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La industria multimillonaria creada por la inteligencia artificial ya permite conversar por video con parientes muertos usando avatares digitales que recrean voz, rostro y memoria en una nueva frontera de la tecnología.

Escrito por Carla Teles
Publicado el 09/05/2026 a las 21:14
Actualizado el 09/05/2026 a las 21:16
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Avatares digitales de personas fallecidas avanzan con inteligencia artificial, clonación de voz, reconstrucción facial e interacciones en video, abriendo una nueva frontera entre tecnología, luto, memoria, privacidad y el mercado multimillonario del legado digital.

La inteligencia artificial entró en una nueva frontera el 9 de mayo de 2024, cuando investigadores de la Universidad de Cambridge alertaron oficialmente sobre los riesgos de los llamados deadbots o griefbots, sistemas capaces de simular personas muertas a partir de rastros digitales dejados en vida. La tecnología ya permite crear avatares digitales de parientes fallecidos, con voz, rostro, lenguaje e interacciones que transforman el luto en un nuevo mercado tecnológico.

Según el China Daily, en un reportaje publicado el 4 de abril de 2024, la startup china Super Brain, de Nanjing, ya había creado avatares digitales para apoyar el luto de más de 600 familias desde 2022, utilizando inteligencia artificial y aprendizaje automático. El detalle más sensible es que la misma herramienta capaz de consolar también plantea dudas sobre el consentimiento, la privacidad, la manipulación emocional y el uso comercial de la memoria de personas fallecidas.

Avatares digitales transforman fotos, audios y mensajes en simulaciones de personas fallecidas

La llamada industria de la vida digital después de la muerte ha crecido con el avance de los modelos de lenguaje, la clonación de voz y la generación de video por inteligencia artificial.

En la práctica, estas herramientas utilizan el rastro digital de una persona, mensajes, videos, audios, fotos y publicaciones, para crear un avatar capaz de responder, hablar y moverse de forma similar al fallecido.

El resultado puede variar desde un chatbot simple, que responde por texto, hasta una simulación audiovisual más compleja, con rostro animado, voz clonada e interacción en tiempo real.

La promesa vendida por algunas empresas es preservar recuerdos. El riesgo, señalado por los investigadores, es transformar el luto en una relación continua con una copia artificial.

Un caso creado en 2015 abrió el camino para los primeros griefbots

Uno de los episodios más conocidos en esta área surgió tras la muerte de Roman Mazurenko, amigo de la desarrolladora Eugenia Kuyda. Según un reportaje de The Verge, Kuyda recopiló mensajes antiguos de él y alimentó un sistema de inteligencia artificial para crear un chatbot que intentaba responder como Roman.

En aquel momento, la idea aún parecía experimental. Hoy, el escenario es otro. Los modelos de inteligencia artificial pueden trabajar con audio, imagen, texto y video a una escala mucho mayor.

Esto cambia completamente el alcance de la tecnología. Ya no se trata solo de leer un mensaje similar al de alguien que murió, sino de ver un rostro, escuchar una voz y participar en una conversación simulada.

Es este paso del texto al video lo que hace que el tema sea tan impactante.

En China, las empresas ya recrean a los muertos para las familias en duelo

La inteligencia artificial crea avatares digitales de personas fallecidas con voz, rostro y memoria, abriendo el debate sobre el luto y la privacidad.
Imagen: Youtube

En China, las empresas han comenzado a ofrecer servicios de recreación digital para familiares que han perdido a seres queridos. Según el China Daily, Super Brain ya atendía a cientos de familias con avatares creados por inteligencia artificial.

Estos servicios intentan recrear rasgos visuales y vocales de personas fallecidas para que los familiares puedan interactuar con una versión digital de ellas.

En algunos casos, la tecnología se presenta como una forma de consuelo. En otros, se convierte en motivo de preocupación, especialmente cuando la persona recreada no dejó consentimiento o cuando los familiares vulnerables no comprenden completamente que están interactuando con una simulación.

Este es el punto que hace que la nueva industria sea tan compleja: el mismo producto puede parecer reconfortante para una familia y profundamente invasivo para otra.

Videollamadas con muertos digitales exponen el límite entre consuelo y engaño

La parte más delicada de esta tecnología aparece cuando la simulación deja de ser solo un homenaje y pasa a asumir el formato de una conversación.

Con pocos registros de voz, fotos, videos y mensajes antiguos, los sistemas de inteligencia artificial pueden crear una presencia digital capaz de hablar, responder y reaccionar como si la persona aún estuviera allí.

Para una familia en duelo, esto puede parecer una oportunidad de escuchar nuevamente una voz querida. Pero, para los investigadores, el riesgo reside precisamente en la intensidad emocional de esta experiencia.

Cuando el usuario sabe que está ante una simulación, el recurso puede funcionar como memorial. Cuando la frontera se vuelve confusa, la herramienta puede prolongar el dolor, dificultar la despedida o crear dependencia emocional.

El mercado del legado digital ya mueve miles de millones y se espera que crezca en los próximos años

El avance de estos avatares ocurre dentro de un mercado mayor: el de legado digital, que reúne servicios para preservar, administrar o transformar datos personales después de la muerte.

Estudios de mercado estiman este sector en un nivel multimillonario. Zion Market Research calcula que el mercado global de legado digital fue valorado en aproximadamente US$ 22,46 mil millones en 2024 y puede alcanzar cerca de US$ 78,98 mil millones para 2034. Grand View Research, por su parte, estima el mercado en US$ 12,93 mil millones en 2024, con un crecimiento proyectado hasta 2030.

Las proyecciones varían porque el sector aún es amplio e incluye diferentes tipos de servicio, como testamentos digitales, gestión de cuentas, memoriales en línea, datos en la nube y soluciones con inteligencia artificial.

Aun así, el movimiento apunta en la misma dirección: la memoria digital se ha convertido en mercado.

Voz, rostro y forma de hablar se convierten en patrimonio digital disputado

La nueva frontera de la inteligencia artificial abre una pregunta que la sociedad aún no ha respondido bien: después de la muerte, ¿quién es dueño de la voz, la imagen y la forma de hablar de una persona?

¿Puede ser la familia? ¿La empresa que creó el avatar? ¿La plataforma que almacenó los datos? ¿La propia persona debería dejar esto autorizado en vida?

La cuestión es sensible porque la recreación digital no usa solo un documento o una foto. Intenta reconstruir una presencia.

Un avatar puede hablar con familiares, aparecer en videos, recomendar productos, participar en homenajes o circular en las redes sin que el fallecido haya autorizado ese uso.

Por eso, el debate no es solo tecnológico. Involucra privacidad, consentimiento, herencia digital, salud emocional y límites comerciales.

Casos sin autorización muestran el riesgo de transformar la memoria en producto

El uso no autorizado de imagen de personas fallecidas ya ha generado reacciones públicas. Reportajes internacionales citaron casos en los que versiones digitales de artistas muertos circularon sin consentimiento familiar, provocando críticas de parientes y discusiones sobre la explotación de la imagen de quien ya no puede autorizar o negar el uso.

Este tipo de episodio muestra cómo la tecnología puede salir del ambiente íntimo de la familia y convertirse en contenido público, viral y comercial.

Cuando esto sucede, el dolor deja de ser privado. La imagen del fallecido pasa a circular como producto, entretenimiento o experimento técnico.

Es en este punto donde la promesa de memoria puede transformarse en explotación.

Investigadores alertan sobre publicidad, dependencia emocional y falta de transparencia

Video de YouTube

Investigadores de la Universidad de Cambridge advirtieron que las recreaciones digitales de personas fallecidas pueden causar daños sociales y psicológicos si se diseñan sin salvaguardias. El estudio menciona riesgos como el uso comercial abusivo, la dificultad para finalizar interacciones y los impactos en personas vulnerables, incluidos los niños.

Uno de los riesgos citados en el debate es la posibilidad de que un avatar de un pariente fallecido recomiende productos, servicios o decisiones mientras el usuario cree estar en una conversación íntima y emocional.

Otro punto delicado es el modelo de suscripción. Si la persona paga mensualmente para seguir hablando con una simulación de alguien que murió, la finalización del servicio puede funcionar como una segunda pérdida.

Por ello, los especialistas defienden la transparencia, el consentimiento, los límites de uso y formas respetuosas de apagar estos sistemas.

La tecnología puede consolar, pero también prolongar el duelo

La principal división en torno a estos avatares digitales radica en el efecto emocional.

Para algunas personas, escuchar la voz de alguien que falleció puede parecer una forma de despedida, recuerdo u homenaje. Para otras, puede dificultar la aceptación de la pérdida y mantener una relación artificial que impide que el duelo siga su curso.

No existe una respuesta sencilla. El impacto depende de la persona, del momento, de la forma en que se presenta la tecnología y de los límites impuestos a su uso.

La diferencia entre un memorial digital y una simulación engañosa puede radicar en detalles como el consentimiento, la transparencia y la frecuencia de interacción.

Nueva industria obliga a la sociedad a decidir qué se puede hacer con la memoria humana

La expansión de los avatares de personas fallecidas muestra que la inteligencia artificial no solo está cambiando el trabajo, la educación o los negocios. También ha entrado en el campo de la memoria, la nostalgia y la identidad.

La pregunta ahora no es solo si la tecnología puede recrear a alguien. Ya puede simular voz, rostro y forma de hablar con un realismo creciente.

La pregunta más importante es otra: ¿hasta dónde permitirá la sociedad que las empresas transformen la presencia digital de una persona fallecida en un producto?

Mientras esa respuesta no llega, el mercado avanza. Y cada foto, video, mensaje y audio publicado en vida puede convertirse en parte de una simulación futura.

La inteligencia artificial ha abierto una puerta que la humanidad nunca había necesitado cruzar: la posibilidad de conversar con copias digitales de los muertos. Ahora, el desafío será decidir cuándo esto es un homenaje, cuándo es un consuelo y cuándo pasa a ser explotación del dolor.

¿Usarías una tecnología capaz de recrear la voz y el rostro de alguien que falleció para una última conversación, o crees que este tipo de avatar digital puede dificultar el duelo y transformar la nostalgia en un producto? Comenta tu opinión.

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Carla Teles

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