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La imperiosa necesidad de aplicar un duro recorte en los gastos públicos y un aumento ‘descomunal’ de impuestos, además de comprometer drásticamente la calidad de los servicios básicos y el poder adquisitivo de la población, podría resultar en una convulsión social en el país, con la población protagonizando protestas, huelgas y disturbios frecuentes.

Escrito por Corporativo
Publicado el 22/06/2026 a las 08:22
Actualizado el 22/06/2026 a las 08:23
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Este escenario ‘tenebroso’, que forma consenso entre analistas de mercado y economistas, ya ha sido clasificado de ‘bomba fiscal’, cuya ‘detonación’ está prevista para ocurrir, justo al inicio del próximo mandato presidencial, el año que viene, cualquiera que sea el ocupante del Planalto.

Alto endeudamiento exige ajustes estructurales profundos

Como ‘telón de fondo’ de tal situación imprevisible, se constata la urgencia de ajustes estructurales profundos, frente al elevado nivel del endeudamiento público y el encorsetamiento del presupuesto de la Unión por gastos obligatorios. 

En esta tónica perversa, se calcula que la Deuda Pública Federal (DPF) cerrará diciembre de 2026 entre R$ 9,3 billones y R$ 10,3 billones (80% de un monto del PIB, estimado en R$ 13 billones), según previó el Plan Anual de Financiamiento (PAF), divulgado por el Tesoro Nacional.  

Señal amarilla para continuidad de desequilibrio fiscal

Desde el sesgo electoral, el aumento de la ventaja de Lula sobre Flávio en las encuestas de intención de voto encendió la señal amarilla del mercado, al entender que la eventual victoria del petista en las elecciones de octubre próximo indicaría la perpetuación del desequilibrio fiscal.

Mirando a medio plazo, el economista jefe de Warren Investimentos, Felipe Salto, resalta que el próximo gobernante, independientemente de la coloración partidaria, tendrá que enfrentar, ya a partir de 2027, una ‘situación fiscal muy difícil’.

Salida de la encrucijada demanda una serie de medidas

Como salida de la actual encrucijada fiscal derivada de la actual gestión derrochadora de izquierda – marcada por un déficit nominal de 9% del PIB y un déficit primario de 0,4% del PIB – Salto destaca las siguientes medidas:

  • El monto destinado al Fondo de Mantenimiento y Desarrollo de la Educación Básica (Fundeb) pasó de R$ 20 mil millones a R$ 65 mil millones;
  • Los supersalarios en el servicio público tendrían un recorte de los complementos de hasta R$ 11 mil millones;
  • Las enmiendas parlamentarias, reducidas a la mitad;
  • Gastos parafiscales;
  • Política de bono salarial;
  • La desindexación de la Previdencia y del Beneficio de Prestación Continuada (BPC) al salario mínimo;
  • Desvinculación de los pisos de Salud y Educación de los indicadores de ingresos.

Al considerar ‘vital’ la adopción de este conjunto de acciones, dentro de un compromiso serio de ajuste fiscal, por parte del próximo mandatario, el economista jefe de Warren entiende que es viable la meta de pasar, en dos años, de un déficit primario de 0,4% del PIB a un superávit de 2% del PIB, lo que “permitiría la reducción, tanto de la tasa Selic, como de la curva de los intereses”.

Superávit primario permitirá estabilización de la deuda

En caso de que el superávit mencionado sea alcanzado, Salto evalúa que es posible estabilizar la deuda en el nivel de 85% del PIB, antes de su reducción efectiva. Didáctico, el ejecutivo de Warren señala que, “por presentar una relación deuda/PIB muy por encima de los demás emergentes, Brasil sufre un premio de riesgo en el costo de la deuda pública brasileña”.

En contrapartida, mediante un resultado primario positivo, con un superávit de 0,2% del PIB el próximo año, y de 0,7% del PIB, en 2028, la deuda pública llegaría a 83,4% del PIB y 87% del PIB, respectivamente.

Riesgo de solvencia del país está alejado, por ahora

Al deshacer la expectativa de que Brasil podría ‘quebrar’, Salto sostiene que el país exhibe ‘solvencia externa’, además de confianza en la moneda y una situación fiscal mala, pero no ‘desastrosa’.

Él explica que no se trata de “un cuadro de insolvencia, sino de una situación de mucho tiempo, desde 2014, como reflejo de la política adoptada entre 2008 y 2014, de la llamada ‘contabilidad creativa’, que desmanteló el sistema de resultado primario por dentro”.

Al acentuar que el cuadro actual es diverso de hace 12 años, Salto observa que el déficit primario es conocido (entre 0,4% y 0,5% del PIB al año), y los gastos parafiscales son comparativamente inferiores. Él añade, además, que hay equilibrio en las cuentas externas, ya que, incluso con el empeoramiento del déficit corriente (2,5% del PIB), la Inversión Directa en el País (IDP) corresponde a 3,3% del PIB en el acumulado en 12 meses.

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