Descubra cómo la profesionalización del reciclaje con apoyo internacional ha generado ingresos, formalización de empleos e impacto ambiental positivo en Brasil.
Con el soporte estratégico de Plastic Bank, empresa canadiense que actúa en la lucha contra la pobreza a través del reciclaje, miles de trabajadores brasileños están convirtiendo una antigua actividad de subsistencia en negocios altamente rentables y estructurados.
Desde que el modelo de bonificación por kilo de plástico recolectado fue implementado en el país, más de 4,7 mil recolectores ya han sido beneficiados, alcanzando niveles de facturación que llegan a R$ 20 mil mensuales en operaciones profesionalizadas.
Esta nueva dinámica, que une gestión eficiente, rastreabilidad de residuos y valorización social, ha permitido que cooperativas y pequeños empresarios del sector inviertan en infraestructura, formalicen equipos y consoliden el reciclaje como un pilar esencial de la economía circular en Brasil.
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Resultados expresivos y metas de expansión
Los impactos de esta iniciativa se cuantifican en números robustos. Hasta el momento, el programa ya ha destinado R$ 3,5 millones en bonos y ha beneficiado a más de 4,7 mil recolectores. Desde el punto de vista ambiental, el alcance es aún más impresionante: se han retirado del medio ambiente 8,7 millones de kilos de plástico — el equivalente a 435 millones de botellas.
Con el éxito obtenido, la estrategia para los próximos meses prevé la ampliación de las operaciones, incluyendo la apertura de nuevos puntos de recolección en Río de Janeiro y en Manaos, con un enfoque estratégico en la protección de la región amazónica.
La eficacia del modelo está comprobada por las historias de quienes están en la punta de la operación. En Curitiba, Jaminson José Arcanjo, de 39 años, coordina la Cooperativa Eco União Recicla. Dejando atrás la metalurgia, hoy lidera un equipo de 25 personas que procesa 80 toneladas mensuales.
Gracias a la gestión enfocada, la cooperativa logró construir un comedor, ampliar el galpón e invertir en equipos como prensas y cintas transportadoras. Para Jaminson, la diferencia es clara: «Cuando el trabajo es reconocido y existe gestión, deja de ser supervivencia y pasa a ser oportunidad. La cooperativa es prueba de ello.». El ingreso promedio allí llega a R$ 2,8 mil mensuales.

Ya en Serra, en Espírito Santo, Gabriel Siqueira, de 27 años, es otro ejemplo de emprendimiento. Tras dejar el empleo en una gasolinera, Gabriel inició sus actividades solo. Hoy, su empresa procesa 100 toneladas de materiales por mes, emplea a 12 trabajadores con contrato formal y alcanza una facturación de R$ 20 mil mensuales.
Él destaca las lecciones aprendidas:
- La importancia de la formalización del equipo;
- El desafío de aprender sobre gestión de costos y liderazgo;
- La necesidad de ver el trabajo como una fuente de dignidad y ascenso financiero.
El sector de reciclaje en Brasil
Para Gabriel, los recolectores son el «corazón de la economía circular», pues son los responsables de transformar lo que muchos llaman basura en materia prima. Sin embargo, él hace una advertencia: aún faltan más políticas públicas y reconocimiento institucional para que este trabajo alcance su máximo potencial en el país.
Aun así, los resultados alcanzados demuestran que, con el apoyo necesario, el reciclaje puede ser el gran motor de un desarrollo socioambiental más justo.
El sector, que antes operaba en la invisibilidad, hoy ocupa almacenes que funcionan como pequeñas empresas, moviendo la economía y demostrando que la sostenibilidad, cuando está bien gestionada, es un negocio viable y transformador.
Fuente: Um Só Planeta
