Exámenes de ADN antiguo confirmaron que dos mujeres enterradas lado a lado hace cerca de 800 años, en Opole, no eran parientes, ampliando el debate sobre vínculos sociales, espirituales y comunitarios en la Edad Media
Dos mujeres enterradas lado a lado hace cerca de ocho siglos, cerca de las paredes de la Catedral de la Exaltación de la Santa Cruz, en Opole, en el sur de Polonia, tuvieron su historia reevaluada tras exámenes de ADN antiguo que confirmaron que ambas eran mujeres y no tenían parentesco cercano.
ADN antiguo cambió la lectura del sepultamiento medieval
Los esqueletos fueron encontrados durante excavaciones realizadas entre 2022 y 2025 en los alrededores de la catedral. La posición de los cuerpos llamó la atención de los arqueólogos desde el principio, porque una de las mujeres estaba de espaldas, conforme al patrón cristiano medieval, mientras que la otra fue colocada de lado.
La mujer depositada lateralmente tenía uno de los brazos bajo la cabeza de la compañera, creando una imagen que recuerda un abrazo. Por la yuxtaposición de los cuerpos, los investigadores concluyeron que las dos fueron colocadas simultáneamente en la misma tumba.
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La conservación incompleta de los esqueletos dificultó los primeros análisis. Cráneos fragmentados, partes ausentes de la pelvis y daños causados por el tiempo impidieron una identificación segura solo por métodos osteológicos tradicionales.
Ante estas limitaciones, los investigadores recurrieron al ADN antiguo. El material genético extraído de los huesos fue secuenciado en laboratorio y comparado con el genoma humano de referencia, en un proceso descrito por la genetista Joanna Romeyer-Dherbey a Live Science como similar a reconstruir un libro rasgado en muchos pedazos.

Mujeres enterradas en área privilegiada de la catedral
La ubicación de la tumba es uno de los puntos más relevantes del hallazgo. Las dos mujeres fueron enterradas junto a las paredes de la Catedral de la Exaltación de la Santa Cruz, en un área considerada privilegiada en el contexto medieval.
Los espacios cercanos a las iglesias solían estar reservados para personas de mayor prestigio social, como miembros de la nobleza o religiosos. Este detalle indica que el entierro no fue tratado como marginal o punitivo por la comunidad.
El análisis genético confirmó que los dos individuos eran mujeres y descartó una relación familiar cercana entre ellas. El ADN mitocondrial reveló además que pertenecían a linajes genéticos diferentes.
Una de ellas fue asociada al haplogrupo H, común en Europa. La otra pertenecía al raro U8a1a1. Los datos fueron descritos en un artículo publicado este mes en el Journal of Archaeological Science: Reports.
Estudio de los esqueletos evita interpretar el “abrazo” como prueba de romance
A pesar de la imagen sugestiva creada por la posición de los cuerpos, los autores no afirman que el entierro compruebe una relación amorosa. La investigación trata el caso con cautela, porque las prácticas funerarias medievales podían expresar diferentes tipos de vínculos.
Entre las posibilidades consideradas están la amistad profunda, convivencia doméstica, asociación religiosa o formas de “parentesco ficticio”. Este tipo de relación podía funcionar socialmente como una estructura familiar, incluso sin lazos de sangre.
La coautora Agata Cieślik afirmó a Live Science que las personas podrían estar ligadas por la religión, por residencias compartidas, por la economía o por el trabajo. Estos lazos reconocidos socialmente podrían haberse reflejado en la forma en que fueron enterradas.
Hallazgo refuerza el papel del ADN en la arqueología
El estudio también descartó la hipótesis de entierro asociado a castigos o rituales contra muertos considerados peligrosos, práctica registrada en partes de la Europa medieval. No había señales de decapitación, piedras sobre los cuerpos o aislamiento en áreas periféricas.
Para los autores, el caso de Opole muestra cómo la genética puede corregir o ampliar interpretaciones hechas solo por la posición de los esqueletos. En entierros antiguos, la postura corporal, ubicación y proximidad física no siempre revelan por sí solas sexo, parentesco o tipo de relación.
Como destacó la revista La Brújula Verde, el ADN antiguo funciona como un testigo importante cuando el contexto arqueológico no basta para responder a las preguntas dejadas por el pasado.
El vínculo exacto entre las dos mujeres quizás nunca sea conocido, pero el cuidado del entierro indica que la relación entre ellas tenía importancia para esa comunidad medieval.
Este artículo fue elaborado con base en información de Live Science, Journal of Archaeological Science: Reports y La Brújula Verde, con datos, números y declaraciones preservados conforme al material consultado.
