La diseñadora Kayka Couto, a los 36 años, encontró una manera inusual de unir creatividad y sostenibilidad: transformar sobres de ketchup, empaques de fideos instantáneos, snacks e incluso teclados de computadora en bolsos y riñoneras auténticas.
Lo que comenzó como una búsqueda de alivio terapéutico durante una crisis de agotamiento profesional en 2018 evolucionó hacia la creación de Kuhra, una marca propia que hoy es referencia en upcycling y slow fashion.
En lugar de utilizar materias primas convencionales, la catarinense busca objetos que irían a la basura, dándoles una nueva vida a través de procesos manuales detallados.
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El surgimiento de Kuhra: cura a través de la costura
Antes de convertirse en una emprendedora exitosa, Kayka trabajaba en el sector financiero de una agencia de turismo, una función que describe como fuente de profundo descontento: “Estaba agotada porque odiaba hacer eso. Me sentía al borde de un burnout”. Al buscar un curso de costura como válvula de escape, descubrió una nueva vocación: “Desde la primera línea recta que cosí, sentí que quería hacer algo con eso”.

Este momento de descubrimiento no solo dio nombre a la marca, sino que también marcó el inicio de una transición de carrera completa, que incluyó el uso de su indemnización laboral para invertir en los primeros equipos del negocio.
Innovación e inspiración en el proceso de creación
El proceso de creación de la marca está marcado por la experimentación y la valorización de memorias afectivas, como la colección inspirada en el programa Castelo Rá-Tim-Bum y las piezas que recuerdan la grabadora portátil «Meu Primeiro Gradiente». Sobre los bolsos hechos con teclas de computadora, la diseñadora recuerda su adolescencia en la era de internet de acceso telefónico:
“Soy de la época de internet por dial-up. Me despertaba de madrugada para usar la computadora. Un día, mi madre me castigó y quitó el teclado de la máquina y descubrí que podía seguir usando solo el ratón. Pero realmente me gustaba ese ruidito del teclado, me sentía una hacker escribiendo.”.
Para ella, encontrar materiales en desechos electrónicos es una oportunidad constante: “En mi cabeza todo encajará perfectamente en un bolso”. La inspiración también viene de hitos de la cultura pop y del arte, como la visita a una exposición de Andy Warhol, que incentivó la creación de patrones repetitivos utilizando sobres de condimentos.
Además, la diseñadora ha estado explorando otras técnicas:
- La creación de piezas autorales utilizando la cara plateada de empaques para componer collages y letras.
- La colaboración con marcas, como la realizada con Heinz, que resultó en la primera publicidad profesional de la diseñadora en redes sociales.
- El uso de técnicas que mezclan el plástico reutilizado con tejidos estructurados para garantizar la durabilidad de los accesorios.
El desafío del mercado de moda lenta
Como el proceso de producción de los bolsos es artesanal, la marca opera bajo la lógica del slow fashion, lo que exige una gestión de tiempo rigurosa y paciencia por parte de los clientes. Actualmente, la emprendedora se encarga de casi todas las etapas de la empresa — desde la búsqueda de insumos y la costura hasta la gestión de redes sociales y el envío de las piezas.
Este modelo desafiante ya ha traído sustos, como la cancelación de pedidos por impaciencia de los compradores: “Ya he tenido cancelaciones de ventas, de personas pidiendo el dinero de vuelta, cuando ya había gastado para comprar material”.
A pesar de los obstáculos, Kayka ve un futuro prometedor para el trabajo autoral, especialmente ante la saturación causada por la inteligencia artificial. Ella cree que existe una búsqueda creciente por lo que es artesanal y real.
Para el año 2026, sus planes incluyen expandir Kuhra más allá del entorno solitario del taller, ofreciendo talleres donde pretende enseñar cómo transformar empaques y sobrantes en bolsos y riñoneras, con el objetivo de llevar el proyecto a las calles y compartir el aprendizaje con más personas.
