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Investigadora de la USP desarrolla teja que cambia de color con el calor, refleja más sol en días calurosos y puede reducir hasta un 15% el uso del aire acondicionado en Brasil.

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Escrito por Maria Heloisa Barbosa Borges Publicado el 04/07/2026 a las 22:16 Actualizado el 04/07/2026 a las 22:17
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En la USP de São Carlos, la investigadora Ana Carolina Hidalgo-Araújo desarrolló una teja termocrómica que cambia de color con el calor: en los días calurosos, refleja más sol y enfría el tejado. El material puede reducir hasta un 15% el uso del aire acondicionado y ayudar a reducir la factura de energía, sin obra.

Imagine un tejado que se aclara solo cuando el sol aprieta. Esa es la propuesta de la teja termocrómica estudiada en la Universidad de São Paulo (USP), un material que cambia de color según la temperatura y refleja más radiación solar precisamente en los días de más calor. La investigación fue divulgada por el Jornal da USP en marzo de 2026.

La responsable del estudio es la investigadora Ana Carolina Hidalgo-Araújo, del Instituto de Arquitectura y Urbanismo (IAU) de la USP, en el campus de São Carlos, interior de São Paulo. El trabajo formó parte de su doctorado y resultó en artículos en revistas científicas internacionales, dando respaldo técnico a la idea.

La propuesta es simple de entender y ambiciosa en el efecto. En lugar de gastar energía con aire acondicionado para vencer el calor, la teja termocrómica actúa de forma pasiva: cuando se calienta, refleja más sol y reduce el calentamiento interno; cuando se enfría, hace lo contrario y ayuda a retener el calor dentro de casa.

Según el Jornal da USP, el uso inteligente de estos materiales adaptativos puede reducir la demanda de aire acondicionado en hasta un 15%, dependiendo del clima y la configuración del edificio. A continuación, vea quién es la investigadora, cómo funciona la teja termocrómica y por qué puede hacer diferencia en el bolsillo y en el confort del brasileño.

Quién es la investigadora de la USP detrás de la teja termocrómica

Ana Carolina Hidalgo-Araújo – Foto: Reprodução/ResearchGate
Ana Carolina Hidalgo-Araújo – Foto: Reprodução/ResearchGate

La protagonista de esta historia es una investigadora brasileña. Ana Carolina Hidalgo-Araújo desarrolló el estudio en el Instituto de Arquitectura y Urbanismo (IAU) de la USP, en São Carlos, uno de los principales polos de investigación en arquitectura y materiales del país. El trabajo formó parte de su doctorado en la universidad.

La orientación fue de peso. Según el Jornal da USP, el estudio tuvo orientación del profesor Rafael Salomão, de la Escuela de Ingeniería de São Carlos (EESC) de la USP, uniendo arquitectura e ingeniería de materiales en un mismo proyecto. Esta combinación ayuda a explicar por qué la teja termocrómica fue pensada tanto para funcionar como para durar.

Los resultados no se quedaron solo en el cajón. La investigación dio lugar a artículos publicados en tres revistas científicas internacionales: Solar Energy, Solar Energy Materials and Solar Cells y Building and Environment. Son periódicos enfocados en energía solar y desempeño de edificaciones, lo que refuerza la solidez de lo encontrado.

Vale dejar claro el estado del proyecto. Se trata de una investigación científica, y no de un producto ya a la venta en las tiendas. Aun así, la teja termocrómica muestra un camino concreto para reducir el calor dentro de casa y el gasto con aire acondicionado, un tema cada vez más urgente en un Brasil de veranos severos.

Cómo funciona la teja termocrómica que cambia de color con el calor

Na USP, a pesquisadora criou uma telha termocrômica que muda de cor no calor, reflete mais sol e reduz até 15% o ar-condicionado, cortando energia.
En la USP, la investigadora creó una teja termocrómica que cambia de color con el calor, refleja más sol y reduce hasta un 15% el aire acondicionado, ahorrando energía.

El secreto está en una palabra: termocromismo. Los materiales termocrómicos cambian de color de acuerdo con la temperatura, y es este efecto el que la teja termocrómica aprovecha. Cuando la superficie se calienta, el material tiende a aclararse y a reflejar más luz; cuando se enfría, se oscurece y vuelve a absorber calor.

En la práctica, el tejado se adapta al clima. En un día caluroso de verano, la teja refleja más radiación solar y reduce el calentamiento interno de la casa. En días más fríos, hace lo opuesto, absorbiendo calor para ayudar a mantener el ambiente cálido. Todo esto sin presionar ningún botón.

La gran ventaja es ser un sistema pasivo. A diferencia del aire acondicionado, que consume energía eléctrica todo el tiempo, la teja termocrómica trabaja sola, reaccionando a la propia temperatura. No hay motor, no hay gasto de luz y no hay control remoto: la respuesta es automática y continua a lo largo del día.

Otro punto interesante es que el efecto es reversible y se repite todos los días. En cada ciclo de calentamiento y enfriamiento, la teja termocrómica vuelve a cambiar de color, acompañando el sube y baja de la temperatura. No es un ajuste único: es una respuesta continua al calor, mañana tras mañana, sin consumir energía.

Esto cambia la lógica del confort térmico. En lugar de gastar cada vez más energía para combatir el calor, la propuesta es hacer que la propia construcción colabore. El tejado, que suele ser la parte de la casa más castigada por el sol, deja de ser un problema y se convierte en un aliado a la hora de mantener la temperatura.

Por qué reflejar más sol en los días calurosos enfría la casa

En la USP, la investigadora creó una teja termocrómica que cambia de color en el calor, refleja más sol y reduce hasta un 15% el aire acondicionado, ahorrando energía.
En la USP, la investigadora creó una teja termocrómica que cambia de color en el calor, refleja más sol y reduce hasta un 15% el aire acondicionado, ahorrando energía.

Para entender el efecto, es necesario mirar al tejado. Es la superficie de la casa que más recibe sol a lo largo del día y, por eso, una de las principales puertas de entrada del calor. Un tejado oscuro absorbe buena parte de esa radiación y transfiere el calor al interior de las habitaciones.

Color claro refleja, color oscuro absorbe. Las superficies claras devuelven más radiación solar al ambiente, mientras que las oscuras retienen más. La teja termocrómica usa este principio de forma inteligente: se vuelve más clara cuando está caliente, aumentando la reflexión justo cuando más se necesita.

La ganancia se nota en la temperatura interna. Al reflejar más sol en los horarios pico, la teja reduce la cantidad de calor que llega al interior de la casa. Con menos calor entrando por el tejado, el ambiente se calienta menos y la necesidad de encender el aire acondicionado disminuye, junto con el consumo de energía.

Aquí es donde entra el diferencial del estudio. Según la investigadora, la principal novedad fue aplicar este comportamiento en superficies opacas, como las tejas, y no solo en vidrios y materiales translúcidos, más comunes en investigaciones anteriores. Esto amplía bastante el uso práctico de la tecnología.

Los dos tipos de material: leuco dyes y dióxido de vanadio

La investigación analizó dos grandes grupos de materiales termocrómicos. Por un lado, los orgánicos; por otro, los inorgánicos. Cada uno cambia de color de una manera y en un rango de temperatura, lo que influye directamente en dónde la teja termocrómica puede ser mejor aprovechada.

Los orgánicos usan los llamados leuco dyes. Son microcápsulas que cambian de color en un rango de temperatura entre 30 °C y 35 °C. Como estos valores están cerca de las temperaturas de un día caluroso común, estos materiales responden bien al calor del día a día brasileño.

Los inorgánicos tienen otra estrella: el dióxido de vanadio, o VO₂. Este compuesto pasa por una transición de fase alrededor de 68 °C y cambia la forma en que interactúa con la radiación infrarroja, aquella asociada al calor. Es un mecanismo más sofisticado, ligado a la física del propio material.

Cada grupo tiene pros y contras. Los leuco dyes reaccionan a temperaturas más bajas y son más útiles para el clima del país, pero son más sensibles al tiempo. Por otro lado, el dióxido de vanadio es más estable, pero actúa en un rango de calor mucho más alto. Entender esta diferencia es esencial para pensar en la teja termocrómica adecuada para cada uso.

Hasta un 15% menos de aire acondicionado: lo que dicen los números

El dato que más llama la atención es el ahorro. El uso inteligente de estos materiales adaptativos puede reducir la demanda de refrigeración mediante aire acondicionado hasta un 15%, dependiendo del clima y la configuración de los edificios. No es poco, considerando el peso del aire acondicionado en la factura de luz.

También hay un número sobre energía de forma más amplia. Los revestimientos termocrómicos, según la investigación, pueden reducir el consumo anual de energía en torno al 3% al 11%, según el clima y la aplicación. Son rangos que varían de caso a caso, pero apuntan a un ahorro real a lo largo del año.

Es importante leer estos números con cuidado. Dependen de factores como la región del país, el tipo de construcción y el uso del inmueble. El potencial de hasta un 15% de reducción en el aire acondicionado aparece bajo condiciones específicas, y no como una garantía automática para cualquier casa.

Vale recordar el peso del aire acondicionado en la factura. En días de calor intenso, el aparato suele ser el mayor responsable del aumento en la factura de luz de muchas casas. Por eso, cada punto porcentual ahorrado en el aire acondicionado representa dinero que se queda en el bolsillo y menos presión sobre la red de energía.

Aun así, el camino es prometedor. En una época de facturas de luz altas y veranos cada vez más calurosos, reducir parte del consumo de energía solo con la elección del material del techo es una ganancia relevante. La teja termocrómica entra como una pieza más en la búsqueda de eficiencia dentro de casa.

La gran novedad: usar el efecto en superficies opacas

El punto más original del estudio es dónde se aplicó el efecto. Según la investigadora, los materiales que cambian de color con la temperatura ya se estudiaban, pero principalmente en superficies translúcidas, como vidrios. Llevar este comportamiento a superficies opacas, como tejas y paredes, es el gran diferencial de la investigación de la USP.

Este cambio tiene un motivo práctico. La mayor parte de las casas brasileñas no está hecha de vidrio, sino de paredes y techos opacos. Al apuntar a estas superficies, la teja termocrómica dialoga directamente con la realidad de las construcciones del país, y no solo con edificios acristalados de excepción.

La propia investigadora refuerza este punto. «El estudio de materiales opacos puede tener un efecto más importante para la realidad brasileña», afirmó Ana Carolina Hidalgo-Araújo, según el Jornal da USP, en un texto también reproducido por el sitio Vida Mais Sustentável. La frase resume por qué el trabajo fue pensado con Brasil en mente.

Vale la pena tener cuidado para no confundirse. Ya existen pinturas que cambian de color con la temperatura en el mercado y en otras investigaciones, pero aquí el enfoque es la teja como producto y la lógica de aplicar el efecto en la superficie opaca del techo. Es esta combinación, sumada al enfoque brasileño, lo que da identidad al estudio de la USP.

¿Cuánto tiempo dura la teja termocrómica? Los desafíos hasta llegar al mercado

No todo está resuelto, y la investigación es honesta al respecto. Uno de los principales desafíos de la teja termocrómica es la durabilidad, especialmente de los materiales orgánicos. Expuestos al sol y al calor todo el tiempo, los pigmentos pueden degradarse y perder el efecto con el paso del tiempo.

Hay intentos de sortear el problema. Según el Jornal da USP, el uso de revestimientos protectores logró reducir la degradación de los pigmentos en un rango de alrededor del 30% al 50% en comparación con los materiales desprotegidos. Es un avance importante, pero aún no una solución definitiva para la vida útil de las tejas.

Por eso, la llegada a las tiendas no es para mañana. La propia investigación reconoce que la aplicación a escala comercial aún está distante. Lo que existe hoy es una base científica sólida, con números y pruebas, mostrando que el concepto funciona y merece seguir siendo desarrollado.

Este tipo de transparencia es importante. En lugar de prometer una revolución inmediata, el estudio de la USP apunta un camino realista: la teja termocrómica es prometedora y tiene potencial de ahorro de energía, pero aún necesita superar obstáculos de durabilidad y costo antes de convertirse en un artículo común de construcción.

¿Qué tiene que ver esto con Brasil?

Brasil está prácticamente hecho a medida para esta tecnología. Con clima cálido en la mayor parte del territorio y veranos cada vez más intensos, el país convive con el uso intensivo del aire acondicionado y con facturas de luz que se disparan justamente en los meses de más calor.

El techo es un villano silencioso en este escenario. En buena parte de las casas populares, la cobertura se calienta mucho y arroja calor hacia adentro, dejando los cuartos sofocantes. Una teja termocrómica que refleje más sol en los días calurosos atacaría el problema justo en su origen, antes de que el calor invada la casa.

La tecnología tampoco necesita actuar sola. La teja termocrómica puede sumarse a otras soluciones pasivas ya conocidas, como buena ventilación, cielorraso, aislamiento y aleros que hacen sombra. Combinadas, estas estrategias reducen el calor interno y la dependencia del aire acondicionado, disminuyendo aún más el gasto de energía al final del mes.

También hay un efecto en la red eléctrica. Cuando millones de aparatos de aire acondicionado se encienden al mismo tiempo en un día caluroso, el consumo de energía se dispara y presiona todo el sistema. Reducir esa demanda de forma pasiva, por el propio material del techo, ayudaría al bolsillo de las familias y al país en su conjunto.

No es casualidad que la investigadora destaque el enfoque nacional. Una solución que funcione en superficies opacas, como tejas comunes, tiene todo para dialogar con la construcción brasileña, desde el interior hasta las periferias. Si supera los desafíos de durabilidad y costo, la teja termocrómica puede convertirse en una aliada del confort sin obra ni gasto extra de energía.

¿Y tú, cambiarías tu techo por una teja que cambia de color con el calor?

La investigación de la USP muestra que se puede bajar el calor de casa sin depender solo del aire acondicionado. La teja termocrómica estudiada por Ana Carolina Hidalgo-Araújo, en São Carlos, apuesta por una idea elegante: dejar que el propio techo se ajuste al clima, reflejando más sol cuando hace calor y ahorrando energía a lo largo del año.

Aún hay camino por delante hasta que la tecnología llegue a las tiendas, con desafíos de durabilidad y costo por resolver. Pero el concepto ya fue probado, publicado en revistas internacionales y pensado para la realidad brasileña, lo que convierte a la teja termocrómica en una promesa concreta, y no solo una idea bonita en el papel.

¿Y tú, cambiarías tu techo por una teja termocrómica que cambia de color con el calor para gastar menos en aire acondicionado? ¿Crees que este tipo de solución debería recibir incentivo para llegar más rápido a las casas brasileñas? Cuéntanos aquí en los comentarios tu opinión y comparte con quien sufre con el calor dentro de casa.

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Maria Heloisa Barbosa Borges

Hablo sobre construcción, minería, minas brasileñas, petróleo y grandes proyectos ferroviarios y de ingeniería civil. Diariamente escribo sobre curiosidades del mercado brasileño.

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