La perforación del Glomar Challenger reveló sal y yeso en el fondo del Mediterráneo y expuso el debate sobre el mar que casi se secó.
Según la Knowable Magazine, en un reportaje publicado el 9 de febrero de 2026, el buque de perforación científica Glomar Challenger regresó al puerto de Lisboa, en Portugal, el 6 de octubre de 1970, cargando núcleos de sedimentos que cambiarían la interpretación moderna sobre la historia geológica del Mar Mediterráneo.
Durante una expedición de 54 días, el buque perforó 28 puntos en el fondo del mar como parte de la Leg 13 del Deep Sea Drilling Program, y los materiales extraídos indicaban una conclusión extrema: hace unos 6 millones de años, el Mediterráneo pasó por una crisis de salinidad capaz de transformarlo en una inmensa cuenca hipersalina, parcialmente desecada y cubierta por depósitos de sal.
Cómo el Glomar Challenger encontró yeso, sal y grava en el fondo del Mediterráneo
En el primer lugar de perforación, la broca del Glomar Challenger se atascó en una capa extremadamente dura a unos 200 metros bajo el fondo del mar. Al día siguiente, los dos científicos jefes de la expedición, Kenneth Hsü, del ETH Zürich, y William Ryan, del Lamont-Doherty Earth Observatory, entendieron el motivo: la broca había traído a la superficie cubos de grava.
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Este detalle llamó la atención inmediatamente porque los fondos oceánicos profundos no suelen presentar lechos de grava como aquellos, especialmente mezclados con fósiles marinos y cristales de yeso.
El yeso es clasificado por los geólogos como una evaporita, es decir, una roca asociada a la precipitación mineral en ambientes de fuerte evaporación. En el mundo actual, este tipo de formación aparece en cuerpos de agua poco profundos y altamente concentrados en sales, como el Mar Muerto.
Por eso, encontrar yeso asociado a fósiles marinos en sedimentos profundos del Mediterráneo era una señal geológica difícil de ignorar. A esa profundidad, la presencia de este material sugería que el mar había pasado por una fase de aislamiento, concentración salina extrema y una severa caída del nivel del agua.
La expedición repitió el patrón en diferentes puntos del Mediterráneo. Hsü, Ryan y el equipo encontraron evaporitas como yeso, halita, anhidrita y otras sales asociadas a la evaporación intensa del agua del mar. El propio informe del Deep Sea Drilling Project registró el descubrimiento de una formación evaporítica diseminada bajo los suelos de las cuencas profundas perforadas, un hallazgo que reforzó la dimensión regional del fenómeno y sacó la crisis de salinidad del campo de las hipótesis locales.
La lógica hidrológica que transforma el Mediterráneo en una cuenca vulnerable a la evaporación
La lógica hidrológica del Mediterráneo es simple y brutal. El mar pierde más agua por evaporación de la que recibe por lluvia y ríos. Este déficit es compensado por la entrada de agua del Océano Atlántico por el Estrecho de Gibraltar. Sin esta reposición, el nivel del agua caería rápidamente, y la salinidad aumentaría hasta alcanzar condiciones extremas para la vida marina común.
La propia Knowable Magazine explica que, en el Mediterráneo actual, la pérdida anual por evaporación es mucho mayor que el agua recuperada por precipitación y ríos, y que el Atlántico mantiene el equilibrio por medio del flujo constante a través de Gibraltar.

En los cálculos clásicos utilizados por el equipo del Deep Sea Drilling Project, el Mediterráneo, sin el Mar Negro, tiene un área aproximada de 2,5 millones de kilómetros cuadrados y un volumen de cerca de 3,7 millones de kilómetros cúbicos. El mismo informe calculaba una pérdida evaporativa neta de aproximadamente 3.310 kilómetros cúbicos por año, compensada por la entrada atlántica. Esto explica por qué el cierre o estrechamiento severo de la conexión con el Atlántico tendría consecuencias rápidas en la escala geológica.
Durante décadas, la interpretación más dramática sostuvo que, si el Estrecho de Gibraltar se cerrara, el Mediterráneo podría secarse en poco más de mil años. Sin embargo, investigaciones más recientes han ajustado esta imagen.
Un estudio publicado por el CNRS el 18 de noviembre de 2024, basado en isótopos de cloro en sales extraídas del fondo del Mediterráneo, indica que la crisis ocurrió en dos fases: una primera etapa de unos 35 mil años, concentrada en el Mediterráneo oriental, y una segunda fase de descenso rápido, inferior a 10 mil años, durante la cual el nivel bajó entre 1,7 y 2,1 kilómetros en el este y cerca de 0,85 kilómetros en el oeste, con una pérdida de hasta el 70% del volumen de agua de la cuenca.
La Crisis de Salinidad del Messiniense comenzó hace 5,96 millones de años y creó un gigante de sal bajo el mar
El evento es conocido como la Crisis de Salinidad del Messiniense. Ocurrió hace entre aproximadamente 5,97 y 5,33 millones de años, al final del Mioceno, cuando la conexión entre el Mediterráneo y el Atlántico se restringió drásticamente. La interpretación predominante asocia el fenómeno a la interacción entre la tectónica, las variaciones del nivel del mar y el clima regional seco, en un contexto en el que la colisión entre las placas africana y euroasiática modificaba los pasos marinos de la región.
El resultado fue la formación del llamado Mediterranean Salt Giant, o gigante de sal del Mediterráneo. Esta capa subterránea, descubierta en perforaciones científicas a principios de la década de 1970, es descrita por los investigadores como una formación de espesor kilométrico bajo el fondo del Mediterráneo. El proyecto científico SaltGiant afirma que el depósito puede superar los 3 kilómetros de espesor en las cuencas profundas y contiene más de 1 millón de kilómetros cúbicos de sales evaporíticas, principalmente halita y yeso.
La escala del depósito muestra que el fenómeno no fue un simple episodio local de salinización. La Knowable Magazine observa que la sal acumulada en el Mediterráneo representa cerca del 5% de la sal de los océanos del mundo, pudiendo haber correspondido originalmente a una proporción de entre el 7% y el 10% antes de procesos posteriores de disolución, deformación y soterramiento. En términos geológicos, esto significa que toda una cuenca marina funcionó como una fábrica natural de sal a escala continental.
El fondo del Mediterráneo seco podría haber quedado kilómetros por debajo del nivel del océano global
Imaginar el Mediterráneo casi seco exige abandonar la geografía actual. Lo que hoy aparece como un mar continuo entre Europa, el norte de África y Oriente Medio pudo haberse convertido, en fases extremas, en una depresión colosal, con salmueras aisladas, llanuras de sal y laderas continentales expuestas.
En algunos modelos clásicos, el fondo de las cuencas más profundas habría quedado entre 2 y 4 kilómetros por debajo del nivel global del océano, creando un paisaje sin equivalente directo en el mundo moderno.
Sin embargo, esta imagen debe tratarse con precisión. La ciencia actual todavía debate el grado exacto de desecación. Algunos modelos defienden una caída casi total del nivel del agua, mientras que otros sostienen que partes profundas de la cuenca pudieron haber permanecido cubiertas por salmueras densas e hipersalinas.
La revisión publicada por Annual Reviews en 2025 resume precisamente esta disputa: la hipótesis de una caída extrema y un rellenado catastrófico se ha vuelto muy influyente, pero estudios recientes sugieren que la conexión Atlántico-Mediterráneo pudo haber permanecido activa en ciertos momentos y que también deben considerarse procesos más graduales.
Aun así, incluso los escenarios menos extremos siguen apuntando a un entorno geológico extraordinario. Un Mediterráneo con una pérdida de hasta el 70% de su volumen, una caída de más de 1 kilómetro en parte de la cuenca y una deposición de sales a escala kilométrica ya sería suficiente para remodelar ríos, márgenes continentales, ecosistemas marinos y la circulación regional.
La cuestión central hoy no es si hubo una crisis, sino exactamente cómo ocurrió, a qué ritmo y con qué profundidad real de descenso.
La crisis no fue un único colapso simple, sino una secuencia de fases de sal, yeso y salmueras
La Crisis de Salinidad del Messiniense duró unos 630 mil años, pero no se comportó como un evento lineal. Investigaciones recientes indican una secuencia de fases, con deposición de yeso, concentración salina, precipitación de halita, posibles reconexiones parciales con el Atlántico y flujos de agua dulce o salobre procedentes de sistemas continentales. Por eso muchos geólogos tratan el evento como una crisis dinámica, y no como un simple “mar que se secó de una vez”.
La fase conocida como Lago Mare es una de las más intrigantes. Marca la etapa final de la crisis, cuando el Mediterráneo parece haber recibido agua menos salada, posiblemente vinculada al sistema del antiguo Paratetis, un inmenso conjunto de mares y lagos que ocupaba partes de Europa Oriental y Asia.
Knowable Magazine afirma que investigaciones recientes sugieren precisamente esa posibilidad: el Mediterráneo pudo haber sido recargado parcialmente con agua dulce o salobre procedente del este, mientras que las oscilaciones globales del nivel del mar también interferían en la configuración de la cuenca.
Esta alternancia ayuda a explicar por qué las capas de evaporitas aparecen asociadas a señales de diferentes ambientes. En algunos lugares, hay minerales típicos de salmueras concentradas. En otros, hay fósiles compatibles con aguas menos salinas.
La propia escala del depósito de sal exige múltiples entradas de agua o largos períodos de circulación restringida, porque una única evaporación completa del volumen actual del Mediterráneo no sería suficiente para producir toda la masa salina observada.
La Inundación Zancleense se convirtió en una de las hipótesis geológicas más famosas del planeta
El fin de la Crisis de Salinidad del Messiniense se asocia tradicionalmente a la llamada Inundación Zancleense, ocurrida hace unos 5,33 millones de años, cuando el Atlántico habría vuelto a invadir el Mediterráneo por la región del actual Estrecho de Gibraltar. En la versión clásica, el agua habría erosionado progresivamente la barrera rocosa hasta abrir un paso creciente, produciendo una inundación de escala planetaria en términos de caudal.
Esta hipótesis ganó fuerza porque ofrece una imagen poderosa: el Atlántico entrando en una cuenca hundida, acelerando la erosión, ampliando el canal y llenando el Mediterráneo en un intervalo geológicamente cortísimo.
Modelos publicados en 2009 llegaron a sugerir que gran parte del rellenado podría haber ocurrido en pocos meses o pocos años, con caudales máximos muy superiores a los de los mayores ríos modernos.
La Universidad de Southampton, al divulgar un estudio el 21 de enero de 2025, afirmó que nuevas evidencias en el sureste de Sicilia apuntaban a una megainundación asociada al fin de la crisis.
Durante décadas, esta narrativa dominó el imaginario científico y popular. Kenneth Hsü llegó a describir la escena como una gigantesca cascada en Gibraltar, y la idea fue difundida en documentales y materiales de divulgación. El problema es que, cuantos más datos geológicos se acumularon, más compleja se volvió la historia.
Nuevas investigaciones cuestionan si la megainundación de Gibraltar ocurrió como la describe la versión clásica
El reportaje de Knowable Magazine de 2026 destaca precisamente el punto más sensible del debate: la megainundación puede no haber ocurrido de la forma catastrófica, simple y cinematográfica que se popularizó a lo largo de medio siglo. El texto reúne dudas recientes sobre la magnitud de la desecación, la continuidad o no de la conexión con el Atlántico y el papel de las aguas procedentes del antiguo Paratetis en la etapa final de la crisis.
Esto no significa que el Mediterráneo no haya sufrido una inundación importante al final de la crisis. Tampoco significa que el Estrecho de Gibraltar no haya desempeñado un papel central.
El punto es más técnico: la hipótesis de una única riada final, rápida y dominante, compite con escenarios en los que el rellenado habría sido más gradual, en fases, o combinado con oscilaciones del nivel del mar y entradas de agua por diferentes rutas.
La revisión publicada por Annual Reviews en 2025 resume este impasse al afirmar que la hipótesis de la megainundación está bien establecida y a menudo se trata como un hecho, pero que varios estudios sugieren la posibilidad de una conexión Atlántico-Mediterráneo activa antes y durante la crisis, lo que abriría espacio para procesos más largos y menos catastróficos en la evolución del Estrecho de Gibraltar.
El gigante de sal también provocó una profunda crisis ecológica en el Mediterráneo antiguo
La Crisis de Salinidad del Messiniense no fue solo un fenómeno mineral. También alteró profundamente la biodiversidad marina del Mediterráneo. Un estudio internacional publicado en la revista Science, con la participación del ICM-CSIC y liderado por Konstantina Agiadi, de la Universidad de Viena, analizó fósiles datados entre 12 y 3,6 millones de años y cuantificó el impacto biológico de la crisis.
Según la divulgación del ICM-CSIC, solo el 11 % de las especies endémicas sobrevivieron, y la biodiversidad tardó al menos 1,7 millones de años en recuperarse.
Este dato refuerza la dimensión ambiental del evento. Al separar el Mediterráneo del Atlántico y transformar la cuenca en un ambiente de salinidad extrema, la crisis eliminó gran parte de la fauna marina local. Tras la reconexión con el Atlántico, entraron nuevas especies y el Mediterráneo pasó a desarrollar otro patrón de biodiversidad, con diferencias entre el oeste y el este que todavía aparecen en el mar actual.
En otras palabras, el Mediterráneo moderno no es solo el mar que volvió a ocupar una cuenca antigua. Es también el resultado de una reconstrucción ecológica posterior a una de las mayores perturbaciones ambientales de la historia reciente de la Tierra geológica.
¿Puede el Mediterráneo volver a cerrarse en el futuro geológico?
La pregunta más inquietante es si algo parecido podría volver a ocurrir. A escala humana, no hay indicios de que el Mediterráneo esté a punto de secarse. A escala geológica, sin embargo, la respuesta es diferente.
La región del Mediterráneo sigue siendo una zona tectónicamente activa, marcada por la convergencia entre África y Eurasia. En millones de años, los cambios en la configuración de las placas podrían volver a restringir o cerrar la comunicación con el Atlántico.
Esto no significa una amenaza práctica para las ciudades actuales en plazos históricos. La geología opera en escalas de tiempo mucho mayores que los gobiernos, puertos, civilizaciones e infraestructuras costeras. Aun así, el registro dejado por el Glomar Challenger muestra que mares aparentemente permanentes pueden desaparecer o cambiar radicalmente cuando la tectónica, el clima y la circulación oceánica se combinan.
Lo que el barco sacó a la superficie en octubre de 1970 no era solo grava, yeso y sal. Era la prueba física de que el Mediterráneo, hoy asociado a rutas comerciales, ciudades costeras, turismo, biodiversidad e historia humana, fue una vez una cuenca extrema, profundamente hundida, dominada por salmueras y depósitos minerales. El mar que ayudó a moldear civilizaciones también guarda, bajo el fondo oceánico, la memoria de un tiempo en el que casi dejó de ser mar.

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