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Mientras millones sufren por la escasez hídrica, científicos de Stanford crean un hidrogel que extrae agua potable del aire con energía solar, dura más de ocho meses y abre el camino para el abastecimiento en casi cualquier lugar.

Escrito por Carla Teles
Publicado el 09/05/2026 a las 21:56
Actualizado el 09/05/2026 a las 21:58
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La nueva ruta para generar agua potable del aire combina hidrogel y energía solar, supera uno de los principales cuellos de botella de durabilidad de estos materiales y puede ampliar el suministro en regiones áridas, rurales y fuera de la red eléctrica.

El agua potable del aire dejó de ser solo una promesa de laboratorio y logró un avance importante en Stanford. Científicos vinculados a la universidad describieron, en un estudio publicado el 7 de mayo de 2026 en Nature Communications, un hidrogel capaz de capturar humedad del ambiente, liberar esa agua con el calor del sol y mantener estabilidad por más de ocho meses y más de 190 ciclos de recolección, algo que puede hacer que esta ruta sea mucho más viable fuera del papel.

Según información de la Universidad de Stanford, el detalle que hace que la noticia parezca más grande radica en el problema que frenaba esta tecnología hasta ahora. Los hidrogeles anteriores lograban captar vapor del aire, pero solían degradarse rápidamente, a menudo en unos 30 ciclos, lo que elevaba el costo y aún amenazaba la seguridad del agua producida. El equipo descubrió que el contacto con superficies metálicas estaba acelerando esta degradación y demostró que un recubrimiento anticorrosivo en el metal cambia este escenario de forma decisiva.

Stanford atacó el punto que impedía que el agua del aire saliera del laboratorio

Stanford utiliza hidrogel y energía solar para generar agua potable del aire y reaccionar a la escasez hídrica.
Los materiales conocidos como hidrogeles se degradaban muy rápidamente para ser prácticos o económicamente viables en la producción de agua potable limpia.

En los últimos años, los científicos han estado intentando transformar la humedad atmosférica en agua de consumo utilizando materiales hechos de sales y polímeros absorbentes. El problema no era solo captar agua: era hacerlo con bajo costo, poca energía y suficiente estabilidad para un uso real. El nuevo trabajo se centra precisamente en esta barrera de la durabilidad, tratada por los autores como un parámetro crítico para que la producción de agua sea confiable y económica.

Según la Stanford Doerr School of Sustainability, el hidrogel de larga duración puede producir agua con energía solar y sin depender de conexión a la red eléctrica, siempre que esté acoplado a una estructura metálica protegida contra la corrosión. Es esta combinación la que sustenta la idea de suministro en prácticamente cualquier lugar, incluso en áreas secas donde otras soluciones, como la desalinización, no son viables.

Los números muestran por qué el avance llamó tanto la atención

Stanford utiliza hidrogel y energía solar para generar agua potable del aire y reaccionar a la escasez hídrica.
Científicos miden la cantidad de agua que diferentes sales logran absorber del aire ambiente.

El material antiguo, utilizado por el equipo en pruebas anteriores, podía fallar después de unos 30 ciclos de llenado y liberación de agua. Con el nuevo enfoque, el hidrogel permaneció estable por más de 190 ciclos y también resistió por más de ocho meses en una prueba a 75 °C, diseñada para someter el material a condiciones extremas.

La escala aún es de demostración, pero los datos ya ayudan a medir el potencial. El diseño actual logra producir hasta dos litros por día con una capa fina de material extendida sobre un panel de tamaño similar al de una toalla de baño. Carlos Díaz-Marín afirmó que la meta ahora es elevar esa producción a cinco litros por día.

También hay un número que cambia la conversación económica: el investigador dijo ver un camino para producir agua por alrededor de un centavo de dólar por litro. Según Stanford, esto equivaldría a aproximadamente el 1% del costo del agua embotellada y aún abriría la posibilidad de competir, en el futuro, incluso con el agua del grifo en algunos contextos.

El giro curioso provino de un enemigo invisible dentro de la propia estructura

El punto más inesperado de la investigación es que la limitación del hidrogel no estaba solo en la sal o en el polímero, sino en el contacto del material con el metal utilizado para calentarlo. Los científicos concluyeron que este metal liberaba iones capaces de generar radicales que atacaban las largas cadenas del polímero, transformando el gel en una masa inestable y comprometiendo la potabilidad del agua producida.

En lugar de cambiar toda la lógica del sistema, el equipo atacó esta interfaz. La aplicación de un revestimiento anticorrosivo en una placa de cobre evitó la degradación mediada por metal y preservó el rendimiento cíclico del hidrogel. Esta solución es una de las razones por las que el estudio llama la atención: no se trata solo de un nuevo material, sino de un ajuste técnico que puede desbloquear el uso práctico de una tecnología ya muy prometedora.

Por qué esto importa para quienes viven bajo presión por el agua

Stanford utiliza hidrogel y energía solar para generar agua potable del aire y reaccionar a la escasez hídrica.
La sal en el hidrogel cristaliza cuando se seca.

La relevancia va mucho más allá del laboratorio. Stanford destaca que más de medio millón de familias en Estados Unidos no tienen acceso a agua corriente y que una de cada cuatro personas en el mundo no dispone de agua potable segura. En regiones áridas y remotas, la posibilidad de captar agua de la humedad del aire con un sistema autónomo y solar puede representar una fuente adicional de abastecimiento donde los camiones cisterna, el bombeo y la desalinización no son soluciones simples o baratas.

Los propios autores también asocian el tema a la presión creciente sobre los sistemas hídricos. Díaz-Marín citó sectores intensivos en agua, como la fabricación de semiconductores y los centros de datos, como ejemplos de actividades que amplían la disputa por los recursos hídricos. Esto ayuda a explicar por qué el descubrimiento interesa no solo a comunidades vulnerables, sino también a un mercado mayor de tecnologías para la seguridad hídrica.

El hidrogel entra en una carrera global por nuevas rutas de abastecimiento

La captura de agua del aire ha sido estudiada como una alternativa descentralizada para regiones secas, islas, áreas rurales y ambientes de emergencia. El diferencial de este trabajo es atacar la combinación de costo, durabilidad y bajo consumo energético, tres puntos que normalmente impiden la transición del laboratorio al uso continuo. En el resumen del artículo, los autores afirman que el avance ofrece un camino para agua de bajo costo a partir de la humedad atmosférica.

Este tipo de tecnología tiende a ganar espacio en un escenario en el que la escasez hídrica, la presión industrial y los eventos climáticos extremos aumentan la demanda de soluciones locales y resilientes. Como el sistema usa el sol para calentar el hidrogel y liberar el vapor que luego se condensa, también se encaja en el movimiento de buscar infraestructura más ligera, modular y menos dependiente de redes convencionales.

Qué falta aún para que el agua del cielo se convierta en rutina

Los científicos dejan claro que la tecnología aún no está lista para abastecer a comunidades enteras. El foco ahora es aumentar la eficiencia, elevar la producción diaria y reducir los costos hasta un nivel competitivo. Díaz-Marín afirmó que ya vislumbra una ruta de transferencia al mundo real, ya sea por startup o por licenciamiento de la tecnología.

Aun así, el caso merece atención desde ya. Cuando un material que fallaba en unas pocas decenas de ciclos pasa a resistir durante meses, operando con energía solar y apuntando a agua potable de bajo costo, el tema deja de ser solo curiosidad científica y pasa a tocar un tema central del siglo: cómo ampliar el abastecimiento en un planeta donde el agua segura sigue faltando para millones.

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Carla Teles

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