regularización del inmueble o mediante la atención de emergencia de servicios básicos mientras se analiza la documentación? Comente su opinión.

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Carla Teles

Produzco contenido diario sobre economía, curiosidades, el sector automotriz, tecnología, innovación, construcción y el sector de petróleo y gas, con enfoque en lo que realmente importa para el mercado brasileño. Aquí, encontrará oportunidades laborales actualizadas y los principales movimientos de la industria. ¿Tiene una sugerencia de tema o quiere promocionar su vacante? Contácteme: carlatdl016@gmail.com

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